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La hora del manifiesto animalista

Varios ensayos, que se publican ahora en España, buscan politizar la causa y la lucha por los derechos de los animales, que llega hasta los parlamentos

Manifestación en Madrid, el pasado diciembre, de activistas de Igualdad Animal.
Manifestación en Madrid, el pasado diciembre, de activistas de Igualdad Animal.

“Estamos en la tercera ola de la cuestión animal: después de la ética animal de los setenta y la deconstrucción del humanismo de los noventa, toca politizar esta causa”. Corine Pelluchon, filósofa y profesora de la Universidade Paris-Est-Marne-La-Vallée, lo tiene claro. Después de los años del activismo animalista en los que también se luchó por los derechos civiles y la igualdad de sexos y que dejó libros como Liberación animal,del pionero Peter Singer (1975), ahora los derechos de los animales tienen que entrar de lleno en los parlamentos. “El imperativo legal es la forma de eliminar de inmediato ciertas prácticas como la caza con perros, el comercio de foie gras y pieles, los circos con animales, el cautiverio de los cetáceos y las corridas de toros”, alega de forma tajante.

Pelluchon (Barbezieux-Saint-Hilaire, 1967), que se crió en un entorno agrícola, ya que su padre tenía vacas lecheras, “cada una con un nombre”, y que vive desde hace siete años con un gato, ha volcado sus ideas en el Manifiesto Animalista. Politizar la causa animal (Reservoir Books), publicado con gran eco mediático y enorme éxito editorial el año pasado en Francia —solo en la filial gala de Amazon vendió 25.000 ejemplares— y que ahora llega a las librerías españolas. Es un texto corto, directo y con propuestas muy concretas. Un panfleto que rompe la brecha entre la teoría y la práctica y va encaminado hacia la acción. Y en su país han recogido el guante. A finales de 2016 se creó el Parti Animaliste y en mayo del año pasado el Ministerio de Medio Ambiente ya prohibió la cría de cetáceos en cautividad.

Corine Pelluchon, autora de 'Manifiesto animalista', en Barcelona. ampliar foto
Corine Pelluchon, autora de 'Manifiesto animalista', en Barcelona.

Esta toma de conciencia sobre el sufrimiento de los animales, que según ella, ya está bastante presente en la sociedad, tiene su reflejo no solo en este Manifiesto. De hecho, su publicación se une en estos próximos meses a otros ensayos que también verán la luz en español como Zoópolis, una revolución animalista, de Sue Donaldson y Will Kymlicka, lanzado por Errata Naturae, y Carta abierta a los animales, de Frederic Lennoir, publicado por Ariel. Libros que, a su vez, se unen a otros recientes como Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas, de Melanie Joy; En defensa de los animales, de Jorge Riechmann; Comer animales, de Jonathan Safran Foer, y El día que dejé de comer animales, de Javier Morales.

 

Otra sensibilidad

“Está surgiendo una nueva sensibilidad hacia los animales que se refleja de muchos modos: nuevas leyes que los reconocen como seres sintientes y no como cosas, crecimiento de partidos políticos animalistas, campañas con cientos de miles de participantes a favor del bienestar animal, aumento de las dietas y prácticas veganas y vegetarianas... y también libros que abordan el tema y tratan de aportar propuestas para conseguir, de manera colectiva, un espacio de convivencia más justo y equitativo entre humanos y animales”, explica Rubén Hernández, editor de Errata Naturae, uno de los sellos que más ha apostado por este tema. Miguel Aguilar, al frente de Debate, que trae de vuelta el pionero Liberación animal, de Singer, mantiene la misma opinión: “Me parece que lo que hay es un creciente peso de esas ideas en la sociedad. Vegetarianos o antitaurinos, por citar dos ejemplos obvios, han pasado de ser grupos muy minoritarios a tener mucha presencia”.

Desde las librerías también son conscientes de esta avalancha. Eva Cosculluela, librera de Portadores de sueños, en Zaragoza, señala que este tipo de libros “tiene que ver con la afluencia de ensayos muy relacionados con la naturaleza”. Prosigue: “Hay una especie de sensación de reconexión con ella, con parar un poco el ritmo y volver al origen. Es un tirón que empezó en las editoriales independientes, pero que ha llegado ahora ya a las grandes. Y muchos lectores han descubierto que es un tema que les interesa”.

 

Apoyo en el Congreso

“Lo que estamos viendo es el espejo de las disfunciones de nuestro modelo de desarrollo que se basa en la explotación sin límites. Por lo tanto, se trata de justicia, no solo de ética”, resume Pelluchon sobre este boom.

Escritores que apoyan la causa

La literatura lleva algunos años insistiendo sobre la necesidad de proteger los derechos de los animales. Uno de los más beligerantes ha sido el nobel J. M. Coetzee, que en novelas como Elizabeth Costello ha defendido, a partir de este personaje, la necesidad de acabar con algunas de las prácticas más dolorosas para los animales. Otro autor que ha mostrado su perfil animalista ha sido Jonathan Franzen, que aparte de su pasión por las aves, ha deslizado en novelas como Libertad su crítica a la sociedad tecnológica y su alejamiento de la naturaleza.

El escritor colombiano Fernando Vallejo donó el premio FIL que consiguió en 2011 y el Rómulo Gallegos que ganó en 2003 (250.000 dólares en total) a varias asociaciones protectoras de animales.

En España también los escritores alzan la voz contra el sufrimiento animal. Uno de ellos ha sido Javier Morales con El día que dejé de comer animales, en el que narra su experiencia y deja hablar a los expertos en este tema.

Precisamente, el escritor Javier Morales sostiene que, si bien todo el movimiento animalista lleva décadas con mucha fortaleza en los países anglosajones, ahora es cuando se está viendo una mayor presencia en España. “Las organizaciones en defensa de los derechos de los animales se han metido en los mataderos y nos han contado cómo mueren. Aparte de la cuestión ética, ya sabemos que la producción de carne de forma industrial es uno de los mayores responsables del cambio climático. Y mucha gente se está acercando a este tema por esta razón. Como decía John Berger, mirar es un acto voluntario, y ahora hay una nueva sensibilidad dentro de la sociedad”, estima Morales. En las últimas elecciones generales celebradas en España en junio de 2016 el partido animalista PACMA fue el más votado entre los que no obtuvieron representación parlamentaria. Consiguió 284.848 sufragios, solo 2.000 menos que el PNV, que logró cinco diputados. El Congreso de los Diputados aprobó el pasado mes de diciembre por unanimidad que los animales dejaran de ser considerados cosas y, en cambio, fueran reconocidos jurídicamente como seres vivos. Los partidos apoyaro por tanto modificar el Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil. En Europa ya han cambiado la consideración legal de los animales Alemania, Austria, Suiza, Francia y Portugal.

“La causa animal es el corazón de un nuevo humanismo”, advierte Pelluchon. Y este tipo de ensayos, dirigidos a un público generalista, son la mejor muestra de que la lucha por los derechos de los animales ha traspasado ya la linde del mero activismo.

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