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John Cleese: “No te puedes reír del dolor, pero sí de la violencia”

El miembro más alto de Monty Python recibe en Bilbao el galardón del festival Ja! a toda su trayectoria. Reconoce que es partidario del 'Brexit'

El actor John Cleese, en Bilbao.
El actor John Cleese, en Bilbao. EL PAÍS

John Cleese (Somerset, Inglaterra, 1939) aterriza en Bilbao para recibir el premio BBK Ja! a su trayectoria de más de medio siglo dedicado al humor, concepto que define como “caos emocional envuelto de tranquilidad”. Con él como vehículo y enfundado en trajes de caballero o centurión se ha reído a carcajadas de la vida moderna o el fanatismo religioso. El miembro más alto y popular de los Monty Python asegura sentirse, a sus 76 años, más guionista que actor.

Pregunta: Está aquí porque le han concedido un premio a toda una carrera. ¿Da miedo? Parece que le dan por acabado.

Respuesta: Lo cierto es que nunca he entendido muy bien los premios. Parece que no hacen daño, ¿no? En este caso es muy agradable porque así visito Bilbao con todos los gastos pagados y conozco a gente nueva e interesante. Y además molesta a la prensa británica, a la que no le gusta que el resto de europeos me hagan honores.

P: Y además lleva 20.000 euros.

R: ¡Claro!

P: ¿Preferiría que fueran libras?

R: (risas) No te rías de los ingleses solo porque nos hemos salido de la Unión Europea antes que vosotros.

P: Ya que lo menciona, ¿cómo ve la consumación del Brexit? Usted ha dicho públicamente durante la campaña del referéndum que estaba a favor de abandonar la UE. ¿Se alegra?

R: La única certeza es que nadie tiene ni idea de qué va a ocurrir. Al principio, los partidarios del remain decían que iba a ser un desastre salir. Y de momento no ha pasado nada malo. Seguimos siendo la quinta economía más importante del mundo, Europa quiere comerciar con nosotros... Yo no quería que el Reino Unido estuviera gobernado por los burócratas de Bruselas, que quieren crear una especie de súper-estado. Los alemanes hablan incluso de formar un ejército sin que nadie les haya votado. Se trata de recuperar parte de ese control que tenían los burócratas europeos, que han creado un montón de normas que no satisfacen a nadie.

P: Pero toda la campaña giró en torno a la inmigración. El ejemplo más claro era el UKIP de Nigel Farage. Su discurso xenófobo caló en mucha gente y el debate económico o político se diluyó.

R: Eso está muy bien para la prensa, pero creo que la situación es otra. La gente no se queja de extranjeros individuales, sino del número de extranjeros que tenemos. Inglaterra es un país muy poblado; Escocia, no. Con esa altísima densidad de población el país desaparece. Pero yo tengo una solución muy sencilla: dejemos que todo el mundo entre. El único problema entonces sería dónde van los ingleses. Es un tema de número, no del principio. Hay mucha, mucha gente como yo a favor del Brexit que para nada lo veía como una cuestión de inmigración solamente. Me mosquea mucho que a un señor pequeñito como Jean Claude Juncker, al que yo no dejaría ni regentar una tienda de caramelos, nos diga cómo tenemos que gobernar nuestro país. Lo primero que habría que hacer es colgarlo.

P: Volvamos a la cultura, a su oficio. Usted ha hecho humor en televisión, cine y teatro. ¿Es distinto hacer comedia en cada uno de ellos?

R: Sí, hay tipos de humor que funcionan mejor en televisión, otros en el teatro… Yo tengo 76 años y ahora he vuelto al teatro porque no está tan basado en la tecnología. Hoy en día la gente está tan cualificada técnicamente que ya casi no necesitan a los actores. Lo que me gusta del teatro es que es sencillo, directo y muy real.

P: Huye en cierta forma de la tecnología pero le gustan las redes sociales, ¿no? Tiene cuenta de Twitter y es un usuario muy activo.

R: Es que me dijeron que si tienes muchos seguidores en Twitter no tienes que preocuparte por lo que diga la prensa británica.

P: Y usted tiene 5.4 millones.

R: Sí, es que muchas veces en la prensa británica son maleducados conmigo. Y así puedo devolverles el golpe a través de mi cuenta. Y no es nada difícil porque son bastante idiotas.

