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TEATRO

Lope de Vega y la doble vida de un rey medieval

‘La judía de Toledo’ supone la vuelta de la dramaturga Laila Ripoll al escenario de la Compañía Nacional de Teatro Clásico

De izquierda a derecha, Marcos León, Federico Aguado y Ana Varela, en una escena de 'La judía de Toledo'.
De izquierda a derecha, Marcos León, Federico Aguado y Ana Varela, en una escena de 'La judía de Toledo'.

Es realmente difícil dar con un rey de las monarquías europeas que no haya sucumbido a la tentación de las relaciones extramatrimoniales. Algunos, incluso, llegaron a abdicar cuando los amores de camas ajenas a la suya resultaron más interesantes que la función pública.Lope de Vega lo sabía bien. Por eso escribió un fantástico drama, Las Paces de los Reyes y Judía de Toledo (1617), texto de largo recorrido en la literatura y el teatro mundiales que ahora resucita en el escenario del Teatro de la Comedia de Madrid.

 La historia es tan eficaz como sencilla. El rey Alfonso VIII, casado con Leonor de Plantagenet, hija de Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania y hermana de Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra, se enamora locamente de una bella judía a la que Lope decide llamar Raquel. Tal es el amor que siente por ella que lo abandona todo, esposa y gobierno, y se encierra con su amante durante siete largos años en el palacio toledano de La Galiana. Demasiado tiempo para los conspiradores de palacio, que trazan un plan para romper el idilio. Así, un grupo de nobles, instigados por la mujer abandonada y, cómo no, por la Iglesia, diseñan una estrategia para acabar con tanto amor extrarreal. Finalmente, Alfonso y Leonor llegan a un acuerdo y sellan la paz con la construcción del Monasterio de las Huelgas de Burgos en 1189 donde ambos están enterrados en la nave central.

A Lope, la historia le sirvió para escribir un texto de tintes de tragedia política, que 400 años después da pie, en La judía de Toledo, para la vuelta de Laila Ripoll al escenario de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), donde la obra se representará hasta el 26 de marzo con una gran parte de las entradas vendidas.

Es la vuelta de Ripoll, experta en repertorio clásico, a un lugar conocido. Ya había actuado como actriz en ese teatro hace 25 años. Ahora vuelve para dirigir. “Amor, poder y misterio se entremezclan para contarnos un drama que se puede situar en el siglo XVII, pero también en el XXI, porque entonces y ahora los seres humanos se comportan de igual manera, sobre todo si entran por medio los celos, el amor y la venganza”, apunta Ripoll. Esta dramaturga y directora teatral sucumbió al veneno de los clásicos desde sus primeros estudios en la escuela de arte RESAD. “Tuve la suerte de contar con estupendos profesionales que fueron capaces de introducirme en un mundo literario del que no es fácil salir”.

 Texto complejo

Ocho actores ponen en escena esta obra en la que el rey Alfonso VIII, interpretado por Federico Aguado, hace dejación de sus funciones políticas por el amor de una mujer, su amante, interpretada por Elisabeth Altube. “Se muestra a un rey que pretende ser tan solo un hombre, un monarca que abandona la política para dedicarse a sus intereses personales; un país desgobernado, en crisis, sumido en el abandono y con un peligro a las puertas en un montaje que toma Toledo siempre de fondo, con su río omnipresente y sus tradiciones ancestrales”, explica Laila Ripoll. El texto, puntualiza, es complejo. “Como complejo es el momento que estamos viviendo. Posee una impresionante fuerza poética, sugestiva y perturbadora y cuenta una tragedia política, en la cual se despliega una profunda mirada la gente de abajo”.

La directora de la CNTC, Helena Pimenta, destaca la importancia de los valores de la historia. “La obra se apoya en la palabra y gracias a ella, amplia su significado. Esto provoca que, al estar escrita en verso, el público tenga una elevación del sentimiento gracias al uso de figuras retóricas”.

Esta historia de amores y desamores ha servido a lo largo del tiempo de inspiración a diferentes autores en poemas, obras teatrales y novelas, sobre todo en el Siglo de Oro —ahí están, además de Lope, La desgraciada Raquel (1625), de Antonio Mira de Amescua; La judía de Toledo (1667), de Juan Bautista Diamante—, pero no solo. Otras obras inspiradas por aquel episodio son: Raquel (1778), de Vicente García de la Huerta,Die Jüdin von Toledo (1851), de Franz Grillprazer, o la versión que de ella hizo en 1955 Lion Feuchtwanger, gran amigo de Bertolt Brecht.

Micomicón, 25 años dedicados a los clásicos

Aquel grupo de actores encabezados por Laila Ripoll, recién salidos de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, estaba tan enamorado de ese tipo de textos que optaron hace 25 años por formar un equipo de trabajo que se tradujo en Producciones Micomicón, que ha recorrido centenares de teatros, casas de cultura y viajado por el mundo con sus obras.

La primera obra que la compañía puso en escena fue Los melindres de Belisa, de Lope de Vega. Precisamente por eso, 25 años después vuelven a Lope, pero no con una comedia, sino con un drama político. Antes de formar el grupo, Ripoll había actuado en el Teatro de la Comedia con la obra Jardín de Falerina, de Calderón de la Barca, dirigida por Guillermo Heras.