Este es el sonido de Viena: belleza y serenidad

Regresa a España la orquesta sinfónica del Concierto de Año Nuevo para inaugurar los ciclos de la Fundación Ibermúsica

La Filarmónica de Viena, en un concierto.
La Filarmónica de Viena, en un concierto.

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Las orquestas sinfónicas son más que la suma de sus partes. Más que la conjunción de sus miembros. Por encima de los intríngulis personales de sus integrantes, magistralmente parodiados por Julio Cortázar en Un tal Lucas, late una personalidad colectiva. Y esa personalidad se traduce en sonido. Bruno Walter recordaba en 1960 la primera vez que escuchó el sonido de la Filarmónica de Viena. Esa suerte de baile interior. De amalgamas ideales; de la madera con la cuerda y el metal con la percusión. Belleza y serenidad. “Este es el sonido de Viena”, recalcó entonces el gran director alemán. Pero también reconoció que nada había cambiado: “La orquesta suena exactamente igual que en 1897 a pesar de no conservar obviamente ningún integrante de aquella época”. Hoy puede decirse prácticamente lo mismo. Y hasta podría demostrarse científicamente.

La Filarmónica de Viena es el único conjunto sinfónico del mundo que dispone de un instituto acústico, integrado en la Universidad de Música y Arte Dramático de la capital austríaca, que vela por la conservación de su sonido. Por mantener este “dialecto vienés” en materia orquestal.

“Nuestra orquesta existe desde 1842 y su sonido se transmite de generación en generación”, reconoce a EL PAÍS Andreas Großbauer (Graz, 1974), presidente y violinista de la Filarmónica de Viena, que hoy actuará en el Auditorio Nacional de Madrid para inaugurar los ciclos de la Fundación Ibermúsica. “Todos los integrantes de nuestra orquesta se han formado con otros miembros de la misma en el pasado. Yo mismo estudié con Alfred Staar al igual que otros quince violinistas del conjunto”, aclara. Recalca la flexibilidad adquirida en el foso de la Ópera Estatal de Viena, pues los músicos forman también parte de esa orquesta: “Además de los compromisos sinfónicos tocamos prácticamente cada día una ópera diferente: Mozart, Verdi, Wagner, Richard Strauss”, anota. Pero no olvida su sala de conciertos, la mítica Sala Dorada del Musikverein, que desde 1870 ha contribuido a crear su ideal sonoro. “Estamos muy felices de tener esta sala cuyo sonido abierto y equilibrado tratamos de reproducir en cada uno de los auditorios donde actuamos”, reconoce.

Pero hay más. La orquesta vienesa utiliza variantes instrumentales locales para el oboe, la trompa, el clarinete, la trompeta o el fagot. Incluso el timbal dispone de una membrana de piel de cabra en lugar de la habitual plástica. “Son diferencias autóctonas que añaden pequeños detalles al sonido de nuestra orquesta y que vienen del pasado”, aclara Großbauer. Y concluye: “Todo esto tiene que ver con la mentalidad de la gente que vive aquí”. En realidad, la orquesta cuenta hoy con integrantes de 15 países, aunque la mayoría son austríacos. Esta mentalidad conservadora ha sido objeto de polémica y se ha acusado a la orquesta de actitudes sexistas y racistas.

“Todo eso está cambiando en la orquesta y somos cada vez más internacionales o tenemos más integrantes femeninas”, admite Großbauer, quien no duda en reconocer que no le preocupa la evolución del sonido de la orquesta siempre que no afecte a su calidad. Incluso la orquesta se ha embarcado en los últimos años en proyectos humanitarios, el último destinado a ayudar a los refugiados sirios. “Acabamos de construir una casa cerca de Viena para acoger a familias de refugiados que hemos inaugurado el pasado 15 de junio dándoles un concierto de bienvenida”, informa.

Jonathan Nott (Solihull, 1962) será el encargado de dirigir la orquesta en el concierto de esta tarde. El director inglés sustituye in extremis al italiano Daniele Gatti por enfermedad. Nott ha mantenido el mismo programa con obras de Beethoven, Richard Strauss y Brahms, que en Barcelona dirigirá su compatriota Daniel Harding. E incluso se ha hecho cargo de la grabación de Das Lied von der Erde de Mahler que la orquesta vienesa acaba de registrar con el tenor Jonas Kaufmann para Sony.

Al término de esa sesión explicó a EL PAÍS cómo ve el sonido de la Filarmónica vienesa: “Tengo formación vocal y debo reconocer que me fascina el uso continuo de la línea cantable en la cuerda de la Filarmónica de Viena. Los violines tienen esa forma tan lenta de pasar el arco que aporta una increíble plenitud y homogeneidad al sonido”. Coincide en su fascinación con Pablo Heras-Casado (Granada, 1977), que debutó al frente de la orquesta vienesa el pasado enero y se convirtió prácticamente en el primer español que sube a su podio, tras Plácido Domingo. En declaraciones a EL PAÍS, Heras-Casado, que dirigió un programa de Mendelssohn en sustitución del fallecido Nikolaus Harnoncourt, no duda en resaltar la flexibilidad y homogeneidad del sonido de la orquesta: “Produce una especie de velo que conecta naturalmente cada una de sus secciones”, concluye.

Un director colombiano y un pianista español

Al podio de la Filarmónica de Viena también ha llegado la ola de jóvenes directores hispanoamericanos. El venezolano Gustavo Dudamel dirigirá el próximo Concierto de Año Nuevo y el domingo veremos al colombiano Andrés Orozco-Estrada (Medellín, 1977). Dirigirá obras de Kodaly y Rachmaninov, pero también Beethoven con Javier Perianes (Nerva, 1978) como solista. Perianes ha confesado a EL PAÍS el honor que suponer tocar con una orquesta tan legendaria: "Debutar con esta formación en un concierto como el Cuarto de Beethoven supone un lujo doble al tratarse además de una orquesta con un claro vínculo beethoveniano en su bagaje histórico"

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