Las cámaras son para el verano

Las vacaciones son un gran tema en la historia de la fotografía, explorado entre otros por Henri Cartier-Bresson y Martin Parr

Fotografía de la serie sobre las vacaciones pagadas en Francia.
Fotografía de la serie sobre las vacaciones pagadas en Francia. HENRI CARTIER-BRESSON (MAGNUM)

El 12 de junio de 1936, los Acuerdos de Matignon instauraron legalmente en Francia dos semanas de vacaciones pagadas, una de las grandes conquistas del recién elegido Gobierno del Frente Popular presidido por Léon Blum. Aquel verano, en el que un buen número de objetivos enfocaron la contienda civil al otro lado de los Pirineos, el joven fotógrafo Henri Cartier-Bresson disparó en las orillas del Sena a las familias y parejas que, en rudimentarias tiendas de campaña, disfrutaban de su tiempo de asueto remunerado. Sombreros, meriendas campestres, cañas de pescar, bebés y, aunque comparado con los estándares actuales se aprecia un exceso de ropa en los sujetos fotografiados, hay algún que otro bañador; incluso aparece un fotógrafo con cámara de madera montada sobre trípode, quizá un detalle premonitorio de la invasión de las cámaras de los teléfonos, o simplemente la prueba fehaciente del potente binomio vacación-foto.

Aunque murió antes del advenimiento del descanso remunerado, el astuto visionario George Eastman, fundador de Kodak, supo explotar el filón y desde principios del siglo XX la publicidad de sus cámaras insistía en que los recuerdos se construían a golpe de foto: la evocación de un tiempo feliz o memorable pasaba por el carrete, ya fueran reuniones familiares o la experiencia en el frente de los soldados de la guerra del 14, que llegaron a las trincheras con sus cámaras de bolsillo. El propio Cartier-Bresson tiró sus primeras imágenes con la popular Brownie de Kodak en los veraneos familiares, y es que desde la llegada de la fotografía —casi un siglo antes que las vacaciones pagadas—, la documentación del tiempo de recreo ha sido una constante.

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Si el fotógrafo francés fue uno de los primeros en documentar el veraneo obrero, otro compañero de la agencia Magnum, el británico Martin Parr, dio una contundente réplica en la Inglaterra de mediados de los 80 con The Last Resort. La serie fue disparada en New Brighton, el lujoso destino vacacional de la clase industrial de Liverpool convertido en los años de Thatcher en decadente destino de masas. A todo color, pilas de basura entre bañistas, madres en bikini, colas en el local de perritos calientes, ancianos en sillas de tela de rayas, coches de choque. ¿Quién dijo que las vacaciones fueran idílicas? El ojo irónico de Parr ha seguido cazando veraneantes despatarrados y bronceados en un atestado Benidorm o en Mar del Plata. El veraneo de playas atestadas es territorio de Parr.

Pero en esta faceta de mirón quizá pocas imágenes tan extrañas como las de las jóvenes checas que toman el sol en las fotos de Miroslav Tichy. Radicalmente opuestas a las de Parr o Cartier Bresson, perturbadoramente borrosas, repintadas, montadas sobre cartulinas, esas mujeres quedan exentas de contexto, como si hubieran sido soñadas por Tichy.

De observador del veraneo ajeno al propio, de mirón a descubridor de la propia intimidad familar, esa es la ruta que tomó la cámara de Peter Marlow. Ahí están los trabajadores soviéticos en Sochi en 1981 junto a las series de fotos de sus vacaciones familiares que arrancan apenas unos años después y recorren las playas y montañas de Galicia, Italia, Grecia, Estados Unidos, como una conversación recurrente, feliz, tranquila.

Si la firma de Matignon anunció en 1936 la llegada de las vacaciones para todos, el iPhone trajo en 2007 la fotografía digital a las masas. Añádase a la mezcla el fenómeno de las redes sociales y ahí están los 500 millones de usuarios de Instagram, 100 millones de los cuales se han sumado en el último año. Las vacaciones son con mucho uno de los temas favoritos de esos usuarios, que mientras capturan imágenes y las comparten, construyen sus propias ficciones fotográficas cara a la galería. Aconseja Martin Parr que “cuando uno esté de vacaciones debe tomar fotos de las excursiones y los buenos ratos, pero también debe documentar cuando las cosas no van según lo planeado”. No sonrían.

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Sobre la firma

Andrea Aguilar

Es periodista cultural. Licenciada en Historia y Políticas por la Universidad de Kent, fue becada por el Graduate School of Journalism de la Universidad de Columbia en Nueva York. Su trabajo, con un foco especial en el mundo literario, también ha aparecido en revistas como The Paris Review o The Reading Room Journal.

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