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Los Oscar afrontan, con matices, su ceremonia más inclusiva

En Hollywood surte efecto el correctivo impuesto en las bases de votación de los premios para tener un mayor índice de inclusión en sus nominaciones

Premios Oscar 2017 Ampliar foto
Emma Stone, candidata al Oscar como mejor actriz, entre dos de las intérpretes que se disputan la categoría a mejor actiz de reparto Octavia Spencer y Viola Davis (derecha).

Cuando la presidenta de la Academia, la afroamericana Cheryl Boone Isaacs, hizo su discurso en el almuerzo de los nominados en Hollywood, aseguró orgullosa que este año demostraba que “estamos haciendo progresos reales. Progresos que confío seguirán en el futuro, mientras nosotros traemos cambio a la Academia y a la industria entera”.

Efectivamente, después de unos Globos de Oro muy guerreros, sobre el papel, la 89 edición de los Oscar también promete oír todas las causas, plantar cara a la intolerancia y hacer las paces con, por lo menos, la raza negra. Tres películas protagonizadas por actores afroamericanos (Moonlight, Fences y Figuras ocultas) optan al máximo premio y, por primera vez en la historia, tres productores negros están nominados en esa categoría, pues si bien Moonlight tiene “dinero blanco”, la productora afroamericana de Manchester frente al mar, Kimberly Steward, compensa por su lado. Eso sí, nadie puede negar que la favorita es la muy caucásica e instalada en el cine de evasión La La Land, con sus 14 nominaciones y todas las antesalas habidas y por haber ganadas por goleada. Una película que, según explica el profesor de cine en la Universidad de Nueva York (NYU), Dana Polan, “es sobre el jazz y no deja de ser la visión de superioridad que un blanco tiene sobre el jazz actual, corrupto y comercializado por los negros. Es una visión inversa a la historia real del jazz”.

Entre los actores, hay seis intérpretes negros finalistas, lo que supone que la cuota se eleva del 0 al 30 % respecto a la edición anterior. Son Denzel Washington, Ruth Negga, Mahershala Ali, Viola Davis, Octavia Spencer y Naomie Harris (las tres últimas, compitiendo en la categoría de mejor actriz secundaria). Incluso podría ser que Barry Jenkins se convirtiera, gracias a Moonlight, en el primer director negro en hacerse con la estatuilla, coronando el camino que abrió John Singleton en 1991 y que luego ampliaron Lee Daniels con Precious (2009) y Steve McQueen con 12 años de esclavitud (2013), la primera película dirigida por un negro que se alzó como ganadora de la noche. Finalmente, tres cintas muy explicativas de las tensiones raciales están nominadas al mejor documental: I am Not Your Negro, 13th y O.J.: Made in America.

Igual que tras el ataque a las torres gemelas en 2001 Hollywood rechazó la política exterior de George Bush con un histórico doblete de actores protagonistas negros —Denzel Washington y Halle Berry— lo único que puede empañar la victoria cantada y bailada de La La Land puede ser el despertar de la perezosa conciencia de Hollywood con la victoria de Donald Trump y el ajuste de cuentas de la Academia con su propio conservadurismo.

Barry Jenkins (d) y el actor Tarell Alvin McCraney. ampliar foto
Barry Jenkins (d) y el actor Tarell Alvin McCraney. Getty Images

Pero quizá por eso, emergen sombras de condescendencia sobre tanto festín racial. En una entrevista con Indie Wire, Barry Jenkins aseguró que “ahora mismo, la gente está hambrienta del tipo de historias que hace gente que viene de donde yo vengo o incluso que simplemente tiene un aspecto parecido al mío. Mi película no es algo que puedas poner en un paquete y describirla con etiquetas simples”. No hay que olvidar que Moonlight, además del sambenito de cine racial, lleva el de cine gay.

Y es que, como casi todas las pruebas de tolerancia un poco forzadas, esta también deja entrever cierta intolerancia subliminal. El 19 de febrero de 2016, el New York Times echó más leña al fuego al racismo de Hollywood publicando unas estadísticas sobre el tipo de personajes negros que tenían cabida en los gustos de la Academia. Resultaron ser alcohólicos, criados, pobres de solemnidad y/o delincuentes en su mayoría. Este año solo escapa a este arquetipo la historia de las mujeres de la NASA en Figuras ocultas, pero tanto Fences como Moonlight se inscriben perfectamente en el retrato de bajo estrato social, lo cual, por otro lado, no quita mérito artístico a dos melodramas solemnes, profundos y, en definitiva, universales.

La minoría mayoritaria

También se protestó el año pasado sobre cómo la minoría mayoritaria que supone la raza negra tapa el trato todavía peor a otras minorías, como la latina o la asiática. A pesar del monopolio de México en la categoría de mejor director (los últimos tres años de manera consecutiva) este año, hay que rebuscar en las categorías técnicas para encontrar a algunos latinos, como el mexicano Rodrigo Prieto, nominado por la fotografía de Silencio, o el héroe nacional de la era Obama, el estadounidense con sangre boricua Lin-Manuel Miranda, que compuso la canción finalista de Vaiana. Es momento, también, de recordar que cuando González-Iñárritu ganó su primer Oscar por Birdman, el ahora presidente de los Estados Unidos dijo en Fox News. "Fue una gran noche para México, como siempre. Este país, ya sabes, todo esto que pasa es ridículo".

Dev Patel en los premios BAFTA. ampliar foto
Dev Patel en los premios BAFTA. Dave Benett/Getty Images for The

Asia se salva por la presencia de un indio, Dev Patel, nominado a mejor actor secundario por Lion, por la cinta de animación con coproducción japonesa La tortuga roja y por la categoría de mejor película de habla no inglesa, donde Asghar Farhadi intentará ganar el Oscar en la distancia con El viajante, porque, irónicamente, él ha decidido no viajar debido a que su nacionalidad iraní está incluida en el veto migratorio que quiere impulsar Trump a pesar de tener a los jueces en contra.

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