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El futuro del Gran Taller

El club fundado en París por escritores y matemáticos para inventar estructuras literarias sigue activo

Fundado en París en 1960 por escritores y matemáticos, OuLiPo, esa especie de club o de Gran Taller dedicado a inventar nuevas estructuras literarias susceptibles de estimular la inspiración y la creatividad, se ha proyectado siempre hacia el futuro, y hoy en día sigue en pie, muy activo; a ello contribuyen, entre otros, el catalán Pablo Martín Sánchez y el argentino Eduardo Berti.

En la categoría de Innovaciones se hallan los trabajos más sugestivos del grupo, como, por ejemplo, el “método Bola de Nieve”, consistente en escribir un texto utilizando palabras cada vez más largas. O el “método Palíndromo”, cuyo récord parece tenerlo Georges Perec, que escribió uno que tiene cinco mil palabras. O el “método Inventario”, elaborado de acuerdo con reglas compulsivas que exigen en el autor un ingenio especifico. Ahí encajaría seguramente Inventario de inventos (inventados), de Eduardo Berti —lo ha publicado Impedimenta en España y, en Francia, lo acaba justo ahora de editar La contre allée—, un libro que estimula la creatividad de sus lectores. Y también sus risas. Es un libro feliz, vivamente oulipiano: selecciona inventos que están en la literatura y parece querer recordarnos que, como escribiera Arthur Koestler en la Enciclopedia Británica, la risa es un reflejo, pero un reflejo singular, único, ya que no tiene un propósito biológico aparente: se trata de un reflejo de lujo.

Parece escrito Inventario de inventos (inventados) para ese reflejo y también para recordarnos que a veces la realidad no supera a la ficción. Hay bastantes máquinas entre los inventos antologados por Berti: la pócima de la invisibilidad, el duplicador de objetos, la máquina de rezar, los guantes con huellas digitales, la máquina de no hacer nada, el agua en polvo, el buscador automático de libros, el tumultoscopio, el espejo con memoria, la cafetera para masoquistas, la máquina de detener el tiempo.

Esta última parece formar parte del propio mecanismo central del libro de Berti, porque a muchos lectores parece parárseles el tiempo, aunque a otros, por el contrario, se les dispara, como es el caso de un lector anónimo que, según me escribió, trabaja ahora en un “Alarmante Inventario de oficios del futuro”, todos robóticos, como el “descifrador de bolsillos”, un descendiente indirecto de James Boswell, el autor de Vida de Samuel Johnson, que se pasó todo su libro queriendo averiguar porqué su biografiado guardaba tantas mondas de naranjas en los bolsillos.

Para este lector anónimo es inmenso el futuro que espera a los descifradores, que serán dioses y robots, pero nunca humanos: acapararán los sitios de trabajo, y estarán por todas partes con su ojo perfecto, y codificarán los bolsillos de los demás, incluidos los agujereados. La alarma está justificada, y uno piensa en aquella “advertencia de lo por venir” que encontramos en el noveno capítulo del Quijote. Y es que en realidad los descifradores ya están aquí entre nosotros, como el futuro. No tardarán los robots en acudir a las reuniones del Gran Taller de OuLiPo. Nos esperan palíndromos infinitos.

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