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Códice Voynich: el clon del enigma

El sello español Siloé presenta la edición facsimilar del misterioso libro del siglo XV, del que no se conocen ni su origen ni su alfabeto

Codice Voynich
Codice Voynich EL PAÍS

El clon del libro más misterioso del mundo ya está sobre la mesa, con su piel de pergamino y sus enigmas irresueltos. Han sido dos años de intenso trabajo –más otros diez de intensas gestiones- con la participación de una veintena de gremios: desde encuadernadores hasta ilustradores y desde expertos en envejecimiento de papel hasta constructores de agujeros de polilla pasando por ilustradores, diseñadores, fotógrafos, impresores, notarios… y editores.

Todo ello para reconstruir, casi como si de una fotocopia medieval se tratara, el Voynich: un códice escrito e ilustrado hace 600 años del que no se sabe casi nada. No se sabe en qué lengua fue elaborado. No se sabe qué subyace en sus textos: ¿tratado esotérico?, ¿cuaderno de botánica?, ¿libro de remedios medicinales?, ¿enciclopedia de astronomía?, ¿código élfico?...

Pero el misterio ya tiene su clon, presentado el viernes por la noche en el Casino de Burgos en medio de una gran expectación y ante más de 300 personas por Juan José García y Pablo Molinero, fundadores y propietarios de la editorial Siloé Arte y Bibliofilia. Fueron ellos los seleccionados en su día por los responsables de la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale en EE UU –el lugar donde dormita el original del códice- para revivir el misterio en forma de una edición facsimilar de 898 ejemplares.

Carne de coleccionistas y bibliófilos impenitentes, la mitad de los ejemplares, cada uno a un precio que supera los 8.000 euros, están ya vendidos o reservados. “Este proceso ha supuesto para nuestra firma el máximo reto al que una empresa especializada en ediciones facsimilares y réplicas de libros antiguos puede aspirar”, aseguran Juan José García y Pablo Molinero, que no dudan en calificar el Códice Voynich como “una obra maestra en su forma y en su fondo, un libro de permanente misterio, todo un desafío para el intelecto humano”.

A la presentación del viernes en Burgos asistieron los dos mayores especialistas mundiales en el Códice Voynich: Stephen Bax y René Zandbergen. El primero, catedrático de Lenguas Modernas y Lingüística Aplicada de la Open University de Reino Unido, fue hace tres años la primera persona en descifrar algunos vocablos del códice… poco más de una docena. Entre ellos algunos como “Enebro”, “coriandro”, “tauro” y “azulejo”.

Su opinión acerca de esta primera edición del Voynich no puede ser más entusiasta: “Estamos ante una réplica realmente increíble en su ejecución y en sus detalles. Hasta los agujeros ocasionados por la polilla son increíbles. Será, sin duda, un instrumento utilísimo para todo aquel investigador que quiera penetrar en el enigma del Voynich”.

Stephen Bax sigue trabajando lenta, pacientemente, intentando dar con evidencias o corregir algunas de las hipótesis hasta hoy establecidas. “En cualquier caso, presiento que pasarán años antes de que sepamos más sobre el Voynich”, comenta el profesor británico a este diario. “Para mí la hipótesis más plausible”, añade, “es que el códice fuera escrito en un lenguaje de signos inventado por una comunidad concreta, posiblemente un grupo de personas que hasta ese momento no contaban con un lenguaje escrito para comunicarse y que quisieron registrar conocimientos sobre botánica, medicina y astronomía. Puede que la escritura del códice encaje con la que inventaron los Rongo Rongo en la Isla de Pascua. El problema es que por ahora no podemos descifrarla: quienes la inventaron murieron hace mucho tiempo”. Otras hipótesis hablan de un alfabeto de origen tamil, de otro procedente de Oriente próximo e incluso de la antigua Mesopotamia.

René Zandbergen, ingeniero aeronáutico en la Agencia Espacial Europea, se muestra moderadamente optimista ante una eventual resolución del misterio Voynich, cuya datación según el examen del carbono 14 establecida en 2011 se sitúa entre 1404 y 1438. “Creo que un día podremos explicar la composición del texto. Esa explicación no tiene que ser necesariamente una traducción, porque es posible que en realidad el texto no tenga sentido”. Zandbergen tilda de “acontecimiento extraordinario” la edición de esta “copia casi exacta del Voynich”: “De esta forma, los responsables de la Beinecke Library podrán salvaguardar el manuscrito original al mismo tiempo que muchos expertos podrán tener acceso a él y por lo tanto habrá más posibilidades de resolver el enigma”, sostiene.