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ENTREVISTA | Alma Guillermoprieto

“El periodismo hoy se parece al burrito triste de ‘Winnie the Pooh’”

Acaba de aparecer uno de los libros recopilatorios de la escritora, 'Los placeres y los días', donde recopila “aquello que me dio más placer escribir”

Alma Guillermoprieto, durante el HAY Festival de Cartagena en febrero.
Alma Guillermoprieto, durante el HAY Festival de Cartagena en febrero.

Dijo aquí Alma Guillermoprieto, una de las mejores reporteras del mundo, que el oficio al que había dedicado sus esfuerzos desde que quiso cubrir la revolución de Nicaragua, en 1977, se estaba acabando… Lo estaban matando, decía entonces, “el sentimentalismo, la condescendencia, la pobretería”. Como el cadáver del famoso poema de César Vallejo, ese oficio nuestro ha seguido muriendo, pero sigue teniendo a bordo a esta mujer que nació en México en 1949, forma parte de la Fundación para el Nuevo periodismo fundada por García Márquez, ha escrito o escribe para The Washington Post y para New Yorker y ha recogido en libros fundamentales del periodismo contemporáneo algunos de sus más célebres trabajos.

Ahora acaba de aparecer uno de esos libros recopilatorios de Alma Guillermoprieto, Los placeres y los días (Almadia, México), donde recopila “aquello que me dio más placer escribir”. Ahí están el grupo cubano Buenavista Social Club, Celia Cruz o las luchadoras cholitas de Bolivia. En este momento está trabajando sobre “el inminente acuerdo de paz entre las FARC y el Gobierno colombianos, que a tantos nos tiene contentos”.

Pregunta. ¿Por qué?

Respuesta. ¡Las FARC llevan 52 años peleando una guerra que nunca tuvieron posibilidades de ganar! Hasta una pesimista crónica como yo piensa que es mejor un país sin guerra que un país con guerra. Las tareas pendientes de la posguerra –el desminado de las zonas rurales, la justicia para las víctimas, la repartición de tierras, la reintegración de los combatientes a la vida civil—determinarán si la paz dura o no… Y, claro, falta la otra paz, con el Ejército de Liberación Nacional, que está muy en veremos todavía.

A Alma Guillermoprieto le parece que ahora hay mejor tiempo para la zona. “Estoy contenta”, dice, “porque pude ir a La Habana para cubrir la visita de Barack Obama. Entre la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba (¿hasta cuándo se podía mantener esa reliquia estúpida de la guerra fría?) y el fin de la guerra en Colombia, siento que está terminando toda una época que marcó mi vida y mi trabajo. Será un alivio voltear a ver otras cosas”.

Pero no es tan buen tiempo para el oficio, como advertía hace siete años en este mismo periódico. Para ella, el periodismo hoy se parece al burrito de Winnie the Pooh. “Ese burro de peluche está deprimido siempre y siempre piensa que lo peor es lo que va a ocurrir y que nada bueno va a pasar. Y yo pienso que el periodismo, ahora, se parece a ese burrito Igor, que anda permanentemente triste por la vida”.

¿Y qué le ha pasado al burrito? “Que no lo quieren, que nadie lo quiere. Mira lo que pasa en la campaña electoral en los Estados Unidos: lo que les fascina a Trump y a los suyos es tirarle piedras al periodismo, y eso se gana, en sus filas, un aplauso enorme. Creo que pasa también en América Latina y que en España lo que sucede no es diferente”.

“¿Qué he hecho yo para merecer esto?”, se hace Alma Guillermoprieto la pregunta de Almodóvar. “Yo siempre pienso que ellos viven en el error y que yo soy una santa… Pero no, no somos santos. De pronto hemos hecho mal en no acompañar a la gente en sus verdaderas preocupaciones. Somos finalmente una minoría, parte de una élite, aunque muchos periodistas provengamos de las clases populares. Pero ya de hecho somos una élite y nos ocupamos de las cosas que les preocupan a las clases liberales. Una de las cosas que descubrí en la revolución es que a la mayoría de la gente no le interesa la revolución. Lo que quieren es vivir en paz y a nosotros los periodistas nos interesan las revoluciones. Así que yo creo que ahí hay ese desfase entre los periodistas y la gente.

