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Miles de corazones blancos despiden a Salvador Sobral

El ganador de Eurovisión canta por última vez antes de “dejar el cuerpo a la ciencia”

Salvador Sobral, en su concierto en Estoril.

Los corazones blancos se agitaron en la noche de Estoril para despedir la voz blanca de Salvador Sobral. Globos en forma de lo que más necesita este cantante acompañaron el último concierto del ganador de Eurovisión.

“Gracias por tanta sensibilidad”, dijo a su auditorio. “Up, veo que se le ha reventado el corazón a mi padre”. En primera fila, su familia con la incondicional hermana Luisa, culpable de casi todo lo bueno de su carrera.

El corazón le ha dicho basta

Sobral, de 27 años de edad, lleva implantado un desfibrilador para regular el funcionamiento de su corazón y necesita una vida descansada. El martes, Sobral anunció su retirada temporal con un vídeo publicado en su página de Facebook: "No es un secreto para nadie que mi salud es frágil. Tengo un problema y debo entregar mi cuerpo a la ciencia y retirarme de los escenarios y de la música en general. Ir a un mundo en el que se resuelvan mis problemas. Seguramente, el problema quedará resuelto, pero no sé cuándo. Quiero agradecer vuestro apoyo. Volveré pronto, es un adiós temporal. Todo irá bien, que nadie se preocupe".

Sobral salió al escenario con su tradicional grupo de jazz, formado por Júlio Resende en el piano; Bruno Pedroso en la batería y André Rosinha al contrabajo; un trío muy competente que se movía al unísono de los arrebatos pasionales o delicados de Sobral.

Fue una noche feliz y algo nostálgica. El ganador de Eurovisión ha logrado acercar el jazz a una gente que nunca hubiera asistido a un concierto de este género musical, pero la energía y el candor de Sobral gana a todos. Interpretó con igual confianza canciones en inglés, portugués y español. Con el bolero Veinte años se dejó el alma como si fuera cubano y con Excuse me llegó al público más romántico.

Sobral se centró en el álbum Excuse me y en algunos temas que publicará en su nuevo disco, aparte de la eurovisiva Amar pelos dois, que derramó más de una lágrima, encima y debajo del escenario.

Un lugar abierto, como los jardines del Casino de Estoril, no era el mejor sitio para escuchar la delicada y sosegada música de Sobral, pero consiguió el ambiente perfecto para que los miles de fans que ha cosechado en cinco meses se pudieran despedir de su ídolo esquivo (no posa para selfies, ni firma autógrafos). Un tiempo en el que la carrera de Sobral ha pasado de no tener contratos a no tener billetes. Desde mayo hasta octubre todos sus conciertos cuelgan el cartel de “no hay entradas”, pero su corazón enfermo no resiste tanto trajín, tantas emociones, y Estoril es el abrupto punto final, abrupto en el cénit de su éxito. Se retira temporalmente porque está a la espera de un trasplante.

Sobral se curtió cantando en el circuito turístico de Mallorca, donde, en principio, llegó para estudiar Psicología Deportiva; posteriormente, en vista de su éxito en bolos por bares de la ciudad, se trasladó a Barcelona a estudiar en el Taller de Músics. Aunque concursó en Ídolos, un reality televisivo portugués, siempre se ha sentido muy reacio a la popularidad, especialmente a concursos como el que le encumbró. Su hermana fue quien le inscribió y quien le compuso la canción triunfadora, una fórmula para que el mundo pudiera escuchar cantar a su hermano.