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Cuando Gabo decidió volver a leerse

González, Villanueva y García de la Concha presentan la recuperación de la edición definitiva de 'Cien años de soledad'

Desde la izquierda, Darío Villanueva, Felipe González y Víctor García de la Concha, en la presentanción.
Desde la izquierda, Darío Villanueva, Felipe González y Víctor García de la Concha, en la presentanción. EL PAÍS

La edición definitiva que la Real Academia Española y Alfaguara lanzaron de Cien años de soledad en 2007 con Gabriel García Márquez como cómplice absoluto, no sólo ha sido un hito por haber vendido 1,3 millones de ejemplares en todo el mundo. O por haberse agotado y que hoy se consiga en internet a mucho más de los 13,99 euros que costará de nuevo en el mercado. Aquello fue un acontecimiento, según Víctor García de la Concha, director honorario de la RAE y Felipe González, expresidente del Gobierno español y amigo íntimo del autor, “porque logró que se volviera a leer a sí mismo”.

Ambos lo contaron este miércoles en la Embajada de Colombia en Madrid, donde en compañía del embajador Alberto Furmanski, la editora Pilar Reyes y el actual responsable de la RAE, Darío Villanueva, ha vuelto a lanzarse esta edición última. “No le gustaba hablar en público ni volver a repasar su obra”, recordaba González. Aun así, lo hizo concienzudamente después de que García de la Concha se lo pidiera para fijar el texto definitivo.

Aparecería en el marco del Congreso del Español que se celebró en Cartagena de Indias hace 11 años. Suponía todo un homenaje a quien, “entonces todavía asombrado, se definió como un artesano insomne que no salía de su sorpresa por todo lo que le había sucedido”, recuerda Reyes.

De allí parte esta versión que salió de inicio con 20.000 ejemplares y ha inundado el mercado con varias reimpresiones posteriores. Solo en Colombia se vendieron 50.000, apuntó la editora de Alfaguara. Y su puesta a punto representó todo un ejercicio de diplomacia editorial, alentado por De la Concha. “La obra estaba repartida en tantas editoriales, que fue complicado ponerlas de acuerdo para que dejaran hacerlo”.

Pero ese fenómeno dentro del acontecimiento que ya de por sí supuso la obra aparecida hace 51 años, sirvió para recordar al autor y al amigo. O para hilar esa relación cervantina adecuada a la era contemporánea que supone su obra: “En opinión de Carlos Fuentes, Cien años de soledad es el Quijote americano”, asegura Villanueva. Y entre sus muchos méritos queda haber recuperado el placer de la narración en tiempos de experimentación. “La intriga con una prosa narrativa absolutamente extraordinaria. Las mejores palabras posibles en el orden mejor y sin artificios, con naturalidad”, a juicio de Villanueva.

González recordó al cómplice de conversaciones interminables –“solo interrumpidas para ver partidos de tenis de las hermanas Williams en televisión”-, amante de la música, en perpetua curiosidad por cada lío latinoamericano, “sobre todo los que tenían que ver con Colombia, en plena época de la violencia”, y efectivamente reacio a hablar en público: “Quizás porque en privado era muy inquisitivo. Le gustaba preguntar”.

He ahí al periodista. El constante inquieto que cuando agarraba un mandatario por banda, lo exprimía. Caso de Bill Clinton, que también asistió al Congreso de Cartagena. “Recuerdo que cuando Carlos Fuentes y él fueron a conocerlo, el Gabo se mostraba muy receloso. Antigringo, a priori. A la media hora, no querían separarse de él. Es un tipo muy culto. Capaz de recitar de memoria el Quijote y Cien años de soledad. Los desarmó”, comentó González.