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‘La gran odalisca’ de Ingres ya deslumbra en el Museo del Prado

La obra se adelanta a la exposición que el museo dedicará al pintor francés con 60 piezas

El cuadro 'La gran Odalisca', de Jean-August Dominique Ingres, en el Museo del Prado
El cuadro 'La gran Odalisca', de Jean-August Dominique Ingres, en el Museo del Prado.

Bella como pocas pese a sus irregularidades, La gran odalisca pintada por Jean-Auguste- Dominique Ingres (1780-1867) cuelga ya en las paredes del Museo del Prado. Procedente del Museo del Louvre, este singular desnudo femenino forma parte de las 60 obras que integran la exposición Ingres, que se mostrará en Madrid desde el 24 de noviembre hasta el 27 de marzo de 2016. Será la primera gran muestra que se le dedique en España a uno de los pintores más influyentes y significativos del arte universal. Curiosamente, es un artista inexistente en las colecciones públicas españolas. Solo la Casa de Alba cuenta con un dibujo preparatorio de Felipe V imponiendo el Toisón de Oro al mariscal de Berwick, fechado en 1817.

La llegada e instalación de La gran odalisca se escenificó en el museo justo después de que la Fundación AXA, empresa patrocinadora de la exposición, renovara su compromiso como benefactor de la pinacoteca durante los próximos cuatro años; una colaboración que comenzó en 1999 y durante la que se han podido ver exposiciones como Turner y los maestros, El último Rafael, Velázquez y la familia de Felipe IV o Goya en Madrid. Firmaron el acuerdo José Pedro Pérez Llorca, presidente del Patronato; Miguel Zugaza, director del museo; Jean Paul Rignault, presidente de la Fundación AXA, y Josep Alfonso, director de la entidad.

Pero la protagonista del día era La gran odalisca. Personificación de la sensualidad más pura o del placer más intenso, la mirada verde oscuro de esta jovencita atrapa la atención del espectador desde la parte central de un lienzo de 91 por 162 centímetros. Tocada con un turbante, la chica aparece recostada sobre un diván mostrando la parte posterior de su cuerpo en una contorsión imposible que solo se rompe con la inclusión de un abanico de plumas de avestruz y una pipa colocadas al final de sus muslos. De presentarla y dar a conocer su azarosa historia se ocupó Carlos González Navarro, comisario de la que será una de las exposiciones del año en España.

El cuadro fue pintado en 1814 por encargo de Carolina Murat, la hermana menor de Napoleón, para adornar su palacio napolitano junto a un desnudo frontal, titulado La bella durmiente, obra que se pierde cuando los Murat caen en Nápoles. “Es un desnudo singular”, explica el experto. “Porque frente a la representación platónica del desnudo, Ingres opta por la representación carnal. La diferencia de este desnudo frente a otros consiste en que esta odalisca es una perfecta representación de la sensualidad y el placer. Frente a los desnudos racionales, este es puramente pasional”.

El Salón de París

Un duro momento para esta bella trabajadora del harén fue cuando el artista decidió exponerla en el Salón de París en 1819. “Las reacciones fueron tremendas”, cuenta González Navarro. “Se tachó la obra de obscena. Y lo peor: de escasa precisión anatómica de la protagonista. Armados con un metro, midieron su espalda y concluyeron que tenía tres vértebras de más. Tuvo que ser Luis XVIII el encargado de zanjar el debate argumentando que la única imperfección de la obra estaba en la manera en la que el artista había firmado el cuadro, desbordando la parte inferior derecha”. El monarca intentó hacerse con el cuadro, pero se le adelantó un poderoso banquero de la época. Se sabe que el siguiente propietario fue un aristócrata que la guardaba en su dormitorio cubierta con una tela, pero que pese a su amor por la pintura, acabó vendiéndola al Louvre a través de un marchante. En 1907 pasó a formar parte de la sala de los desnudos del museo y fue colgada junto a otra dama no menos bella y escandalosa: la Olympia de Édouard Manet.

Desde entonces, esta odalisca ha salido de su lugar privilegiado del Louvre en contadas ocasiones. Dos veces, para ser protegida durante la I y la II Guerra Mundial. En 2003 viajó a Roma para una exposición y hasta el 27 de marzo se quedará en Madrid.

A lo largo de estos días irán llegando los cuadros que formarán una exposición ordenada de manera cronológica y temática. Además de la colaboración especial del Louvre y del museo Ingres de Mountauban, ciudad natal del artista, hay préstamos de colecciones públicas y privadas belgas, inglesas, italianas y estadounidenses. Los retratos ocuparán una parte esencial del recorrido, con obras tan conocidos como Monsieur Bertin, La condesa de Haussonville o Napoleón I en el Trono Imperial. Los desnudos formarán otro importante capítulo, ya que además de La gran Odalisca, se expondrá El baño turco.

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