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El disco con el que Héroes del Silencio se hicieron grandes

La banda reedita 'Senderos de traición', que cumple 25 años

Héroes del Silencio Ampliar foto
Los cuatro miembros de Héroes del Silencio en 1990.

Ensayaban en un local “desastroso”, en el que se filtraba hasta el ruido de la lavadora del vecino de arriba, pero allí se gestaron algunas de las mejores canciones del rock español. Así lo recuerdan Pedro Andreu y Joaquín Cardiel, antiguos batería y bajista de Héroes del Silencio, mientras miran de reojo la portada de Senderos de traición, reeditado por Parlophone con motivo del 25 aniversario del disco. Un trabajo incuestionable, hijo de una férrea disciplina de dos ensayos diarios durante todo el año que dieron sus frutos: "Una tarde llegué al local y estaba Juan tocando, tenía algún aparato nuevo y estaba con el delay de Entre dos tierras. Me gustó y me senté a tocar sobre lo que tocaba. Había mogollón de energía, y cuando apareció Joaquín con el timbre que faltaba pensé que teníamos un gran temazo”, recuerda Andreu. “A Enrique le costó un poco más entrar al trapo de la canción, ha estado más en otras músicas tirando a Bowie, Van Morrison… le gustaba más esa otra línea, y al principio no estaba muy convencido, pero acabó siendo el hit de la banda”.

Conseguir el inicio definitivo de Entre dos tierras les costó horas de ensayo y error, “la tocamos como setecientas veces”, confiesan ahora, cerveza en mano, dos de los miembros del cuarteto maño que completaban Enrique Bunbury y Juan Valdivia. Se tomaban el trabajo “muy en serio, con un punto más de profesionalidad, con aires de creérnoslo mucho, y eso nos diferenciaba, la confianza”. Para no romper la concentración, durante los ensayos “no podía entrar nadie en el local, y nadie tocaba cuando no tenía que hacerlo”. La grabación del álbum, en los estudios Kirios de Madrid en el año 90, corrió a cargo de Phil Manzanera: “Entendía al grupo, tenía prestigio internacional y por fin pudimos ver nuestras canciones plasmadas como Dios manda”, recuerda Cardiel. Sabían que tenían “muy buen repertorio” y grabar “casi en directo” les resultó “muy cómodo”. No atendían a modas: “No hay elementos forzados, no hay una producción buscando algo del momento, sino que suene bien siempre”, aclara Andreu. Remasterizado, se corona imperecedero.

Las letras oscuras y brillantes de Bunbury abordaron temas espinosos, como la droga en Maldito duende y Hechizo y la prostitución en Con nombre de guerra, pero el único problema llegó con el vídeo de Entre dos tierras, ya que “la MTV lo censuró, recortó la pelea de gallos”. En Oración invitaban a la acción, una canción que ilustra los tiempos que corren, pero no la cederían para uso político: “Nunca nos la han pedido, saben que les diríamos que ni de coña. No somos muy amigos de ideologías. Aunque las tengamos, el grupo es el grupo”.

Acompañando al disco, el DVD del concierto que ofrecieron en el Hipódromo de Madrid el 22 de junio de 1991 ante 120.000 personas, junto a Gabinete Caligari y El Último de la Fila. “Era una forma de poner una pica en España y de reivindicar al grupo”, y la prensa se posicionó: “Los que nos querían, nos quisieron más y los que nos odiaban nos odiaron más”. Pasiones encontradas, como todo lo que gusta en exceso: “No tuvimos tiempo de autocriticarnos, ya teníamos bastante ración de palo por ahí”.

Este trabajo supuso “un punto de inflexión en cuanto a popularidad”, pero también un extra de confianza interna: “Nos hizo más seguros. Nos dio la razón para seguir siendo lo que éramos”. Y su intensa historia acabó en 1996, tras doce años, cuatro discos y cientos de conciertos. El grupo “se auto-consumió. Era una democracia tiránica, si alguien decía que no a algo, no se hacía. No parábamos, no había un año de descanso, y al final nos extinguimos”, mantiene Cardiel. Andreu declara que “la banda murió de cansancio. No acertamos en el momento, porque hacía horas que nos habían ofrecido hacer una gira en Japón, me moriré con las ganas de haber ido allí a tocar”. En su historia también reconocen problemas de ego: “Existen en cualquier pareja y éramos una pareja de cuatro. En Enrique y Juan, muy potentes”, expresa el bajista, a lo que el batería matiza que “potentes éramos todos, pero quizá a ellos les resulta más fácil tener ese ego a flor de piel”. Aún así, Cardiel cree que “si nos juntáramos los cuatro a tomar cañas olvidando todo lo que ha pasado seguramente sería otra cosa. A veces nos quedamos con lo peor del pasado y no vemos lo positivo”.

En 2007 resucitaron para una gira apoteósica de diez conciertos, pero desde entonces niegan haber recibido tentativas económicas: “La gente sabe que si hacemos algo será porque queremos nosotros. Por el momento están las cosas detenidas, pero si me necesitan estoy listo para salir a tocar”, sentencia el batería. “Yo mañana mismo, si hace falta”, se suma su compañero.

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