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CRÍTICA | TODO SALDRÁ BIEN

Hermanas de sangre

Es tan antipática como las vidas que retrata, lo que no debería ser un defecto si no fuera porque acumula conflictos sin que surjan de un modo natural

Mercedes Hoyos e Isabel Ampudia, en el filme.
Mercedes Hoyos e Isabel Ampudia, en el filme.

A la vera del éxito de Solas, basado en la escrupulosa credibilidad de ambientes, lenguaje, conflictos e interpretaciones, una serie de directores andaluces miraron de frente a la realidad social de su tierra para, armados por una rendija de aire fresco en una sociedad con excesiva tendencia al rancio costumbrismo, cuando no al clasismo y al machismo, componer relatos veraces sobre la tragedia de la cotidianidad. Uno de esos autores fue Jesús Ponce, con la notable 15 días contigo (2005) y la desigual pero traviesa Déjate caer (2007), la primera con la búsqueda de la felicidad, el alcoholismo y los sin techo como protagonistas, y la segunda con esa generación de ninis veinteañeros de barrio o pueblo a los que se les va la vida haciendo nada.

TODO SALDRÁ BIEN

Dirección: Jesús Ponce.

Intérpretes: Isabel Ampudia, Mercedes Hoyos, Víctor Clavijo, Darío Paso.

Género: drama. España, 2015.

Duración: 90 minutos.

Con esas mismas ganas de hablar de los problemas que realmente nos afectan en el minuto a minuto, Ponce regresa con Todo saldrá bien, película de cámara de apenas dos personajes, pero muy reconocibles: dos hermanas maduras, una en el pueblo, otra en Madrid; la primera, cuidadora a tiempo completo de una madre moribunda, la segunda, huidiza y también maltratada por la ciudad, de regreso al hogar para, más pronto que tarde, asistir a la muerte materna y por fin pasar página. Una película en la que Ponce cae en un error muy común, pero que no tenían sus dos primeras películas: una exasperante explicitud que hace que todo se tenga que verbalizar en unos minutos, que subraya cada subtexto y cada conflicto, en la que no hay margen de ambigüedad.

Sin apenas música, Todo saldrá bien es tan antipática como las vidas que retrata, lo que no debería ser un defecto si no fuera porque, a pesar de su muy potente desenlace, lo mejor de la función junto a la esforzada labor de sus actrices, Isabel Ampudia y Mercedes Hoyos, acumula conflictos sin que surjan de un modo natural.