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Pablo Heras dirige esta noche la gala de los 125 años del Carnegie Hall

En una gala presentada por Richard Gere, el músico granadino se juntará en el escenario con Lang Lang, Yo-Yo Ma y Renée Fleming, entre otros

Pablo Heras-Casado, en el Teatro Real, en septiembre de 2014.
Pablo Heras-Casado, en el Teatro Real, en septiembre de 2014.

Pablo Heras-Casado no se deja impresionar mucho por las mitologías. Pero cuando esta noche aparezca en la sala grande del Carnegie Hall neoyorquino para celebrar los 125 años de uno de los auditorios bandera a nivel mundial, no podrá evitar quien fue el primer músico que se subió a ese podio hace hoy siglo y cuarto: “Fue Chaikovski, en persona. Y esas cosas se notan, esa energía de tantas noches grandes, se sienten”, comenta el director de orquesta granadino.

Que le hayan invitado a conmemorar esas fechas supone muchas cosas en su carrera. Sobre todo en el cariz que va tomando esta en Estados Unidos, donde Heras-Casado, a sus 38 años, va consolidándose como titular de la Orquesta St Luke’s y habitual en las temporadas del Metropolitan, en una de las figuras emergentes indiscutibles de la dirección de orquesta.

Por la gala, que será presentada por el actor Richard Gere, circularán artistas como el pianista Lang-Lang, el violinista Itzak Perlman, el chelista Yo-Yo Ma, la soprano Renée Fleming o cantantes como Steve Taylor. Ayer por la noche, a escasas 24 horas de su actuación, Heras-Casado rememoraba su primera vez en el auditorio neoyorquino: “Fue en 2008, en la sala de cámara. Con un programa en el que abordaba piezas desde Bach a Eliot Carter, toda una declaración de intenciones por mi parte”, aseguraba a EL PAÍS. Hace escasamente dos meses volvió a aparecer en el escenario junto al pianista español Javier Perianes. Fue la primera vez que ambos, los dos músicos andaluces con mayor proyección internacional de su generación, actuaban juntos.

Si bien su repertorio comenzó muy volcado al barroco, la música antigua y a lo contemporáneo, el granadino ha ido adentrándose en otros terrenos que este año también le han hecho triunfar junto a orquestas como la Filarmónica de Viena, con la que debutó en enero con otra de sus debilidades: Félix Mendelssohn. Este 2016, no podía comenzar mejor en su caso.

Nueva York se ha convertido para él en una parada obligada y ya nada excepcional. “La primera vez que aterricé aquí, quedé muy impresionado, escribí impresiones para guardarlas y compartirlas con mi gente, pero sin darme cuenta, trabajar aquí se convirtió en algo natural”. Aun así, lo de esta noche no tiene nada de natural, sino que será, sin duda, absolutamente especial.