Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

El esplendor de la nueva guitarra flamenca

La última generación de la sonanta aúna destreza técnica y diversidad estilística

El guitarrista Dani de Morón, en Sevilla.
El guitarrista Dani de Morón, en Sevilla.

Cuando no hace mucho, interrogado por la situación actual de la guitarra flamenca, el guitarrista onubense Juan Carlos Romero declaraba que “lo difícil es encontrar a alguien que no toque bien”, expresaba una idea compartida por otros profesionales de la sonanta, muy dados a la vigilancia recíproca, pero también por expertos, críticos y aficionados. La observación se supone referida a una amplia promoción de guitarristas posterior a su propia generación, que es objeto de mucho debate entre los colectivos antes citados. ¿De quién o quienes estamos hablando? Para ubicarlos, un sucinto repaso a la historia reciente de este instrumento.

Tras la revolución que protagonizan los grandes genios de la segunda mitad del siglo XX -Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar o Víctor Monge, entre otros-, pródigos en dotar al instrumento de nuevas armonías, acordes y afinaciones, llegó una generación que supo ensanchar y profundizar el legado de los maestros y consolidar, al mismo tiempo, sólidas carreras. Es un grupo en el que, además del citado Romero, se integran figuras como Rafael Riqueni, Gerardo Núñez, Juan Manuel Cañizares, Vicente Amigo, José Antonio Rodríguez, Tomatito …

A ninguno de ellos nos referimos cuando citamos a los novísimos de la sonanta, sino a un nutrido grupo, muy heterogéneo y multicolor, que llena el panorama de acentos muy diversos. De edades, además, muy dispares, el supuesto grupo, más allá de su altísimo nivel técnico, se resiste a una definición global y es objeto de opiniones divergentes. Hay quien piensa que asistimos a un fecundo momento de creatividad y quien, por el contrario, echa en falta personalidad y un mensaje propio.

También sobre ese grupo sobrevuela la repetida cuestión de si la guitarra actual suena flamenca o está perdiendo su sabor, soniquete o pellizco. Es un runrún que se escucha a mayores y no tan mayores y que viene de muy lejos. A mediados de los noventa, Paco de Lucía sentenciaba en una entrevista que “por muy brillante que sea la música y por muy depurada que sea la técnica (de un guitarrista), si no huele a Andalucía y a ese aroma de los antepasados, será un buen profesional, pero no será flamenco”.

La clave parece estar en el uso -o abuso- de las nuevas afinaciones y armonizaciones, la gran aportación de generaciones anteriores, que según el experto Norberto Torres han podido alcanzar una cierta saturación y terminado por llevar a algunos guitarristas a la confusión, con discursos densos, abruptos o de lectura compleja. Unánimes ante la maestría, el reto en mantener el sabor, ya sea con los esquemas clásicos o con la moderna armonía.

Entre los novísimos los hay de todas las tendencias. Antonio Rey, por ejemplo, fue desde su primera grabación un brillante representante de los esquemas clásicos. Quizás en el polo opuesto estilístico se encuentre Dani de Morón, con un toque incuestionablemente innovador. También dijeron cosas nuevas con sus primeras obras Jesús Torres y Juan Antonio Suarez Cano. Y un guitarrista de estirpe como Niño Josele dio un giro radical a su carrera con dos trabajos en formato jazzístico. También ha mirado recientemente al jazz Santiago Lara, adaptando al flamenco composiciones de Pat Metheny. Otra vía sería la de Juan Diego Mateo, quien, tras un debut discográfico muy elogiado, transciende el flamenco interpretando música de Antonio Soteldo Musiquita. Alfredo Lagos entregó una primera y madura grabación hace apenas un año, cuando ya no era precisamente un novísimo.

Tampoco lo serían por sus trayectorias maestros como Chicuelo, Miguel Ángel Cortés, Josemi Carmona, músico de culto, o el siempre inquieto y fronterizo José Luis Montón. Incuestionable se muestra igualmente la valía de guitarristas como Carlos Piñana o Daniel Casares, los dos con trabajos recientes. También han publicado discos Javier Patino -su segundo- y los debutantes Jesús Guerrero y Rycardo Moreno, poseedor de un toque tan flamenco como sincopado. Herederos de ilustres dinastías jerezanas, Diego del Morao y Manuel Parrilla solo entregaron primeros discos –como José Quevedo Bolita-, quizás por lo demandados que están para el toque de acompañamiento. Y recientemente, llegaba de Algeciras, una nueva voz, la de José Carlos Gómez. Antes fue José Manuel León, y los dos reivindican la escuela del maestro de esa tierra.

El “sonido de España” en tres generaciones

Guitarristas de tres generaciones se encontraban programados en la XIX Bienal de Flamenco de Sevilla. Desde el maestro Manolo Sanlúcar, que ha terminado cancelando su actuación, a Jesús Guerrero, uno de los últimos en presentar disco, pasando por los consagrados Vicente Amigo, Tomatito o Gerardo Núñez. Con esta numerosa presencia, quizás se dé respuesta a la generalizada demanda de dar sitio en las programaciones a un instrumento que tanto nos representa. El periodista y también guitarrista, Pablo San Nicasio, que ha entrevistado a más de medio centenar de profesionales de las seis cuerdas (*), sintetiza esta necesidad cuando opina que en estos momentos “nuestros jóvenes guitarristas, ansiosos por reivindicar su personalidad y desprenderse del rol acompañante o pedagogo, al que parece que vuelven a verse abocados para sobrevivir, lo que necesitan es escenario”. “Es obligado volcarse con ellos y con la guitarra porque es, sin duda, el sonido de España”.

(*)Pablo San Nicasio. “Contra las Cuerdas”, maestros de la guitarra flamenca en la intimidad de la entrevista. Volumen I. Marzo 2014. Volumen II. Enero 2015. Traducción al Inglés. “Strings Attached”. Octubre 2015