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ARTE LATINOAMERICANO

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El mundo artístico del continente reivindica las aportaciones del mexicano Ulises Carrión y del peruano Juan Acha

Imagen de la retrospectiva 'Querido lector. No lea', en el Museo Reina Sofía.
Imagen de la retrospectiva 'Querido lector. No lea', en el Museo Reina Sofía. EFE

El mexicano Ulises Carrión dejó los márgenes y, de la noche a la mañana, pasó de lleno al centro de las discusiones y las publicaciones en todas partes. En México comenzó el rescate ferviente de sus obras hará ya una década. Pero sin duda la retrospectiva que este año le dedicó el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía es síntoma del interés por el trabajo de este creador inclasificable más allá de las fronteras de su país natal. Carrión está de moda. Como lo prueba, por ejemplo, la recopilación de varios de sus ejercicios lingüísticos en cuatro libros publicados por la editorial suiza Boabooks. Para algunos, esto significa la transformación de Carrión en una figura diluida, compuesta “menos de un sistema de ideas y obras que de un repertorio de anécdotas y retratos” (Heriberto Yépez). Inevitable que, una vez fuera del círculo de entendidos, Carrión sea reinventado y hasta malentendido a ratos. Todavía más pertinente resulta, entonces, una muestra como la del Reina Sofía, Querido lector. No lea, que viajará al Museo Jumex de la Ciudad de México el año que entra, entre otras cosas, por el cuidado que se puso en reunir la práctica totalidad de la obra, variadísima, de Carrión. Nada como ver de cerca el material dejado por este temprano practicante de lo que hoy llamaríamos arte contemporáneo.

Otra revisión interesante de este año es la que se está haciendo de la obra del teórico Juan Acha tanto en Perú como en México, los países donde nació y murió, respectivamente. Como uno de los principales pensadores del arte y la circunstancia latinoamericanos, Acha dedicó buena parte de su vida a observar las maneras en que los artistas de la región, conscientes de su subdesarrollo y dependencia, pero también de sus posibilidades, buscaron redefinir a finales de los setenta la noción de arte y apostaron, entonces, por lo que Acha llamó los no-objetualismos (“diferentes clases de dar la espalda al objeto puro, portable y venal de arte”). Así, el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México y el Museo de Arte Contemporáneo de Lima han emprendido dos proyectos que pasan por el formato expositivo, pero lo trascienden para aterrizar en el espacio en el que Acha se sentía más cómodo: la mesa de discusión.

Dos exposiciones que siguen abiertas y que no hay que dejar de ver: Alicia Penalba, escultora (MALBA). Una retrospectiva de la obra de esta artista argentina poco conocida. Y Hélio Oiticica: To Organize Delirium. Gran antológica de esta figura esencial del arte brasileño neoconcreto, que en 2017 podrá verse en el Art Institute of Chicago y en el Whitney Museum of American Art.