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El disco de la semana

Beck: Un lenguaje sonoro diferente

El último disco del músico estadounidense recibe una calificación de 6 sobre 10

Beck durante un concierto en Londres el pasado 12 de octubre.
Beck durante un concierto en Londres el pasado 12 de octubre. Getty Images

En sus más de 25 años de carrera, Beck ha hecho más de lo que cabe esperar de un héroe de lo alternativo. No se trata solamente de tocar diferentes palos musicales y fusionarlos rompiendo tabús. Ha producido a otros artistas (Marianne Faithfull, Thurston Moore, Charlotte Gainsbourg); creado Song Reader (2012), disco que inicialmente se publicó únicamente como una partitura; ejercido como comisario en un álbum de remezclas de Philip Glass y transformado el Sound And Vision de Bowie en una pieza orquestal interpretada una sola vez. Eso sin hablar de un inabarcable listado de colaboraciones que abarca el underground, el tropicalismo y el mainstream. El californiano ha creado su propio lenguaje sonoro y una gran parte de su trabajo parte de esa premisa. Ha vendido millones de discos imponiendo un estilo y un sonido, cambiado de pelaje musical con cada nuevo álbum. Así pues, resulta extraño escucharle con un concepto sonoro que le aproxime a lo convencional.

Beck: Un lenguaje sonoro diferente

Artista: Beck

Disco: Colors.

Sello: Capitol / Universal.

Calificación: 6 sobre 10

Convencional quizá no sea el término más adecuado para referirse a Colors. Pero sí ayuda a describir su envoltorio sonoro. Además de quebrantador de barreras estilísticas (cuando Beck se dio a conocer en 1994 con Loser, unir hip hop con folk y rock independiente era una proeza), siempre ha sido un compositor de canciones que calaban más allá del código elegido para plasmarlas. Colors también las tiene. Pero carece de la impronta sonora que ha mantenido a su autor en la primera división del pop aun cuando su manera de trabajar seguía vinculada a una idiosincrasia que funcionaba por cuenta propia. Colors es una idea que llevaba tiempo fraguando con Greg Kurstin, uno de sus colaboradores más antiguos, productor que, solamente en los dos últimos años, ha trabajado con Adele, Ellie Goulding y Sia. La idea de ese proyecto era celebrar la alegría de la música pop, una gran fiesta en un cruce de estilos sin prejuicios.

Colors tiene canciones que recuerdan a Beatles, a Prince, a Michael Jackson y The Police. Eso quiere decir que destilan concienzudamente elementos reconocibles de estos autores y lo hacen aflorar en composiciones propias en la que la producción, dispuesta a darles fuste, resta espontaneidad. Dicho de otra manera, después de tantos años, ¿alguna vez imaginamos que Beck sonaría como Coldplay o como cualquier otro artista pop contemporáneo de estadios? No Distraction dispara automáticamente la respuesta: no. Beck infiltrándose en el territorio sonoro de, por ejemplo, Bruno Mars para terminar absorbiendo la piel sonora de Bruno Mars. Para un artista experto en mutaciones, esta es la menos necesaria de todas las que ha llevado a cabo a lo largo de su trayectoria.

Con otra producción, Colors estaría a la altura de sus mejores obras, que no son pocas. Es su álbum más ecléctico y el optimismo de su contenido es prácticamente otra novedad en la obra de alguien que siempre se ha caracterizado por ser irónico o por ser melancólico. Aquí están algunas de sus composiciones más pegadizas. Wow y I'm So Free —a pesar del toque estadio del estribillo— son puro Beck, como lo es el ejercicio de estilo Beatles titulado Dear Life, o Fix Me, que recupera el tono de country cósmico de Morning Phase (2014), jalonado por guiños a Prince. Una estupenda colección de canciones que no necesitaban tanto celofán para brillar.

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Artista: Beck.

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