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DCODE 2016

La elegancia de M Ward se impone en el Dcode

Eagles of Death Metal se llevan la mayor ovación del festival. También destacan Bear’s Den, Jimmy Eat Word y Bunbury

M Ward actuando en el Festival DCODE 2016. Ver fotogalería
M Ward actuando en el Festival DCODE 2016. EL PAÍS

Existen especies extrañas y M Ward es una de ellas. A estas alturas del siglo XXI, en el que todo parece inventado en el mundo del rock, este compositor de Portland no se puede catalogar en ninguna especie musical determinada. Demasiado clásico para lo indie, demasiado indie para los más convencionales, M Ward muestra el perfil de un músico peculiar y exquisito, con una elegancia supina en todo lo que toca.

Con sonrisa torcida y gafas de sol, saltó a las 16.45 al escenario dos del festival Dcode, que se celebra en la Ciudad Universitaria de Madrid. Lo hizo a medio fuelle, como si fuera incapaz de imponerse al aplastante calor de la sofocante tarde. Era tarea ardua. Casi imposible, viendo como parecían derretirse los más atrevidos que se acercaban a los escenarios en la primera tanda de conciertos del certamen. Pero consiguió sobreponerse, marcando una línea ascendente desde que arrancó con una apática For Beginners. Fue un primer paso titubeante. M Ward y su banda cogieron rápidamente el tono y el cantante estadounidense desplegó ya todo un muestrario de virtudes en Confession, perteneciente a su último álbum More Rain, publicado este mismo año y que no alcanza el nivel primoroso de antecesores como A Wasteland Companion, Hold Time o Post-War.

Hay algo deliciosamente extraño en su música ensoñadora. M Ward no tiene nada de crooner, en el concepto clásico del término, pero desprende un romanticismo personalísimo. Canta con un logrado abandono, con cierto recreo dulce en su lamento. Aupado por melodías finísimas, el músico ofrece canciones redondas y elegantes, que sobre el escenario del Dcode sonaron más sucias, algo más desgarradas, bajo ese brío que le da él mismo a la guitarra con pasajes eléctricos concisos y potentes y la fuerza instrumental que aporta un peso pesado de las cuerdas eléctricas como Scott McCaughey, que también ha prestado sus servicios en R.E.M. Con su característica gorra, auténtica seña de identidad de este portento melódico, McCaughey lidera los notables The Young Fresh Fellows, formación de Seattle que se arrima al power-pop, pero también se ha hecho fuerte en The Minus 5, otro grupo reivindicable para las maravillas melódicas.

El resultado fue un M Ward, al que también se le conoce el interesante proyecto de She & Him con la cantante Zooey Deschanel, llevando su cancionero a un terreno más rock, dejando por el camino su agradecida fragilidad pop. Es otra de las virtudes de su música, que, sin caer en lo retro ni el mimetismo, destapa esencias del mejor pasado. En su caso, además de su cara casi de baladista, más bien de confesor, algunas de sus mejores composiciones se asientan en el rock’n’roll de los cincuenta. Así se comprobó con todas de la ley en Temptation, incluida en su último disco. Especie extraña la de M Ward, pero especie a proteger.

Algo parecido sucede con Bear’s Den, un grupo de Londres que apuesta por un folk-rock contemporáneo y que está llamado a hacer algo grande como sus compatriotas Mumford & Sons, con los que suelen compartir cartel. Tocaron antes que M Ward y ya anticiparon que la tarde en el Dcode iba a estar protagonizada por la elegancia instrumental. Aunque contaban con un banjo haciendo filigranas, su sonido llegaba por momentos a una tímida épica pop.

Épicos fueron, sin duda, Jimmy Eat World, el grupo que desde Arizona se coló en los radiales estadounidenses a finales de los noventa con su propuesta de guitarras rozando el EMO. Fue con su aclamado disco Bleed American, en 2001, cuando su fórmula de pildorazos guitarreros, simples e hinchados, alcanzó todo el músculo triunfante. En el festival madrileño defendieron su propuesta con tablas y el carisma de su cantante Jim Adkins. Encaran las composiciones siempre en un punto alto, muy hiperestimulado todo. Pueden llegar a resultar cansinos en el concepto, pero cuando dan en la diana resultan explosivos. Sucedió con la canción Bleed American, que sonó contundente y despertó una gran ovación.

El cantante de Eagles of Death Metal, Jesse Hughes, durante su actuación en el DCODE Festival de Madrid. ver fotogalería
El cantante de Eagles of Death Metal, Jesse Hughes, durante su actuación en el DCODE Festival de Madrid.

Pero la mayor ovación corrió a cargo de Eagles of Death Metal, que triunfó por todo lo alto tras tener que suspender el año pasado sus conciertos de Madrid y Barcelona por el schock del atentado terrorista en la sala Bataclan, en París, donde sufrieron en primera persona la violencia yihadista. Toda la banda es un show en sí misma con ese look rompedor que se queda pequeño ante su rock mayúsculo y vitaminado, que tanto bebió desde sus comienzos a finales del siglo pasado de la escena de Los Ángeles. Rugían salvajes las guitarras en esa línea desert rock tan impactante mientras Jesse Hughes demostraba ser un frontman ingobernable y único.

Otro frontman de talla es Bunbury, que ofreció una actuación directa al hueso donde repasó parte de su cancionero más celebrado, como El extranjero y El club de los imposibles, pero se llevó al público de calle cuando interpretó, arropado por un grupo más que notable y contundente, canciones como Avalancha y Maldito duende, de su etapa en Héroes del Silencio. El músico zaragozano ha recuperado temas de Héroes de Silencio, cosa que no siempre es tan normal en sus giras en solitario. Ahí, entonces, y fue evidente, jugó en casa.

Jugaban también en casa Love of Lesbian, que antes que Bunbury saltaron al escenario del Dcode con el público entregado. Tras un verano repleto de actuaciones en festivales, la banda ha encontrado el punto exacto de su directo, donde la celebración propia de un evento social como un festival se combina sin fisuras con las reflexiones sentimentales de sus composiciones. Carla Morrison, toda una celebridad en México, salió a cantar con ellos y estuvieron correctos sin lanzar cohetes. Aprovecharon al final de su actuación para lanzar un mensaje de apoyo a Supersubmarina.

Eagles of Death Metal, reyes del ping pong

Que los Eagles of Death Metal son una banda mediática no debería ser por su desgraciada presencia en los trágicos atentados de París del año pasado. Ellos, que venían labrándose una carrera sólida con discos de rock duro desde que se formaron en 1998 en Palm Desert, en California, saben ganarse a la prensa con sus buenas dosis de humor, polémica y auténtica rock’n’roll life.

En el Dcode no solo el público pedía otra con fervor ayer, sino también había que ver cómo engatusaron a los periodistas en la zona de prensa concediendo entrevistas a bombo y platillo mientras bromeaban con sus pintas de rockeros de vieja escuela. De hecho, llamaron la atención de todos cuando se pusieron a jugar al ping pong con garbo y cachondeo. El carisma mediático les sobra. Ningún músico se hizo más fotos que ellos, que posaban con guiños y tatuajes. Algunos dijeron que Jesse Hughes y los suyos no se recuperarían del shock de París, pero lo han conseguido. Ayer lo comentaban: querían pasarlo bien y conseguir que sus fans y cualquiera que se acercase a verlos por curiosidad saliese de su actuación con ganas de procrear. “Fuck”, decía en inglés duro Hughes. A la vista de los resultados, ayer muchos se fueron a casa con idea de ponerse a ello.

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