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La vida de Lampedusa entre sus 4.000 libros

La Casa del Lector evoca en una exposición al solitario creador de ‘El gatopardo’

El escritor Giuseppe Tomasi di Lampedusa, en los jardines de su casa en Palermo en 1956.
El escritor Giuseppe Tomasi di Lampedusa, en los jardines de su casa en Palermo en 1956.

"Si queremos que todo siga igual, es necesario que todo cambie". Esta celebérrima frase de El gatopardo es quizás una de las citas literarias más repetida "y más tergiversada", comentó ayer el director de la Casa del Libro, César Antonio Molina, en la presentación de la exposición Giuseppe Tomasi di Lampedusa (Palermo, 1896 - Roma, 1957): Leer bien para vivir mejor, con la que el centro cultural ubicado en Matadero Madrid disecciona la vida y obra del autor italiano. La muestra —comisariada por Gioacchino Lanza Tomasi, hijo adoptivo de Lampedusa, y la crítica literaria Mercedes Monmany— se abre con fotos del escritor, desde su feliz infancia entre palacios hasta su palacio bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial, y con el secreter francés del siglo XIX que el palermitano llenó de fichas azules para catalogar los 4.000 volúmenes de su biblioteca, de los que unos pocos ilustran la exposición.

También en esa primera sala hay objetos personales, como una pitillera de plata, de su aristocrático bisabuelo, Giulio Fabrizio Tomasi, en quien se inspiró para contar la vida del príncipe de Salina, interpretado en la versión cinematográfica de Luchino Visconti por Burt Lancaster. Un retrato al óleo de 1855 de Tomasi precede a lo que Molina calificó "de joya de esta exposición" visitable hasta el 21 de febrero el manuscrito —letra pequeña en renglones rectos y hasta el límite del papel— de El gatopardo de 1957, abierto por la página que contiene las famosas palabras llenas de cinismo que el joven Tancredi le dice a su tío, el príncipe de Salina.

Lampedusa solo fue escritor los últimos cuatro años de su existencia, de hecho, su novela se publicó póstumamente, en 1959. Al final de su vida frecuentó los cafés de Palermo y dio clases de literatura a varios jóvenes que le tomaron como modelo por sus exquisitos gustos, uno de ellos Lanza Tomasi. De esa labor docente quedaron unas 1.000 páginas manuscritas repletas de comentarios —reflejados en paneles— sobre sus autores favoritos, retratados para la ocasión por el ilustrador Fernando Vicente: Shakespeare, Lord Byron, Montaigne, Racine… Y españoles —sentía pasión por El Buscón, de Quevedo— que les dio a conocer su hijo adoptivo por ser su madre biológica una española. Muestra de ello está en una de las anotaciones de su agenda del 16 de diciembre de 1955: "A las 17.30 viene Giò, leemos juntos Lope de Vega". Lanza Tomasi, musicólogo y que ha sido director artístico de varios teatros italianos, fue quien se encargó de cuidar y difundir el legado de su padre adoptivo, que murió sin herederos.

Manuscrito de 'El gatopardo', de Lampedusa. ampliar foto
Manuscrito de 'El gatopardo', de Lampedusa.

Lanza Tomasi habló del carácter de Lampedusa, que se burlaba de todo, "incluso de sí mismo", de su vida solitaria entre libros, de la mujer del autor, la psicoanalista Alexandra Wolff-Stomersee, y del enrevesado proceso de publicación de El gatopardo. Él se afanó en revisar la primera edición, repleta de errores, para lanzar una nueva versión, en 1969, que es la que se conoce hoy sobre Salina, su sobrino Tancredi y la historia de amor del joven fogoso con la bella Angelica.

En el recorrido, organizado en colaboración con la Embajada de Italia y el Instituto Italiano de Cultura, se suceden sentencias de El gatopardo que subrayan la sabiduría de su autor: "El amor. Un año de ardor y llamas, y luego treinta de cenizas"; "Un hombre de 45 años puede creerse aún joven, hasta que cae en la cuenta de que tiene hijos en la edad de amar". Para llegar a la parte final, los coloridos carteles y fotos de la obra de Visconti, de 1963, que ganó ese año la Palma de Oro en el Festival de Cannes.