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CRÍTICA | CABALLO GANADOR

Sueño de clase trabajadora

Las carreras de caballos siempre fueron el deporte de los terratenientes. Pero 23 personas decidieron reunir dinero para comprar una yegua pura sangre

Fotograma de 'Caballo ganador'.
Fotograma de 'Caballo ganador'.

Como también ocurre en el fútbol, los magnates del petróleo y el gas afincados en el Reino Unido, en su afán de nuevos ricos, de integración aristocrática a fuerza de talonario, invierten millones de libras en el hipódromo. Pero no en las apuestas, sino en los caballos mismos, en su crianza, en la compra de los mejores ejemplares y en su preparación, con el objetivo de ganar los mejores derbis. Y, aun así, no lo consiguen. En el deporte, lejos de las matemáticas, de la ciencia, se impone la naturaleza, el talento, quizá el genio. Como el del grupito de habitantes de un poblacho de Gales que, un buen día, decidió dar el paso desde las carreras de galgos a las de caballos. Gente sencilla de propósito humilde, ver qué pasa, pero con un disputa interna de mayor calado: un desafío a las clases altas, que nunca vieron con buenos ojos que los plebeyos se metieran en sus entretenimientos. Hay en Caballo ganador, documental de Louise Osmond sobre una historia real, una maravillosa revolución social y política.

CABALLO GANADOR

Dirección: Louise Osmond.

Género: documental. Reino Unido, 2015.

Duración: 85 minutos.

Las carreras de caballos siempre fueron el deporte de los terratenientes, de la aristocracia. Pero 23 personas, una limpiadora de supermercado, un ex minero, el dueño de un pub..., en un golpe de genial locura, decidieron poner cada una 10 libras a la semana para comprar una yegua pura sangre; luego, un semental; y rezar para que el potro resultante de la reunión llegara algún día a poder participar en una carrera, que al menos no se arrastrara por el hipódromo y quedara último. Osmond, la directora, lo cuenta con una mezcla de documentos históricos audiovisuales (vídeos caseros y retransmisiones televisivas), fotografías, entrevistas contemporáneas y sutiles representaciones sin texto. Junto a ello, bonitos juegos con el sonido y el montaje, y planos de apoyo de inspiración simbólica para unir secuencias.

El resultado es un documento emocionantísimo en su sencillez sobre un animal de clase trabajadora, lo que une a sus criaturas y a la película, que sólo decae en algún instante puntual, cuando se duplican texto e imagen. Caballo ganador posee todo lo que tiene que tener un gran relato: protagonistas con carisma, ascensos y caídas, giros sorprendentes y final inesperado. El de una de esas revolucionarias historias más grandes que la vida.