Jesús de Polanco, guerras y venturas de un gran empresario

Mercedes Cabrera convierte la biografía del editor en un gran fresco de las batallas en el mundo editorial y la comunicación hasta las vísperas de la Gran Recesión

Jesús de Polanco (a la izquierda) enseña las instalaciones de EL PAÍS a Manuel Fraga en junio de 1976.
Jesús de Polanco (a la izquierda) enseña las instalaciones de EL PAÍS a Manuel Fraga en junio de 1976.César Lucas

El 24 de marzo de 2007, pocos meses antes de su muerte, Jesús de Polanco, presidente del grupo PRISA, evocaba en la junta de accionistas el otoño de 1977, cuando empezó —según dijo— “una guerra civil dentro del accionariado de El País para apoderarse de El País”, un diario nacido de una especie de coalición entre orteguianos, monárquicos y fraguistas. Fue una guerra larga, que solo terminó cinco años después, cuando Polanco “tomó la presidencia y quedó ya todo consolidado”, con una estructura interna y una solvencia económica capaz de resistir nuevos ataques y emprender otras batallas.

Tal vez nadie mejor equipada para dar cuenta de aquella guerra, y de todas las que siguieron, que Mercedes Cabrera, que tiene en su haber, aparte de varios estudios sobre patronales, dos excelentes biografías de empresarios: la de Nicolás María Urgoiti, fundador de El Sol, y la de Juan March, a quien Cambó llamó último pirata del Mediterráneo. Con este bagaje, Cabrera ha afrontado el desafío de narrar, con la cercana distancia propia de la mejor historia, la vida como capitán de empresa de Jesús de Polanco, protagonista de algunas de las turbulencias que tuvieron su origen en la patológica relación entre políticos y periodistas, con jueces y empresarios al fondo, establecida en los años de transición a la democracia.

La autora se atreve a narrar la vida del protagonista de turbulencias con origen en la relación patológica entre políticos y periodistas

Y es que no hay en la biografía empresarial de Polanco, desde sus inicios como fundador, junto a Francisco Pérez González, de la editorial Santillana, ningún periodo en el que las aguas no bajaran turbulentas. A las primeras escaramuzas entre accionistas de PRISA, que Cabrera documenta con un detallado análisis de las actas de los consejos de administración, siguió la guerra abierta por el control de la empresa, con García Trevijano comprando bajo cuerda un buen lote de acciones que le sirviera de trampolín para poner el periódico bajo control de los monárquicos de José María de Areil­za. Luego, cuando el éxito de lectores y el volumen de dividendos mostró la perdurable fortaleza del pacto de Sacha entre el periodista Juan Luis Cebrián y el empresario Jesús de Polanco, los ataques vendrían de fuera, con el sambenito de “diario gubernamental” cargado sobre la espaldas de El País desde el Abc de los Anson y sus denigratorias leyendas a pie de foto.

Ninguno de estos enfrentamientos internos o ataques externos es suficiente para que Mercedes Cabrera pierda el norte ni el tono de su relato. Tampoco los perderá cuando las primeras batallas dejen paso a la auténtica persecución desencadenada por los populares cuando logran horadar el techo fijado por Fraga y alcancen el Gobierno. Porque PRISA no será solo El País, ni Polanco se limitará a ser el consejero delegado y luego presidente de una empresa editora de un periódico. Cuando va mediada la historia y El País se ha consolidado como primer diario en lengua española, PRISA se transforma en un holding de empresas que quiere abarcarlo todo: desde la edición de libros, con la incorporación de Santillana y la compra de varios sellos editoriales, hasta la radio, con la SER, y la televisión de pago, con Sogecable, sin olvidar las librerías Crisol.

Su larga experiencia como historiadora de empresas y empresarios sirve a Cabrera para moverse con soltura por el complejo mundo de las finanzas y mercados de la comunicación

Y en este punto es donde su larga experiencia como historiadora de empresas y empresarios sirve a Cabrera para moverse con soltura por el complejo mundo de las finanzas y mercados de la comunicación y conducir a sus lectores por sus intrincados laberintos: compra de empresas, fusiones, envidias y rencores, luchas por el reparto del pastel del fútbol, acciones que suben y bajan, balances y una deuda en continuo crecimiento. Desde el Gobierno del PP se decide que es menester no ya detener esa carrera, sino liquidar al primero de los competidores. Una de las páginas más oprobiosas de la enfermiza relación entre Gobiernos y medios de comunicación será el intento de José M. Aznar y de Pedro J. Ramírez, tras el pacto de Nochevieja de 1996, de fabricar su propio conglomerado multimedia metiendo en la cárcel —con la ayuda del juez Gómez de Liaño, luego condenado por prevaricación continuada— a Cebrián y Polanco, los dos responsables del éxito de PRISA.

Fracasaron, y aquí se cuentan muy bien no solo los motivos, sino lo que cada cual dijo o cómo actuó en aquella perversa circunstancia. Es ahora el Polanco endurecido por la resistencia el que, después de aguantar y ganar la más dura batalla, se lanza a la conquista de los nuevos territorios abiertos por la revolución digital, un empeño que solo la enfermedad y la muerte podrán truncar. Su biografía como empresario, desde los primeros pasos de Santillana por tierras de América hasta la expansión de PRISA por el ciberespacio, se convierte en un gran fresco de las batallas que han punteado la transformación experimentada por el mundo de la edición, la comunicación y el entretenimiento desde los planes de desarrollo hasta las vísperas de la Gran Recesión. Quizá Mercedes Cabrera se sienta algún día con ánimo de contarnos qué ocurrió con todo este legado después del muy sentido adiós a Jesús de Polanco que cierra esta larga historia.

