el libro de la semana

Retrato de mujer con familia en ruinas

Con 'No es medianoche quien quiere', una historia de infancia y desamparo, Lobo Antunes vuelve a ser el gran constructor de letanías de sus mejores novelas

Memoria de elefante (1979), la ópera prima de Lobo Antunes, premio Camões 2007 y uno de los narradores más rotundos y perseverantes del último medio siglo, transcurre a lo largo de un día y de una noche de crisis existencial de un psiquiatra que, como Lobo, desea en realidad consagrarse a la escritura. “A escrita é a vida, e a vida a escrita: a vida é texto” (Colóquio/Letras, julio de 1981), y sus obras no han hecho sino ratificar esta aseveración convirtiéndose en la funesta crónica ininterrumpida de la vida propia y de las ajenas, con frecuencia confundidas a propósito y siempre reflejo de una existencia atormentada por el sufrimiento, errabunda por falta de asideros, contradictoria y maldita, por la que deambulan las voces narrativas tratando de aplacar con sus discursos la ira de su destino aciago y, si acaso, exonerarse cuando algunos hallazgos debidos a la evocación iluminan la noche oscura del alma.

Memoria de elefante inaugura su adicción al monólogo, suerte de alambique por el que fluye al trote el universo interior del narrador y recurso faulkneriano convertido a lo largo de su prolífera obra en la marca estilística del autor, un yugo llevadero que brilla en Os cus de Judas (En el culo del mundo, 1979); que deslumbra en sus obras maestras, El orden natural de las cosas (1992), Esplendor de Portugal (1997) o Exhortación a los cocodrilos (1999), pero cuya dificultad para el lector, fragmentando tiempo, espacio y discurso, y su uso continuado y extenuante lo convertirán con el tiempo en una rémora, en un lastre que termina ahogando su prosa en las aguas del virtuosismo técnico sin apenas trama detrás. No se alcanza aún este extremo en las referidas obras de madurez artística, en las que el monólogo, con frecuencia la corriente de conciencia, los “jirones de frases” que menciona en Exhortación a los cocodrilos, lleva en volandas una historia siempre sórdida descompuesta en añicos.

No mucho después, sin embargo, el recurso preferido del autor ya se ha convertido en la escritura desatada y al galope del monólogo que cierra Buenas tardes a las cosas de aquí abajo (2003), un homenaje al vómito verbal de Molly Bloom con el que Joyce enmudeció su Ulises. Y la fertilidad creativa del escritor portugués, que supera la de sus mayores, Bessa-Luís, Saramago o Cardoso Pires, tampoco ha ayudado a que un estilo tan marcado no haya devenido, a ojos del lector, en rutinario, quién sabe si en disuasorio.

Desde Buenas tardes a las cosas de aquí abajo Lobo ha escrito una obra por año, entre novelas y crónicas, hasta No es medianoche quien quiere (2012), la novela con título de René Char que vamos a elogiar aquí, y las que aún no han sido traducidas al castellano, un Quinto Livro de Crónicas de 2013, Caminho Como Uma Casa en Chamas (2014), Da Natureza Dos Deuses (2015) y Para Aquela que Está Sentada no Escuro à Minha Espera (2016).

Muchos de los motivos recurrentes en la obra de Lobo Antunes se agolpan en No es medianoche quien quiere. Las secuelas morales de casi todo, un recuerdo tan necesario como doloroso, la infancia agorera, el desvalimiento y el fracaso, el desconsuelo de la ausencia y la presencia intangible de la muerte. Y si nos parece que esta obra no solo merece el respeto del lector de Lobo, sino asimismo su encarecimiento, es porque tal vez represente un feliz punto de inflexión, la interrupción de la inercia verbal y la continuación de una construcción novelística, la vuelta a su literatura mayúscula, el regreso a sus obras formalmente audaces pero dotadas a la vez de una historia vigorosa.

Tres días de agosto de 2011. Tríptico del desengaño. Una mujer en la cincuentena, separada y ajada por un cáncer ganado y un hijo perdido, escarba en su pasado recordando su infancia desgraciada en la casa familiar de la playa en la que transcurrió. El padre alcohólico, el hermano suicida, el sordomudo y el enloquecido por la guerra atroz se asoman al recuerdo como algunas voces del pasado. Contemplación de las ruinas y asunción del desamparo.

Más información
Recomienda en Librotea 'No es medianoche quien quiere', de António Lobo Antunes

Advierte el lector aquí la lucha una vez más por transmitir lo que atenaza, lo que castiga pero se diría inefable. Y encuentra la ansiedad por llegar a ver por fin el cielo despejado de la esperanza cuando parece no haber otra salida a la tristeza que el recuerdo frustrante: “Morir es cuando (…) se come dejando una ración en la fuente que nadie se sirve”. “Ya no conozco aquí a casi nadie. Donde estaba el zapatero una tienda de artesanía. El chalet del italiano se mantiene pero deshabitado, sin cortinas, con los girasoles secos, yo que hablaba con ellos”. Y encuentra también una prosa hermosa y exuberante que mana de nuevo como una letanía con sentido y no como una vacía secuencia verbal. Y una melancolía absoluta, irremisible, que lo abate lentamente porque su devastadora nostalgia vence a la fruición estética.

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Autor: António Lobo Antunes. Traducción de Antonio Sáez Delgado.


Editorial: Literatura Random House (2017).


Formato: versión e-book y tapa blanda (446 páginas).


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