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CRÍTICA | FREEHELD

Una dignidad en lucha

Un telefilme conmovedor de fondo verídico con los lujosos mimbres de un reparto solidísimo

Ellen Page y Julianne Moore, en el filme.
Ellen Page y Julianne Moore, en el filme.

Galardonado en 2008 con el Óscar al mejor cortometraje documental y con el premio especial del jurado en Sundance, Freeheld, de Cynthia Wade, se centraba en la lucha que mantuvo la teniente de policía de New Jersey Laurel Hester con los legisladores del condado de Ocean para lograr, después de que le fuera diagnosticado un cáncer terminal, que su compañera sentimental pudiera ser beneficiaria de la pensión de viudedad que nunca hubiese sido objeto de discusión si se hubiese tratado de una pareja heterosexual. La campaña promovida por el movimiento activista Garden Estate Equality por los derechos de la población gay, lésbica y transgénero de New Jersey fue clave para la resolución del conflicto, que también trajo consigo la aprobación de la ley para el matrimonio civil entre personas del mismo sexo dentro de un estado que, tradicionalmente, se había distinguido por sus políticas conservadoras en esa materia.

FREEHELD

Dirección: Peter Sollett.

Intérpretes: Julianne Moore, Elaine Page, Michael Shannon, Stece Carell.

Género: drama. Estados Unidos, 2015.

Duración: 103 minutos.

Imágenes documentales del tenso pulso entre la policía enferma frente a unos legisladores, en principio, impermeables a la compasión y testimonios directos de todos los protagonistas del caso conformaban la materia prima de un trabajo que, no obstante, manejaba una frase que sonaba tan chirriante como el eslogan promocional de un telefilme diseñado para compungir sobremesas: “Después de varios años combatiendo la injusticia en nombre de los demás… Laurel está luchando ahora por sus propios derechos”. Un high-concept sentimental de primer orden que Hollywood no ha desaprovechado: Freeheld, la película de ficción que ha dirigido Peter Sollett, director de Nick y Nora, una noche de música y amor (2008), sobre el mismo caso real es, básicamente, eso; un telefilme conmovedor de fondo verídico con los lujosos mimbres de un reparto solidísimo, un secundario flamboyant –Steve Carell-, saltos de tono y género más caprichosos que estrictamente necesarios y un tronado apego a la convención.