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La pintura en la poesía de Caballero Bonald

La galería Fernández-Braso homenajea en Madrid al Cervantes con una exposición

José Manuel Caballero Bonald, en la exposición ante un 'saura' y dos fotografías de Colita.
José Manuel Caballero Bonald, en la exposición ante un 'saura' y dos fotografías de Colita.

Cuando uno lee los versos inscritos en la pared —“cada línea, cada mancha dispone de su modulación, su nutrición, su recurrencia”—, se hace inevitable pensar que fueron escritos para el lienzo al que acompañan, Blanca doble (1980), del creyente en la pintura Miguel Ángel Campano. Aunque en realidad, el texto de J. M. Caballero Bonald, titulado Poética de las heridas, fue inspirado por la arrebatada práctica artística de Manuel Millares. Poco importa. Todos, poeta y pintores, se citan hasta el 4 de marzo en la galería Fernández-Braso con motivo de la exposición Desaprendizajes, en homenaje al escritor.

La muestra continúa la costumbre de los responsables del espacio madrileño de inspirarse, tras Luis Cernuda y José Miguel Ullán, en “un poeta de relieve para la exposición colectiva de cada año”, según explica Manuel Fernández-Braso, director adjunto de la galería e hijo de Miguel, el fundador. En este caso, el punto de partida es el poemario que da título a la muestra y bautizó en 2015 el último libro de Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926), premio Cervantes en 2012.

El escritor recordó durante una visita a la galería que su amistad con Miguel Fernández-Braso viene de lejos, de mediados de los setenta, cuando aquel era un poeta y disquero especializado en flamenco y este editaba Guadalimar, una revista dedicada a las artes. “Colaboraba con comentarios de pintura, reseñas de galerías y exposiciones. Hablaba de aquellos, Saura, Millares o Tàpies, que conectaban con mi poética. De la pintura de Millares hay mucho en mi poesía, como profundización matérica en busca de datos sobre la existencia”.

Textos junto con imágenes

La exposición de la galería Fernández-Braso dedica especial atención a los libros en los que J. M. Caballero Bonald ensayó el cruce entre textos e imágenes, como Luces y sombras del flamenco, realizado con la fotógrafa Colita y publicado por la editorial Lumen en 1975. A aquel trabajo siguieron otras colaboraciones, con Ramón Masats (Andalucía, 1989) o con José Manuel Navia (Un Madrid literario, 2009).

La poesía contenida en Desaprendizajes, organizada según las leyes de la prosa, salpica las paredes del recorrido en una sucesión de sumas entre texto e imagen. El “diálogo” es la clave. Como en ese dúo formado por un retrato de Chema Conesa de 2011, en el que Caballero Bonald parece leer el libro que cuelga a su lado, Le sentier d’honneur (2013), collage de Carmen Calvo en el que sobre las páginas rayadas de un cuaderno se alinean los plumines.

Retratos

No es el de Conesa el único retrato del poeta de la exposición. Dos del fotógrafo argentino de escritores Daniel Mordzinski, realizados en 2001 en la casa madrileña de Caballero Bonald, abren la muestra junto a una Crucifixión de Antonio Saura. “Hace más de 20 años que lo retrato”, explica Mordzinski, que acaba de publicar un libro de imágenes urbanas con prólogo de Caballero Bonald. “Siempre me ha dado la impresión de que su calma inteligente y socarrona esconde una montaña de humor y ganas de vivir”, añade.

En sus instantáneas se deja ver el salón del poeta, lleno de libros, cuadros y litografías, un saura incluido, que permiten certificar sus gustos pictóricos, coincidentes en parte con la cartera de artistas de la galería, que, de Miquel Navarro a Feito o Ràfols-Casamada, están convocados al homenaje.

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