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Exactitud y ligereza, las propuestas necesarias de Calvino

Carlo Ossola rinde homenaje al autor italiano con motivo de los 30 años de su muerte y presenta el libro 'Italo Calvino: Universos y paradojas'

Carlo Ossola, en la editorial Siruela, de Madrid, el pasado noviembre
Carlo Ossola, en la editorial Siruela, de Madrid, el pasado noviembre

Belleza y verdad son indisociables en Italo Calvino (1923-1985). Innegociables. Era la concepción de vida, arte y literatura del joven agrónomo que se hizo editor y escritor de referencia. Y treinta años después de su muerte la vigencia de las mismas no solo se revitalizan sino que ganan, afirma Carlo Ossola, considerado el máximo experto en la obra del autor italiano y profesor del Colegio de Francia. Lo hace en la sede de Siruela en Madrid, la editorial que publica al escritor italiano en España, durante la presentación de su libro Italo Calvino. Universos y paradojas (Siruela).

El mundo de Calvino está en la frontera entre lo real, lo posible y lo imposible. Era el escritor del detalle, de la huella del ser humano en las cosas. En él, el mundo no es solo panorámico, es sobre todo un primer plano humanizado por el rastro que dejan las personas en sus lugares.

“Considera el detalle de la descripción como la base de todo”, explica Ossola. “Sin una descripción precisa de las cosas no se puede reflexionar de la misma manera de algo que no lo hace. La narración debe ver las cosas y meditarlas. Calvino es el punto de unión entre el existencialismo y el iluminismo”.

Propuestas necesarias

Para quienes no conozcan el territorio Calvino, el mejor cuento para entrar en él, según el profesor Ossola, es El barón rampante , “luego puede seguir con las historias de Las cosmicómicas, y después llegar hasta la novela Palomar. Sin olvidarnos de la parte teórica con Por qué leer a los clásicos”. ¿Pero qué libro puede unir todo eso? “La parábola de Un rey escucha. Lo importante no es el poder, sino una razón para vivir, aunque eso signifique perderse”, responde.

De las famosas Seis propuestas para el próximo milenio, el profesor Ossola reconoce que todas son importantes: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad y consistencia. Pero para estos tiempos valora mucho la exactitud: “Hay que nombrar las cosas exactamente, porque si no las nombramos de forma correcta nace el engaño. Y si nace el engaño nace la revuelta, y si nace la revuelta no nace la armonía”.

La propuesta que echa en falta es la ligereza: “Ha sido mal entendida. Se piensa como algo superficial. Pero para Calvino era quitar todo lo que pesaba del mundo de las ideas para llevar. De lo que se trata es de la facilidad de comprensión de las razones”.

Ossola recuerda en su ensayo sobre Italo Calvino la idea del autor italiano sobre “el momento que ya no vuelve más”; el momento de tomar una decisión, de decir algo, de hacer lo que has pensado porque si no se hace ya no vuelve. El riesgo, aceptar el desafío". ¿Acaso se arriesga menos que antes? “Hoy nos han quitado la idea de que somos partícipes de algo en la historia del mundo. Eso de decir y considerarnos nativos digitales reduce todo a los dedos. Ya no existe la idea de que podemos intervenir con un gesto o con un salto. Se trata de mostrar paradójicamente nuestra corporeidad, pero ahora eso está reducido a nuestra presencia. Sin el cuerpo nada es presencia. A fuerza de jugar con los fantasmas nos convertimos en fantasmas”.

Hay que recuperar al menos ese espacio del cuerpo como espacio ético y político, aboga Ossola: "Significa cultural y democráticamente dejar el espacio del cuerpo a los demás. Entonces es impensable quitar el espacio vital a quien vive a quien emigre siga viviendo. Calvino es un escritor de una ética profunda”.