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La democracia como “desbunkerización”

En 1987 había un único semáforo en Albania y un millón de búnkeres. El diplomático Manuel Montobbio utiliza esas construcciones como metáfora del totalitarismo

La democracia como “desbunkerización”

No es mucho lo que sabemos de Albania, probablemente el país más desconocido de Europa. Siempre estuvo envuelto bajo el halo de un exótico estalinismo tardío y de la locura de su impulsor, Enver Hoxha, que consiguió aislar a su país incluso respecto de otros países comunistas. El legado de esta férrea dictadura son los cerca de un millón de búnkeres que fueron construidos como elemento disuasorio para evitar cualquier intento de invasión. No hay zona de su territorio donde no aparezcan; en todos los tamaños, pero siempre bajo la misma forma de pétreos champiñones. En 1987 había un único semáforo en el país y un millón de búnkeres.

 El autor de este interesante libro, primer embajador de España en aquél lugar, va a hacer de estos curiosos objetos el centro de su análisis: La bunkerización del país como símil para el totalitarismo; y la “desbunkerización” como metáfora para la emancipación individual una vez que hubo comenzado la liberación del régimen en 1991. El juego dialéctico de represión/emancipación no se limita, sin embargo, -o no sólo- a la historia reciente de Albania. El objetivo del autor es valerse de él para penetrar en la naturaleza del totalitarismo y en la dificultad para liberarse de él. Al hilo de las políticas de Hoxha se nos van narrando así la multiplicidad de canales a través de los cuales el poder supremo del Estado se va interiorizando en el sujeto, “aislando el alma en un búnker”. Es el búnker interior, erigido mediante la deshumanización, la opresión y el aislamiento de quienes se rebelan.

La segunda es, si cabe, aún más fascinante, porque -siempre siguiendo el caso albanés-, se nos da cuenta del dificultoso proceso de “matar el búnker”, de la liberación interior y colectiva. En este sentido, el acceso de Albania a la democracia fue más difícil que en otros lugares por la misma eficacia con la que el régimen anterior había liquidado el ideal de libertad en el sujeto. Irónicamente, no llegó la invasión tan temida por Hoxha, sino la huida; medio país trató de buscarse la vida en otros lugares. Por otra parte, se lanzó alegremente a los peores vicios del capitalismo fácil, como ocurrió con la crisis de la pirámide financiera de 1997. Incluso, en una genial metáfora de los nuevos tiempos de la banalización de todo, algunos de los viejos búnkeres fueron convertidos en chiringuitos.

Cayó lo viejo, sí, pero no se supo cómo emprender el tortuoso camino hacia el Estado de derecho, la economía de mercado, la democracia consolidada o la misma integración europea. Para Montobbio, el problema de Albania no era sólo de democratización, también de refundación del propio Estado y de la correlativa asunción de las responsabilidades individuales que exige un régimen de libertad. “Los búnkeres se deconstruyen en el interior de cada uno”.

Con todo, lo ya dicho no acaba de dar cuenta de los muchos matices que contiene el libro, donde la prosa se alterna con largos poemas a través de los cuales el autor nos narra su propia vivencia personal de Albania. Un país que a partir de este texto ya habrá dejado de ser tan exótico y lejano.

Búnkeres. Manuel Montobbio. Barcelona: Icaria, 2015. 216 páginas. 19 euros.