Rafik Schami: “Un dictador teme más al amor que a la razón”

El reconocido autor sirio, que escribe en alemán, publica ‘Sofía o el origen de todas las historias’, intriga de pasiones y amistades prohibidas bajo el régimen de El Asad

Rafik Shami el pasado mayo en Fráncfort.
Rafik Shami el pasado mayo en Fráncfort.Michael Zegers

Rafik Schami (Damasco, 1946), el escritor sirio que encandiló a los alemanes y a medio mundo con El lado oscuro del amor, solo se acuerda de Suheil Fadél cuando Hacienda llama a su puerta. Se olvidó de él antes incluso de abandonar Siria hace 45 años porque temió que, de no hacerlo, su familia sería perseguida. Fadél no era peligroso pero sí incómodo para Hafez el Asad, el padre del sátrapa que hoy bombardea a civiles. Los textos satíricos que este exmilitante del Partido Comunista escribía en revistas clandestinas sentaban al régimen casi peor que la onda expansiva de un coche bomba.

—Llámeme Rafik, por favor. Solo recuerdo que me llamo Suheil Fadél cuando tengo que pagar multas o llega la hora de los impuestos— bromea antes de sentarse a hablar, en una terraza de Fráncfort, sobre Sofía o el origen de todas las historias (Salamandra), una intriga de amores prohibidos, corrupción y amistad que abre los ojos, a quien aún no lo haya hecho, sobre la dictadura que oprime a la población siria y que está hoy en el centro de una de las más terribles guerras que ha vivido Oriente Próximo.

El damasceno que conquistó a Alemania

  • Rafik Schami dejó Siria hace 45 años y no ha vuelto. Ha vendido más de 350.000 copias de El lado oscuro del amor (2004) y 100.000 de Sofía o el origen de todas las historias (2015) solo en Alemania, donde se instaló.
  • Doctor en Químicas, trabajó en la Universidad y en una multinacional farmacéutica.
  • Escribe en alemán sobre Siria, donde está considerado persona non grata, y es un apasionado de las lecturas y narraciones públicas.
  • Admirador de Camilleri y Markaris, sus maestros son Cervantes, Scherezade y los autores de la Biblia.

El protagonista de la novela, recién publicada en España, es Salman Báladi, un acaudalado hombre de negocios damasceno afincado en Roma que aprovecha una amnistía para volver a su país tras 40 años en el exilio sin sospechar que un familiar despechado va a poner en riesgo la plácida vida que comparte con su mujer, Stella, y su hijo, Paolo. “La novela tiene mucho de autobiográfico, sí”, confía el escritor, “pero no todo. A mí también me traicionaron, pero yo no le pongo los cuernos a mi mujer…”.

Rafik Schami, literalmente amigo de Damasco, o Suheil Fadél, como prefieran, criado en una familia rica de la minoría aramea y educado en un reputado colegio de jesuitas con las élites del país, es uno de los escritores sirios más conocidos del mundo y uno de los más brillantes que ha dado Alemania en las últimas décadas. A este país, el primero que le abrió sus puertas, llegó en 1971, huyendo de la censura y de un servicio militar que le hubiese obligado a investigar en armas químicas, sin saber una palabra de alemán y sin tener muy claro aún a cuál de sus vocaciones iba a consagrar su vida. Su porte de caballero ha dado cobijo desde siempre a dos almas, la científica y la de contador de historias, que descubrió de niño y cultivó de palabra —y aún cultiva con éxito— alentado por un profesor que le perdonaba los deberes cada vez que regalaba una narración a sus compañeros. Un buen día sus amigos le animaron a poner aquellas fábulas por escrito. Comenzó a hacerlo en árabe, pero hoy solo emplea el alemán literario que aprendió, tozudo y pertinaz, copiando libros de autores como Thomas Mann, cuando sus textos fueron rechazados en los países árabes.

—¿Le gustaría ser Salman y volver a su país?

