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Vetusta Morla reinventa su carrusel imparable

La banda más exitosa del ‘indie’ español publica ‘Mismo sitio, distinto lugar’, su disco más sombrío y ambicioso

Nuevo disco de Vetusta Morla
El grupo Vetusta Morla en el parque del Retiro, en Madrid. EL PAÍS

A los ojos de un niño y del recuerdo que queda en ese niño, el tiempo que transcurre en un carrusel es fantástico. Un viaje circular donde todo se detiene pero también todo pasa. Casualidades de la vida, ese otro tiovivo, el nuevo disco de Vetusta Morla, Mismo sitio, distinto lugar, empieza y acaba con el mismo acorde, dando un aire de circularidad a todo un espectro de reflexiones existenciales que vuelan del pasado al presente, y viceversa. “No fue premeditado”, confiesa Juanma Latorre, compositor y guitarrista de la banda. Un simple acorde, como un simple botón encendiendo y apagando el carrusel, como si fuera un truco de magia. Sucede igual con el otoño tardío, que por primera vez hace su aparición en el primer jueves de noviembre.

Las hojas se amontonan entre los callejones secundarios del Retiro, por donde pasean turistas, buscan refugio algunas jóvenes parejas que se saltaron las clases y, en un rincón del parque centenario, se hallan los integrantes de Vetusta Morla. A espaldas del Palacio de Cristal, en un camino bordeado de setos y árboles y coloreado por el contraste de amarillos y marrones, Juanma Latorre, Guillermo Galván, Pucho Martín, Jorge González, David El Indio García y Álvaro B. Baglietto charlan, aunque apenas tienen tiempo para detenerse en este mediodía. A poco más de una semana para la publicación de su nuevo álbum todo se acelera: los ensayos, la promoción, la firma de discos, los últimos detalles… y los nervios. Tal y como reconocen, Mismo sitio, distinto lugar, que se publica este viernes, se antoja como su trabajo más sombrío y ambicioso. “Queríamos entrar con el machete en el campo y ver qué nos encontramos”, explica Galván.

El sonido de carrusel de Deséame suerte abre el disco. Un sonido similar, pero más tímido, es el que lo cierra en la canción que da título al álbum. “Las canciones son sitios iguales para todos, pero, a través de cómo las escuchamos con nuestras experiencias y emociones, podemos hacer que esos mismos sitios tengan interpretaciones”, cuenta Galván. Mismo sitio, distinto lugar es un viaje en el tiempo que interpreta por encima de todo a un grupo de amigos: Vetusta Morla. Es el trabajo que más habla de ellos. “Al disco le atraviesa de arriba abajo una necesidad de reconstrucción. El grupo necesitaba buscar todos los elementos que le unían”, prosigue Galván.

Tras el gran éxito de su anterior obra, La Deriva, publicada en 2014 y que les consolidó desde la trinchera de la independencia como un grupo de masas, Vetusta Morla decidió tomarse un año sabático. Hubo una necesidad de “replegarse” y “repensarse”, pero terminó durando “no más de 10 minutos”, señala Latorre. “Somos un matrimonio de seis”, confiesa con guasa el propio Latorre. “Tenemos la necesidad de hacer cosas”, apunta El Indio. “Una de las cosas que hicimos antes de enchufar ningún ampli, fue hablar mucho y escuchar cómo se sentía el de al lado”, dice Galván. “El modo en cómo nos comunicamos con el público se ha transformado totalmente a cuando tocábamos en una sala”, añade Latorre. Hubo también algo de truco de magia en su éxito. En mayo de 2005, tras casi una década de carrera, estaban tocando para cinco personas en la sala Clavicémbalo de Lugo. En 2008, publicaron su primer disco de larga duración, Un día en el mundo, y el carrusel vetusto se aceleró hasta ser hoy en día el mayor referente del indie español, ese cajón variopinto y repleto de propuestas dispares que protagoniza la música española en festivales y salas de conciertos de toda la geografía.

Dice la banda que este disco les ha “salvado emocionalmente”. Latorre habla de la necesidad de encontrar “la motivación”. Galván se refiere al “germen” del grupo. Con un imaginario compartido entre todos, Mismo sitio, distinto lugar bucea en referencias melómanas y en recuerdos adolescentes que se cruzan con carruseles que se apagan tras el carnaval o equipajes que se deben quemar, como en 23 de junio. “No es lo mismo el patio del colegio cuando eres niño que cuando eres ya adulto. El patio es el mismo lugar, pero es distinto para ti”, afirma Galván, compositor de todas las canciones junto a Latorre de esta banda que se formó en 1998 en el instituto José Luis Sampedro, de la localidad madrileña de Tres Cantos, y que parece tener su propio reflejo expiatorio en la canción La vieja escuela. Según Galván, la parte troncal del álbum es el pasado del grupo. “El fuego de nuestra casa”, sentencia.

El fuego se ve ahora distinto, más maduro, incluso “satírico” y “ácido”, en palabras de Galván. “Es necesario cambiar para seguir siendo Vetusta. Si no te conviertes en una postal, en una figurita dentro de una bolita de nieve”, apunta Latorre. Y los cambios han llegado al universo de la banda, que este año anunciaron que fichaban por una gran discográfica como Sony para la distribución de su obra, en un movimiento pensado en alcanzar mayor audiencia en Latinoamérica. Mismo sitio, distinto lugar ha contado por primera vez con la producción de Campi Campón, nombre asociado a músicos como Jorge Drexler, Natalia Lafourcade o Marlango, y las mezclas de Dave Fridmann, exintegrante de Mercury Rev y colaborador habitual de Mogwai. Su visión ha sido clave, como la de pasar por los estudios Hansa de Berlín, donde se dejaron cautivar por el entorno legendario llegando a modificar las canciones con una celesta de 90 años o una caja de ritmos usada por Depeche Mode y David Bowie.

“Queríamos sonar a una banda que no pensase en el directo”, dice Galván. En palabras de Pucho, fueron a Berlín con Fridmann a “abrazar la incertidumbre”. Pensaban mucho en el Revolver de los Beatles. En trabajos anteriores, habían hecho sesiones de escuchar discos juntos y buscar referencias sonoras, pero en esta nueva obra la premisa era “la intuición”. Con ecos sonoros de Radiohead o The National, Mismo sitio, distinto lugar termina por ser el álbum más conceptual y onírico de la banda. “La Deriva nacía como un disco de estar con todas las antenas puestas. Nacía de fuera adentro. Y este es al revés. Es un espacio claustrofóbico que busca salir”, explica Galván. “Asumiremos las críticas, pero una crítica que no asumiremos es que hemos vuelto a hacer lo mismo”, asegura Latorre.

En este otoño, el carrusel de Vetusta Morla se vuelve a poner en marcha. Después de dos décadas de carrera, y una desde que empezasen a abrazar el éxito, su sonido se reinventa con la promesa de que todo siga formando parte de un universo extraordinario, el mismo que habitó sus sueños y ahora también sus recuerdos.

 

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