Jesús de Polanco (1929-2007). Capitán de empresas. Mercedes Cabrera. Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2015. 480 páginas. 24 euros

Un hombre de acción

La novedad de Santillana
"La gran novedad de Santillana fue prescindir de los textos de autor. Pancho [Francisco Pérez González] había salido 'escaldado' de algunas experiencias de libros de encargo porque los autores incumplían sus compromisos, y en el caso de los libros escolares, los plazos eran obligados porque los marcaba el inicio del curso. Así que Emiliano Martínez se dedicó a poner en pie equipos propios de la editorial, encargados de diseñar y dar contenido a los libros de primaria. (…). Los libros de Santillana eran innovadores desde todos los puntos de vista. Muchos pensaron que la editorial se estrellaría, porque los libros no eran de autores conocidos en el mundo de la enseñanza y no contaba con comerciales expertos. Pero Jesús de Polanco puso al frente de esta actividad a Eduardo Cortes, hermano de Juan Antonio, socio y directivo suyo en Santillana. (…). En poco tiempo organizó una pequeña red de representantes, que con esos libros en las manos comenzaron a visitar centros escolares, hablaban con maestros y profesores para conocer sus necesidades y les explicaban las peculiaridades de los libros, estableciéndose así una red de centros y de visitantes. Gracias a ello, la colección para primaria 'El árbol alegre' fue un éxito no sólo en colegios de alto nivel, en las ciudades, sino en muchas escuelas de barriadas populares y zonas poco desarrolladas".

El intento de golpe de Estado del 23-F
"Corrió el rumor de que una columna de blindados avanzaba sobre la sede de EL PAÍS, y eso pudo motivar que se cerraran las puertas. Muchos miembros de la redacción, empleados y trabajadores estaban ya dentro. Se discutió acaloradamente qué hacer, y Cebrián defendió la necesidad de sacar una edición especial con urgencia. Todos estaban en contra del golpe pero hubo quien temió que sacar el periódico a la calle supusiera un riesgo sin retorno para EL PAÍS, para sus directivos y para sus empleados. Incluso años más tarde, enfangado el periódico en nuevas guerras, hubo quien dijo que el propio Polanco había estado en contra de la decisión. Se improvisó un número extraordinario de 16 páginas [...] Se consiguió que aquella primera edición entrara en el Congreso, y según quedó grabado en el anecdotario de EL PAÍS, quienes allí dentro pudieron ver un ejemplar lo tomaron como demostración de que el golpe había fracasado".

La relación con el PSOE (y una demanda)
"El País apoyó muchos de los cambios anunciados e introducidos por los Gobiernos de Felipe González, pero manifestó sus discrepancias a los dos años del comienzo de la era socialista, en el primer debate sobre el estado de la nación, y también al hacerse balance de la primera legislatura. Criticó especialmente su política de orden público, de seguridad y garantía de libertades, incluida la de expresión, centrando sus ataques en el Ministerio del Interior. La llamada ley 'antiterrorista' del ministro José Barrionuevo fue tachada por El País de anticonstitucional, y los comentarios llegaron a tal extremo que el ministro presentó una demanda civil contra PRISA y contra Juan Luis Cebrián por difamación y daño al honor en las informaciones sobre el asesinato del dirigente de Herri Batasuna Santiago Brouard en Bilbao".

De Radio El País a la SER
"Radio El País inició su andadura en junio de 1983. Con mucha prudencia, según advirtió Polanco, porque había que aprender qué era el mundo de la radio. Apenas unos meses más tarde, el todavía consejero delegado de PRISA confesaba que, según los primeros sondeos de audiencia, Radio El País iba 'tropezando'. En diciembre se solicitó un cambio de frecuencia, para evitar las interferencias con las emisiones de Radio Nacional desde Torre España. Se hizo un plan de rentabilidad y se redujeron gastos para adecuarse a una audiencia que apenas superaba los 60.000 oyentes. No iba a pasar de ahí fácilmente. Para entonces, Polanco había llegado a la conclusión de que la manera de entrar con fuerza en el medio radiofónico era hacerse con el control de alguna de las grandes cadenas ya establecidas. De ahí vino la compra de acciones de la SER".

Conservador y demócrata
"Jesús de Polanco nunca se tuvo por una persona de izquierdas, sino por alguien conservador o incluso 'de derechas', eso sí, demócrata y defensor de la apuesta por la modernización y europeización de España. Había tenido buenas relaciones con muchos políticos de Unión de Centro Democrático (UCD), incluso con Adolfo Suárez, y había conocido a Felipe González muy pronto. Habían almorzado y cenado juntos en bastantes ocasiones, pero no eran amigos entonces. Lo fueron más tarde, cuando el líder socialista abandonó el Gobierno".

(Fragmentos de la biografía de Jesús de Polanco escrita por Mercedes Cabrera)

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