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OPINIÓN

Bob Dylan, un creador por encima de la prosa

El músico publicó 'Tarántula', un libro fallido, pero 'Crónicas' es un fabuloso mapa de recuerdos

Bob Dylan, en un concierto en Los Angeles en 2004. Ver fotogalería
Bob Dylan, en un concierto en Los Angeles en 2004. REUTERS

No se puede valorar a Bob Dylan por su obra en prosa. El autor de Like a Rolling Stone es creador de centenares de canciones, muchas de ellas magistrales, pero solo tiene dos libros, propiamente dichos a su nombre: Tarántula y Crónicas.

El primero es un disparatado y fallido experimento de literatura beat. En sus palabras, una divagación personal de prosa épica, que vino influida por su pasión con la poesía surrealista francesa, que fue acentuada por su amigo Allen Ginsberg, gran voz de la generación beat. Después de que Dylan quedase prendido de Una temporada en el infierno de Arthur Rimbaud, Ginsberg le recomendó Los cantos de Maldoror de Comte de Lautreamont y se sumergió aún más en el decadentismo artístico. No funcionó. A medio camino entre la improvisación y la pretensión literaria, Tarántula, escrito entre 1965 y 1966, naufragó. El libro no se publicó hasta 1971 y fue vapuleado por la crítica, haciendo incluso que el propio Dylan, siempre tan seguro de sí mismo, renegase de él.

No se puede decir lo mismo de Crónicas (2004), el primer volumen de unas memorias que, tal y como se pactó en su día con una cifra millonaria con la editorial Simon & Shuster, deberían tener otros dos tomos. Según su agente literario Andrew Wylie, el segundo volumen, en el que se especula que detallaría entre otras cosas la configuración de Blood on the Tracks, está en camino. Pero en el universo de Dylan, que también lo prometió en una entrevista en 2010 en Rolling Stone, eso puede no significar nada. El nuevo premio Nobel de Literatura siempre ha sido ingobernable y, por ahora, parece más preocupado en sacar discos.

Crónicas es un fabuloso mapa desordenado de sus recuerdos, desde su llegada a Nueva York a principios de los sesenta hasta saltar sin ton ni son a las sesiones de grabación del disco Oh Mercy! en los ochenta. Son impresiones personales de su tiempo y sus ídolos –Woody Guthrie, Roy Orbison, Elvis Presley…-, que desbordan una gran fuerza narrativa. En ese libro, Dylan acerca al lector a un mundo que parece extinguirse, el suyo, el de la memoria americana del siglo XX, con evocaciones literarias propias de un notable escritor. Es el mismo mundo al que, entre 2006 y 2009, el veterano músico invitaba a adentrarse a través de sus fascinantes programas de radio elaborados por él mismo. Cada programa de Theme Time Radio Hour era un viaje en el tiempo con blues, soul, country, folk y rock’n’roll, aderezados de sus irónicos y, en ocasiones –cierto-, pasionales comentarios.

No se puede medir la talla del monumental Bob Dylan por sus libros en prosa. Son un añadido, como un adorno, a lo verdaderamente esencial, trascendental: sus canciones. En ese terreno ha sido imbatible y, por eso, es el primer músico en tener un Nobel de Literatura. Por eso, ha vuelto a hacer historia.

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