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Sofía Coppola a la búsqueda de una visión femenina

En ‘La seducción’, la cineasta revisa el clásico de Don Siegel de 1973 para dar más voz a las chicas que acogen a un soldado herido

La directora Sofia Coppola, en Cannes.
La directora Sofia Coppola, en Cannes. AFP

Cuando Sofia Coppola (Nueva York, 1971) llega a Cannes, pisa territorio conocido. La primera vez que visitó el festival apenas tenía ocho años y dejó para la historia la fotografía de una niña saliendo en los hombros de su padre, Francis Ford Coppola, del pase de Apocalypse Now. A él le acompañó dos veces más, y como directora ha estrenado en el certamen francés María Antonieta (2006) y The Bling Ring (2013), además de ser miembro del jurado de la edición de 2014. “Mi cumpleaños es el 14 de mayo, así que incluso alguno lo he celebrado aquí”, cuenta a un grupo de periodistas en una suite del hotel Carlton. Hasta la única película de ficción que ha dirigido su madre, Eleanor, París puede esperar, arranca en este evento. En Cannes los Coppola parecen parte del paisaje. “A mí me asusta tanto como me emociona que se proyecte por primera vez aquí”.

Muy delgada, con lo que su rostro queda aún más angulado, la cineasta presenta La seducción –que se estrena en España el 18 de agosto-, una nueva versión de la novela de Thomas Cullinan que ya se vio en la pantalla como El seductor en 1971 con la dirección de Don Siegel y Clint Eastwood de protagonista: “Hace un par de años Anne Ross, mi directora de producción, me dijo que la viera y que me planteara un remake. Me parecía innecesario, pero tras recuperarla entendí que podía cambiar el punto de vista. ¿Por qué una historia con tantas mujeres se contaba desde el lado masculino? Ahí estaba el reto: mostrar la otra cara”.

"Nunca había hecho ninguna película de género. Y esta era mi oportunidad"

Y así ha llegado a la competición la historia de un soldado del Norte que herido durante la Guerra de Secesión acaba siendo curado y reconfortado en un colegio para señoritas sureñas. En manos de Coppola han desaparecido todos los otros personajes secundarios –los criados negros, el hermano de la profesora y directora- para centrarse solo en la relación entre ellas y él. “Hacían demasiado ruido para la historia, la distorsionaban hacia un tema racial que a mí no me interesaba”, asegura. Y de esa manera, con un arranque brumoso que acentúa su tono de cuento de hadas, de cierto aire fantástico, aparece el paralelismo de La seducción con su primera película, Las vírgenes suicidas: “Cierto, una familia atrapada en un edificio y alguien externo se relaciona con ella. Me di cuenta al final y me encantó”.

Como directora, ¿sintió rabia con ese punto de vista tan masculino de El seductor? “Yo no lo llamaría rabia, pero sí me enfada el hecho de que se tergiversa la relación de poder masculino-femenina que desarrolla el libro. Había que darle voz a las chicas”, señala con firmeza Coppola. En el profundo sur de Estados Unidos, la atmósfera era muy distinta hace dos siglos. “Sus tradiciones, el viaje a otro tiempo, las maneras… Son elementos exóticos que me hacían aún más llamativo el proyecto, aunque por supuesto lo importante es la relación entre este hombre y un puñado de mujeres de distinta edad que de formas distintas se sienten atraídas por él”, remarca Coppola. “A ellas les afecta –algunas incluso, si se me permite, casi se vuelven locas- la inclusión de un elemento exterior”, un soldado al que da vida Colin Farrell, “porque tiene la mezcla exacta de rudeza, bondad, masculinidad, humor, turbiedad y ternura”. A la profesora le da vida Nicole Kidman; en la competición hace solo tres días ambos ya encarnaban a otra pareja en The Killing of a Sacred Deer, de Giorgos Lanthimos. Entre las alumnas aparecen Kirsten Dunst –en su cuarta película con la directora- y Elle Fanning. “No creo que haya pedofilia, por favor, pero las relaciones con cada una de ellas son distintas, y en todas hay una mutua seducción”, concreta Coppola.

"¿Por qué una historia con tantas mujeres se contaba desde el lado masculino? Ahí estaba el reto: mostrar la otra cara"

Lo que va ocurriendo en pantalla, los nexos, los choques entre el soldado y las mujeres de la residencia femenina van deviniendo en un cuento gótico de terror en América. “Nunca había hecho ninguna película de género. Y esta era mi oportunidad. Sobre todo en la segunda parte de la narración, cuando dejamos atrás un mundo de delicadezas femeninas con unas mujeres poseídas por una fantasía para encarar un terror… también femenino”, recalca. Aparece la claustrofobia, los candelabros, las oscuridades, la sangre, unos planos más angulosos, una fotografía más cuidada. De fondo, una banda sonora creada por el grupo Phoenix, cuyo líder, Thomas Mars, es el marido de la cineasta: “Reconozco que es fácil trabajar juntos”.

Para Coppola, la reflexión sobre las relaciones de poder entre hombres y mujeres conectará esta historia con el público del siglo XXI. “Son temas universales, actuales. No veo paralelismos con la situación política actual, pero sí con la social, con la lucha por el empoderamiento femenino”.

En una familia tan artística –el hermano de Sofia, Roman, es el productor del filme-, ¿se consulta al padre o se huye de esta referencia? “Leyó el guion. Hice mi película y una vez acabada se la enseñé. Ya somos todos mayorcitos”.