P: ¿Le gusta la improvisación?

R: No. Lo hago cuando escribo. Para mí es demasiado arriesgado improvisar delante del público porque puede no funcionar. Admiro a la gente que lo hace pero a mí no me interesa.

P: Los Monty Python han sido políticamente incorrectos sobre casi todo. ¿Cree que deben existir límites al humor?

R: Nunca te puedes reír del dolor, ni físico ni psicológico, pero sí de la violencia. Por ejemplo, en la famosa escena del caballero negro, él está ahí, ves cómo le van cortando uno a uno los brazos y las piernas, y él aún quiere luchar… Claro que el público se parte de risa, pero por una razón: él no muestra ningún signo de dolor. Es como un dibujo animado, cuando Tom persigue a Jerry. Lo de ser políticamente correcto era buena idea en origen, en el sentido de que no hay que ser malvado con la gente, pero después se ha convertido en algo absurdo. El sentido del humor tiene que ver con la proporción. Todo el humor es crítico; cualquier chiste o broma encierra una crítica.

P: En La vida de Brian, por ejemplo, hay una crítica radical al fundamentalismo religioso. Si esa película la hicieran hoy generarían un revuelo enorme.

R: Sí, molestaríamos a mucha gente, pero eso no es malo. Si las personas tienen creencias tontas, les puedes decir que son tontas. El problema de las religiones organizadas es que intentan que la gente vaya contra sus propios egos, pero todas quieren ser poderosas, ricas. ¿Cómo le vas a decir a la gente que no tenga ego si tú eres el que más tiene?

P: ¿Haría algo así sobre el islam?

R: No. No quiero morir.

P: Todos esos dardos disparan contra las religiones como instituciones, como organizaciones. ¿Y el creyente de a pie?

R: Bueno, imagínate si apareciese Jesucristo en tiempos en los que se quemaba a los herejes. Vería el humo, los gritos, y se preguntaría: ¿qué pasa aquí? Entonces la gente le diría: no te han entendido bien. Y él respondería: no, vosotros no habéis entendido nada bien.

P: Otra cuestión recurrente en sus trabajos: británico VS estadounidense. Usted ha vivido muchos años en América. ¿Se le ha pegado algo?

R: Sí, ahora estoy justo en el medio.

P: ¿Qué le gusta del humor americano?

R: Que son mucho más directos que los ingleses. Pero a veces no entiendo su ironía. De hecho, los que más me gustan son los americanos que han pasado mucho tiempo en Inglaterra.

P: Un ejemplo, Donald Trump. ¿Le ve potencial como cómico?

R: (risas) ¡Pero si ya lo es! Está tarado, no es mentalmente sano.

P: Pero hay ciudadanos que le toman en serio.

R: Yo no lo entiendo. Hay muchas visiones políticas al respecto, pero cuando le escucho me queda claro que no es capaz de concentrarse en nada y que tiene poco control de sus emociones porque para él lo único importante es sentirse importante.

P: ¿Le ve ganando las elecciones?

R: No. Desde el debate, no. Cualquiera que no estuviera muy comprometido con él y haya visto el debate se ha dado cuenta de que este señor no es un adulto.

P: También en España hay marejada política desde hace tiempo. ¿Cómo la ve desde la distancia?

R: Es una pena que no se valore a este país. Hay un desempleo altísimo y eso es una tragedia para cualquier sociedad. Igual que en Italia, donde ya están pidiendo la vuelta de la lira. Me temo que la idea del euro es un fraude y va a terminar hundiéndose. En ese sentido estoy de acuerdo con Joseph Stiglitz. Los países tienen que recuperar la capacidad de devaluar su moneda si es necesario y poder gestionar así su economía.

P: Hablando de España y ya que está por aquí, ¿ha probado la paella?

R: ¡Por supuesto!

P: ¿Qué opina de la de Jaime Oliver, esa paella con chorizo que tanto revuelo ha causado en los últimos días?

R: Me parece algo muy importante. Hay un conflicto entre rusos y ucranianos, una guerra civil horrible en Siria, un enfrentamiento entre japoneses y chinos… además de todo lo que está ocurriendo en Europa. Así que es súper importante hablar en la prensa británica de si la paella tiene que llevar chorizo o no.

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