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La ficción en tiempos de inmediatez

El 11-S fue el pórtico traumático de esta nueva era que parece exigirle a la cultura disponer de una rapidez de reflejos cada vez mayor, pese a la complejidad de los acontecimientos

Detalle de una ilustración de Miguel Brieva incluida en el libro 'La gran aventura humana. Pasado presente y futuro del mono desnudo' (Reservoir Books, 2017).
Detalle de una ilustración de Miguel Brieva incluida en el libro 'La gran aventura humana. Pasado presente y futuro del mono desnudo' (Reservoir Books, 2017).

La acción de Sieranevada del rumano Cristi Puiu tiene lugar tan sólo tres días después del asalto integrista a la redacción de Charlie Hebdo. La película no es una reconstrucción del atentado, pero, en una de sus primeras escenas, sus personajes comentan las posibles incongruencias de uno de los vídeos colgados en YouTube, en el que se registra el enfrentamiento entre un policía y uno de los asaltantes. El trágico suceso tuvo lugar el 7 de enero de 2015; la acción de la película –respetuosa con las unidades de tiempo, acción y espacio y centrada en un memorial familiar- se desarrolla el 10 de marzo de 2015 y su rodaje arrancó ese mismo mes. Si bien la alusión a los recientes acontecimientos no se convierte en el centro de la película, tampoco resulta en absoluto caprichosa: la película de Puiu intenta cumplir uno de los más elevados propósitos de la ficción cuando esta se sumerge en el resbaladizo territorio de la realidad inmediata: interrogarse e interrogar a su público sobre el espíritu de la época, intentar esclarecer la posición del sujeto contemporáneo en un presente que el cineasta muestra como un eterno estado de suspensión en el que han dejado de funcionar los viejos asideros –la religión, la ideología- y donde no hay mayor margen de elección que atenerse a los discursos oficiales o entregarse a los riesgos del pensamiento conspiranoico. Sieranevada es, pues, un gran ejemplo de la cultura de urgencia que parece reclamar el presente: la película de Puiu tiene el peso reflexivo de una gran novela, pero también la inmediatez de un apunte al natural que se haya permitido la libertad de no ser puramente ilustrativo y neutral.

El 6 de mayo de 2012, jornada de la segunda vuelta de las elecciones francesas que culminarían con la victoria de Françoise Hollande, la directora Justine Triet –que en septiembre estrena su segundo trabajo, Los casos de Victoria- sacó sus cámaras a la calle para mezclar a su equipo y a su reparto entre la multitud que se agolpaba en la calle Solférino frente a la sede del partido socialista. Su objetivo no era el de rodar un documental, sino una ficción protagonizada por una reportera televisiva, que tenía que lidiar con las tensiones de su vida privada –en especial, con las agresivas súplicas de su ex marido por ver a sus hijas en ese día preciso- mientras cumplía con sus labores informativas en plena tormenta electoral. El resultado fue La Bataille de Solférino (2013) –estrenada poco más de un año después de los acontecimientos narrados-, una opera prima que mereció el beneplácito de Cahiers du Cinéma, fue celebrada por la crítica como brillante inmersión en las encrucijadas entre lo público y lo privado y quedó fijada en la memoria sentimental del público como portazo a la era Sarkozy.

Sieranevada es un gran ejemplo de la cultura de urgencia que parece reclamarse:tiene el peso reflexivo de una gran novela y la inmediatez de un apunte al natural

En su relato Twitter desde el circo de los muertos, incluido en la antología Muertos vivientes (Minotauro) de Christopher Golden, Joe Hill ironizaba sobre esa cultura de urgencia que parece reclamar una misma inmediatez tanto para la no ficción –crónicas, reportajes, noticias- como para la ficción –literatura, historieta, cine, teatro-. Hill narraba una plaga zombi con un pie forzado que hubiese encantado a los miembros del Oulipo: la historia se construía a partir de la frenética sucesión de 213 tuits de una misma cuenta –significativamente llamada TIEMPOKPERDER- que no superaban los preceptivos 140 caracteres por unidad, creando un efecto paradójico y satírico –finalmente justificado en el desenlace del relato-, a través del contraste entre el imperativo de supervivencia motivado por esa situación límite y el cuajo de un narrador capaz de querer contarlo todo en tiempo real.

El 11-S fue el pórtico traumático de esta nueva era que parece exigirle a la cultura y a la ficción disponer de una rapidez de reflejos cada vez mayor, pese a la complejidad de los acontecimientos en juego. No obstante, la primera respuesta que obtuvo el 11-S por parte de la ficción fue el silencio de una parálisis colectiva dominada por el duelo: la reacción inmediata pasó por contener el dolor colectivo borrando imágenes icónicas –las Torres Gemelas que desaparecieron de la cabecera de Los Soprano y del primer Spiderman de Sam Raimi- y celebrando el poder solidario de la comunidad –las historietas de súper-héroes nunca estuvieron tan superpobladas de bomberos en sus ficticias zonas de catástrofe como en los años inmediatamente posteriores a la tragedia-. Hubo que esperar al año 2003 para que Mundo espejo de William Gibson –una obra cuyo discurso versaba, precisamente, sobre la necesidad y los riesgos de la interpretación en la era de la sobresaturación de datos- se convirtiese en la primera novela con referencias directas a la tragedia.

Los tiempos de reacción ante el acontecimiento histórico insoslayable –y cargado de un potencial de consecuencias inquietantes- se acortan, como ilustra el hecho de que entre los resultados del referéndum por el Brexit y la publicación de una primera novela presta a abordar sus consecuencias distópicas medie menos de un año: es el caso de Rabbitman, segundo novela del crítico de arte Michael Paraskos, publicada el 9 de marzo de 2017 y también cargada de ecos de la victoria electoral de Donald Trump. Está por ver qué eco haya en la ficción el reciente atentado de Las Ramblas.

El gran logro de Sieranevada quizá no esté tanto en su velocidad de respuesta a la realidad, sino en algo tan inusual como el tener la capacidad de trascender la anécdota en categoría. Algo que, por ejemplo, también distingue trabajos tan brillantes y rigurosos como la novela gráfica El negocio de los negocios (Astiberri) de Denis Robert, Yan Lindingre y Laurent Astier, en torno al escándalo de corrupción de Cleastream, que salpicó al gobierno de Dominique de Villepin, o tan incisivos, tan capaces de traspasar el tejido inmediato de la realidad para desvelar su estructura profunda como La gran aventura humana (Reservoir Books) de Miguel Brieva. Entretanto, una realidad en perpetuo estado de emergencia seguirá reclamando tanto la necesidad del dato como de la metáfora, de la lectura como de su interpretación.

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