Para ella, Internet tiene que ver con esa borrasca. “Ha hecho estragos. Ha roto la plaza pública de las opiniones diferentes, y ha hecho que acudan a esa plaza multitudes que buscan a quienes opinan lo mismo que ellos. Para alguien que estudia en Texas sobre el arte renacentista en Ravenna, Internet es una bendición, porque tiene accesos a los archivos de aquella universidad italiana. Y para el periodismo ha sido una bendición también, porque podemos mandar nuestras crónicas de inmediato, y salen como las enviamos. Y, además, ha sido una bendición para el periodismo porque las investigaciones previas las podemos hacer a gran profundidad. Pero también ha traído grandes castigos. Uno de ellos es que la gente ya no tiene que acudir a mí para recibir información, puede acudir al vecino que estaba en el lugar de los hechos. Mira lo que pasó con el Chapo: lo que se vio fue el famoso videíto que alguien tomó con su teléfono. Eso está ahí y eso vale mucho más que una profunda investigación sobre los antecedentes del Chapo”.

P. ¿Y entonces cuál es nuestro papel?

R. Yo sigo pensando que nuestro papel es ser el espacio donde la gente recibe la información necesaria para entender. Ese es nuestro papel: el espacio donde la gente puede sentarse a reflexionar, el lugar donde nosotros ayudamos a la reflexión con información que no se percibe sólo con una imagen.

Internet ha llenado el mundo de opiniones, dichas a bote pronto. “Y de información chueca [falsa], las dos cosas. Cualquier opinión basada en una información de esas características es buena si a mí me conviene, si está de acuerdo con lo que yo pienso… No hay más que ver los comentarios que se publican después de los análisis o reportajes: odio y rabia que se canalizan como si fueran, también, opiniones. No quiero parecer santona, pero ahí se produce lo peor de Internet, el odio y la rabia. Pero, ojo, hay mucho periodismo en Internet que es excelente”.

P. El periodista ahora es multimedia. ¿Cuál es su definición del periodista hoy?

R. Hay muchos periodistas. Yo suelo hablar del periodista que quisiera ser: equitativa, que trata de seguir una cierta orientación moral en cuanto a lo que quiere reportear… En fin, que quisiera estar llena de virtudes. Pero, qué va, también manipulo, por mucho que trate de no hacerlo. Vi debates entre republicanos norteamericanos durante la campaña para elegir a Trump y la manipulación era atroz, los ataques a los candidatos demócratas eran desvergonzados… ¿Los periodistas que los seguían eran de veras objetivos, no estaban siendo manipulados? Los procesos de Internet hacen que esté ausente la edición que ayuda a moderarte un poco. Creo que al periodismo lo que le falta es el proceso de edición. Los editores son la gran ausencia en Internet, porque ellos obligan a no potenciar nuestro lado débil, el que se acomoda a lo que oye. La figura del editor es la gran pérdida de Internet.

P. Y cuando interviene el editor y señala que una información no se puede dar aparece la acusación de censura…

R. ¡Claro! Y la censura es una cosa muy diferente. La censura es no permitir los datos no corroborados, no permitir la propagación del odio, del racismo… Escribes lo que sabes y corroboras… El editor que cumple ese papel es un moderador. Hay quienes equiparan editar a censurar. Y yo estoy muy feliz con mis editores, que quieren mejorar lo que yo haga. Una parte del desprestigio del periodismo en América Latina es que nunca hubo editores de renglón, como se los llama, editores que verdaderamente revisen cada renglón de un texto.