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CLÁSICA

Paul Lewis, el caminante del piano sin raíces musicales

El reputado intérprete británico, que actúa en España, explica que su objetivo es que “el público tenga la sensación de viajar”

El pianista inglés Paul Lewis, en marzo de 2014, en Bovingdon (Reino Unido).
El pianista inglés Paul Lewis, en marzo de 2014, en Bovingdon (Reino Unido).

Paul Lewis (Liverpool, 1972) comenzó a estudiar piano con la imaginación antes que con los dedos. En su caso fue primero la música y después la técnica, lo puramente intelectual por delante de lo estrictamente físico. Ya con cuatro años jugaba a ser pianista con un organillo electrónico Bontempi, pero tendría que esperar hasta los 12 para enfrentarse a un teclado de verdad. “Me hubiera encantado empezar antes, pero no había profesor de piano en la escuela y mis padres no podían pagarme uno privado”, confiesa. No tuvo una niñez difícil, si exceptuamos las consabidas estrecheces de tantas familias trabajadoras del norte de Inglaterra durante el thatcherismo. Y en su casa, las inclinaciones musicales de sus padres no pasaban del country de John Denver.

“Buena parte de mi educación musical se la debo a los discos. Tuve la suerte de tener una estupenda fonoteca pública cerca de casa y con ocho años empecé a sacar tres elepés semanalmente que después grababa en casete y escuchaba sin parar”. Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Brahms, Liszt o Musorgski, Lewis conoció casi todos su repertorios antes de tocarlos. Principalmente en las versiones grabadas por Alfred Brendel para Vox, que fue primero su ídolo y después su maestro tras graduarse en la Guildhall School de Londres en 1993.

Del mítico pianista austriaco ya retirado aprendió su capacidad para equilibrar los detalles de una obra y darles sentido en relación con el conjunto: “Mi objetivo es conseguir que el público tenga la sensación de que viaja mientras escucha una composición, pues de lo contrario, tocar se convierte en producir una mera sucesión de bellos sonidos”. Pero Brendel también enseñó a Lewis sus secretos en el manejo de la articulación y el pedal para trascender el sonido del instrumento. Ir más allá de lo puramente pianístico para encontrar lo vocal en Schubert, o lo orquestal en Liszt: “Si escuchas antes en tu cabeza el sonido que quieres crear en el piano tienes la mitad del camino recorrido”.

El gran pianista británico atendió a EL PAÍS en Viena justo antes de iniciar en Madrid y Ourense una gira internacional de recitales este mayo. Tocará obras de Schubert, Brahms y Liszt que alternará con una integral de los conciertos pianísticos de Beethoven en el Chipping Candem Music Festival. “Suelo planificar los programas de mis recitales en relación con mis grabaciones, aunque Beethoven y Schubert siguen siendo el centro de mi repertorio”, aclara.

Después de grabar para Harmonia Mundi la integral de las sonatas y conciertos o las Variaciones Diabelli de Beethoven ahora planea acometer sus bagatelas. De Schubert ha registrado las sonatas pianísticas de los últimos seis años y ahora quiere centrarse en las anteriores, como la D. 575, de 1817 que tocará hoy martes en el Auditorio Nacional, en Madrid: “Es una de sus sonatas más experimentales, con ese Andante plagado de interesantes modulaciones”. Tenía Schubert por entonces veinte años, los mismos que Brahms cuando escribió las 4 Baladas Op. 10, que Lewis ha programado a continuación como muestra de lo que ambos escribían con la misma edad.

El programa se completa con el Brahms maduro de los 3 Intermezzi Op. 117 y la Sonata Dante de Liszt, un compositor para él mucho más noble, tierno y expresivo que virtuosístico: “En esta pieza me interesa más que el público sienta y vea lo que representa Liszt, esas almas que se lamentan desde el infierno o que festejan desde el cielo”.

Su último disco dedicado a Brahms, que acaba de lanzar Harmonia Mundi, le ha permitido superar un bloqueo personal con ese compositor: “Hace cuatro o cinco años tuve que dejar de tocar su música pues me parecía todo tan perfecto en sus composiciones que me sentía atado y no encontraba espacio para expresarme”.

Lewis ofrece una versión ideal del Primer concierto para piano brahmsiano por su equilibrio entre lo sinfónico y camerístico, aunque ha decidido posponer la grabación del segundo. Planea más registros de su música junto a sonatas de Haydn y Weber o su primer disco dedicado a Bach. También está en proceso de superar sus problemas con Chopin, cuyas composiciones adora pero donde no encuentra la misma naturalidad que en Mozart o Musorgski: “Lo estoy intentando y a ver si lo consigo”.

De clase trabajadora

De padre estibador y sin formación musical en su familia, Paul Lewis (Liverpool, 1972) se formó en la biblioteca pública escuchando discos, sobre todo del pianista Alfred Brendel.
Empezó a estudiar piano con 12 años, y culminó su preparación en la elistista Guildhall School de Londres.
Continuador de Alfred Brendel por su forma de tocar y por el repertorio, Paul Lewis ha desarrolllado su estilo, que le ha situado como uno de los intérpretes más destacados de la actualidad, especialmente en Beethoven y Schubert.
Actúa hoy martes en Madrid (Auditorio Nacional) y el jueves en Ourense (Teatro Principal).