—He roto con Siria y esa ruptura está en el origen del libro. Salman vuelve a Siria porque yo no voy a volver.

El escritor, traducido a 30 idiomas, no quiere saber nada de su país, donde está considerado persona non grata y solo ha logrado introducir sus libros de forma clandestina. Al menos, hasta que caigan El Asad y los 15 servicios secretos de los que “es prisionero” y que controlan a una población asediada por el Estado Islámico y aturdida tras ver morir en este lustro de cruenta guerra a más de 240.000 personas y huir fuera de sus fronteras a cinco millones “porque no tienen otra alternativa al hambre y las bombas”. “La única esperanza es que caigan. Pero no se podrá construir un Estado democrático sin los alauíes. Habrá que integrarlos y perdonar. La población siria debe darse la mano”. La reconstrucción del país, en todo caso —advierte—, llevará tiempo y necesitará del apoyo de otros países de la región, que ahora financian al ISIS, y también de EE UU y de esa Europa que “actúa en contra de sus valores”. “Siria no solo está destruida por fuera”, dice. “Está destruida por dentro. Hay hermanos enfrentados, familias separadas. Ha ocurrido como en la Guerra Civil española”.

Sofía... no es una novela sobre la guerra civil, es el retrato de una sociedad multirreligiosa y multicultural incapaz de romper con estructuras atávicas heredadas que Schami conoce como si allí viviera porque ha construido un archivo inmenso de estudios sobre calles, costumbres y tradiciones. “El primer paso que debe dar Siria, como otros países de la región, es la separación entre la religión y el Estado, pero hay muchas transformaciones pendientes. Siria necesita una reforma radical que empiece por la destrucción del sistema de clanes. Y eso no se logrará sin un sistema sanitario que evite que sea la familia quien deba ocuparse de los enfermos, sin ayudas al desempleo u otras similares que existen en Europa”.

Autor multipremiado

La literatura de Schami, editor de literatura árabe y ganador de numerosos premios, es literatura sobre Siria, sí, pero también sobre el triunfo del amor. El escritor vive obsesionado por las trabas que imponen países como el suyo a las relaciones entre personas de distintos clanes o religiones. Padre de un hijo y casado con la ilustradora Root Leeb, que da personalidad a las portadas de sus libros, tiene motivos para ello. El primero tiene que ver con sus padres. Ella, empleada doméstica de origen muy humilde; él, panadero de familia rica, cometieron el crimen de enamorase y tuvieron que huir del país. El segundo gran motivo lo presenció un día en Damasco mientras bebía té en el balcón de su casa: un chico mató a su hermana, musulmana, por deshonrar a su familia con un cristiano. “Cuando era niño, eran muy frecuentes los asesinatos por amores prohibidos. Es una enfermedad que destruye al ser humano y está destruyendo a los países árabes”, sentencia. “Siendo adolescente me preguntaba por qué esa mujer o ese hombre se sacrificaban por niños, extranjeros, enfermos... Y entonces llegaron las primeras crisis sociales, personales, donde la razón no ayudaba, solo ayudaba el amor. La razón es oportunista, el amor es altruista. Por eso lo temen los dictadores más que a la razón y lo prohíben. Se puede comprar a gente razonable, pero no a quien ama”.

Palabra de Schami o de Suheil Fadél, como prefieran.

“Europa tiene que facilitar un lugar seguro a los refugiados”

Rafik Schami es muy crítico con la Europa que le acogió hace 45 años cuando decidió dejar de vivir bajo la opresión de la familia El Asad y buscar una salida legal para estudiar en Alemania porque es la misma que hoy levanta muros y alambradas. “Sí, es cierto, Europa no puede acoger a todos los refugiados, pero tiene que facilitarles un sitio seguro”, dice. “El problema es que falta liderazgo. Los políticos europeos parecen representantes de empresas, solo les interesan las ventas y el dinero”, lamenta. “Mi consejo suena patético, pero se trata de volver a los valores europeos y defenderlos más que los cuadriculados negocios”.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS