CRÍTICA | LA VENGANZA DE JANE
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

‘Western de asedio’

Que la primera secuencia sea un homenaje explícito a Centauros del desierto es una muestra de buen gusto y un atrevimiento de mal gusto

Que la primera secuencia de La venganza de Jane sea un homenaje explícito a Centauros del desierto es una muestra de buen gusto y un atrevimiento de mal gusto. Acariciar el mito, tocar el arte, ya desde los primeros planos, casi exactos, con la llegada del familiar exhausto, del perdedor de vuelta al hogar, desde el punto de la vista de la mujer, saliendo de la casa, elogio del marco, imagen pictórica, apoteosis de la sombra, es ponerse un listón insuperable, además de una pista sobre la falta de autenticidad y de voz propia. Y sin embargo, a los amantes del western nos hace cosquillas. Bienvenida sea otra película del Oeste, meritoria a pesar de todo, con cierto aroma a polvo, pasión, lujuria y recompensa.

LA VENGANZA DE JANE

Dirección: Gavin O'Connor.

Intérpretes: Natalie Portman, Joel Edgerton, Ewan McGregor, Noah Emmerich, Rodrigo Santoro.

Género: western. EE UU, 2016.

Duración: 98 minutos.

Las películas de espera y asedio ambientadas en el Oeste son un clásico, con Río Bravo, de Hawks, como principal punto de referencia, exportable luego a thrillers de toda condición, a obras maestras como Perros de paja, de Peckinpah, y Asalto a la comisaría del distrito 13, de Carpenter, como grandísimos hijos bastardos. Y por ahí quiere resoplar La venganza de Jane (Jane cogió su fusil, en su mucho más potente y referencial título original), producción de dificultoso rodaje, a lo largo de tres años, que empezó comandando Lynne Ramsay, la autora de Tenemos que hablar de Kevin, pero a la que no se le notan falsos pespuntes. Si acaso, un ritmo algo moroso.

Gavin O'Connor, director final, más cerca de la artesanía clásica de lo que seguramente habría estado la más atrevida Ramsay, con esos encadenados de imágenes y esos flashbacks que responden a la emoción mientras hacen avanzar el argumento, centra su mirada en el bello y carismático rostro de Natalie Portman. Y conforma una película quizá por debajo de las expectativas de su lujoso reparto, pero por encima de cualquier cosa que no sea tener un puñado de westerns que echarse a la boca cada año.

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Sobre la firma

Javier Ocaña

Crítico de cine de EL PAÍS desde 2003. Profesor de cine para la Junta de Colegios Mayores de Madrid. Colaborador de 'Hoy por hoy', en la SER y de 'Historia de nuestro cine', en La2 de TVE. Autor de 'De Blancanieves a Kurosawa: La aventura de ver cine con los hijos'. Una vida disfrutando de las películas; media vida intentando desentrañar su arte.

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