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Gómez y Elejalde dialogan sobre la emoción del teatro

Los actores inician el ciclo El Puente de la Abadía con EL PAÍS

“Siento mi trabajo como un sacerdocio”. El actor José Luis Gómez afirmó ayer en su segunda casa, el teatro que dirige, La Abadía, que se siente “un veterano con plenas facultades”. Gómez se sentó con su colega Israel Elejalde, quien se confesó su alumno desde que le diera su primera oportunidad con 26 años. Ambos protagonizaron la primera de las charlas del ciclo El Puente de La Abadía, un proyecto de EL PAÍS y el citado teatro que cada mes reunirá a dos personajes de la escena para dialogar sobre su profesión y el aprendizaje del artista. Moderó la charla el periodista Juan Cruz, adjunto al director de este diario. También asistió Antonio Caño, director de EL PAÍS y actrices como Julia Gutiérrez Caba, entre otros.

Ambos actores charlaron sobre la pasión como único modo de vivir su oficio, que convierte la escena en un espejo donde se refleja el público. “Hay veces que no hay espacio para más que estar impregnado con las emociones, pero debe haber una razonable distancia con lo que uno observa”, aseveró Gómez. Elejalde profundizó en este sentido, en el modo en el que un intérprete aprovecha las vivencias: “Hay momentos en los que entras en ciertas obsesiones, como cuando murió mi madre; yo era consciente pero una parte de mí estaba fuera, soy actor y no puedo dejar pasar eso”.

El periodista Juan Cruz, los actores José Luis Gómez e Israel Elejalde y el director de EL PAÍS, Antonio Caño. ampliar foto
El periodista Juan Cruz, los actores José Luis Gómez e Israel Elejalde y el director de EL PAÍS, Antonio Caño.

El moderador les inquirió si cada función es una obra de arte en sí misma. “Sí, por supuesto, cada pase es sutilmente distinto. Esta sutileza se nota en el ambiente y en la artesanía de nuestro trabajo”, respondió Gómez.

Nacer para el recuerdo

Momentos antes, Elejalde había despertado la sonrisa de los asistentes al contar con pasión cómo recuerda incluso funciones que nunca ha visto, pero que le han contado. “Lo que me emociona del teatro es que se hace para ser recordado, porque nunca se podrá ver la misma función dos veces”, recalcó.

También abordaron la parte menos romántica de su oficio. “No siempre surge esa llama, porque el teatro también tiene una parte comercial, claro”, reconoció Elejalde. Fue él quien lanzó una de las afirmaciones más curiosas: “El teatro es un sitio de peligro”. Gómez lo respaldó: “Cada noche te expones. Por mucho que ensayes, nunca sabes lo que va a pasar”. Para Elejalde, ese peligro se traduce en “no saber vivir de otra manera, tener que cuidar la voz, el cuerpo, la mente…”.

Ambos intérpretes recalcaron la importancia de que el artista no abandone jamás su formación: “Debe archivar un bagaje humano intenso y rico; si no lo hace, su trabajo no tendrá la riqueza que sí tienen las grandes creaciones de los poetas”.

Maestro y alumno cara a cara. El aprendiz contó algo al público que tiene claro tras más de dos décadas de carrera: “El teatro da luz donde existe oscuridad”.

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