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Muere Walter Becker, mitad del enigmático proyecto Steely Dan

El músico creó la imagen 'hip' del más prestigioso de los dúos californianos de los setenta

Walter Becker
Walter Becker, en una actuación en el Beacon Theatre en Nueva York en octubre de 2015. AFP

Walter Becker, miembro fundador de Steely Dan, ha muerto hoy sin que hayan trascendido las circunstancias, como corresponde a un grupo opaco en lo que respecta a su mecánica interna o sus intenciones. Se suponía que Becker, neoyorquino de 1950, había superado los tropiezos con las drogas duras, que llevaron a aparcar el dúo en 1981; 12 años después, se reunió con su colega Donald Fagen. Volvieron a grabar y giraron de forma regular.

En tiempos recientes, estamos asistiendo a cierta rehabilitación del rock californiano de los setenta, supuesto símbolo de la degeneración espiritual de los ideales de la contracultura, ahora recuperado como yatch rock. En realidad, ni el ostracismo ni la revaloración afectaron a Steely Dan, que siempre fueron los campeones en una categoría especial. Sus discos encarnaban el patrón oro en lo que respecta a grabaciones de alta gama. No aparecían en las portadas de sus álbumes, rara vez actuaban y sus resbaladizas letras invitaban a las especulaciones.

En el caso de Becker, pesaban los traumas de crecer en una familia rota, algo que –según Fagen- le llevaba a manifestar cinismo sobre la naturaleza humana, pesimismo que resolvía con humor negro e imitaciones desternillantes. Para Becker, estar alienado era una bendición: le permitía ver el mundo desde los márgenes. Insiste Fagen en que la actitud cool de Steely Dan derivaba de la personalidad de Becker. Musicalmente, eran alérgicos a las ortopedias del jazz-rock: su ideal era una banda de rock que tuviera el impulso aéreo del mejor jazz.

Para entender Steely Dan, conviene asumir que tenían más de hipsters que de hippies. Becker y Fagen se educaron con los clásicos del be-bop y la literatura beat (el nombre de Steely Dan venía de un artilugio sexual mencionado en El almuerzo desnudo, de William Burroughs). En Nueva York habían rondado por la periferia del show business, sobreviviendo como músicos de acompañamiento e intentando vender canciones complejas a artistas poco sensibles.

Tras instalarse en California, fueron fichados por un amigo, el productor Gary Katz, que les introdujo en la discográfica ABC. Forjaron un grupo de directo, donde Becker ejercía de bajista y Fagen compartía el micro con David Palmer. Su música tenía ecos armónicos del jazz y percusiones latinas, elementos poco habituales en canciones narrativas, que parecían deleitarse en las desdichas de niños ricos y las tentaciones de las drogas.

Después del éxito de Can’t Buy a Thrill (1972) y Countdown to Ectasy (1973), Steely Dan cambió su modus operandi. Con un mercado discográfico en expansión, renunciaron a los conciertos, con el abandono paulatino de sus compañeros. Reciclados en grupo de estudio, contaron –como ya habían hecho anteriormente- con los mejores instrumentistas de alquiler; Becker adquirió funciones de guitarra solista.

Pretzel Logic (1974), Kathy Lied (1975), The Royal Scam (1976) y Aja (1977) fueron discos triunfales. Luego, la máquina descarriló. Aparte de un perfeccionismo que ignoraba los presupuestos disponibles, Becker descubrió la heroína, un secreto que se destapó cuando su joven novia falleció de sobredosis en su apartamento neoyorquino. El resultado de tantas turbulencias fue Gaucho (1980), que tenía algo de canto de cisne y también de confesión de sequía creativa: Keith Jarrett demandó al dúo, al detectar que el tema principal plagiaba una de sus composiciones.

Tras ser atropellado por un taxi, Becker quedó fuera de combate y se retiró a Hawai. Steely Dan pasó al congelador tras iniciar Fagen una carrera en solitario con Nightfly (1983). Gracias a su estudio particular, Becker volvió discretamente a la actividad, con la producción de artistas de querencia jazzy como Michael Franks o Ricki Lee Jones. Su trabajo más visible fue con China Crisis, grupo de Liverpool muy marcado por la estética de Steely Dan.

La reconciliación llegó en 1991, cuando Becker se incorporó espontáneamente a un concierto de The New York Rock and Soul Revue, banda de relajo formada por Fagen y su esposa, la cantautora Libby Titus. Los antiguos socios buscaron nuevas formas de funcionar: Becker produjo el segundo disco en solitario de Fagen, Kamakiriad (1993); Fagen correspondió como coproductor del primer trabajo de Walter como solista, 11 tracks of whack (1994).

 Ninguno de esos discos incendió las listas de ventas y la pareja volcó sus energías en resucitar creativamente Steely Dan. Two against nature (2000) fue recibido con entusiasmo por la industria, conquistando cuatro premios Grammy. En 2003 llegó Everything must go, un lema publicitario habitual en las rebajas. Era su sarcástica manera de reconocer que se habían plegado a las nuevas exigencias profesionales: giras tocando versiones impecables de sus grandes éxitos, de las que quedaron varios discos en vivo como testimonio. Mientras Fagen arreglaba sus cuentas con el pasado en una autobiografía, Eminent hipsters, Becker se desahogaba con un disco de música caribeña, Circus money (2008), con las acostumbradas visiones ácidas del modo de vida californiano.