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El hipotético viaje de Picasso entre París y Berlín

Málaga enfrenta por primera vez la obra del pintor con la de los artistas alemanes coetáneos

Dos visitantes del Museo Picasso, junto a la obra de George Grosz 'Escena callejera (1925)' Ampliar foto
Dos visitantes del Museo Picasso, junto a la obra de George Grosz 'Escena callejera (1925)'

¿Cuáles eran los vínculos, divergencias, reacciones y afinidades entre la obra de Pablo Picasso y la nueva pintura moderna alemana? Abundan los estudios sobre los vínculos de la obra del genio malagueño con España, su país natal, y Francia, el de elección y adopción, pero la relación con el arte y sus coetáneos germanos es un terreno desconocido en el que se adentra la nueva exposición temporal del Museo Picasso Málaga (MPM). La muestra se plantea como un viaje de ida y vuelta entre París y Berlín, con un diálogo entre el anfitrión y 17 artistas clásicos modernos y tres maestros alemanes a través de 22 hitos.

Picasso. Registros alemanes es el resultado de tres años de investigación del equipo de la pinacoteca malagueña. Se exhiben 75 obras de Picasso y más de 100 trabajos de artistas como Max Beckmann, Otto Dix, Max Ernst, George Grosz, August Macke, Wassily Kandisky, Ernst Ludwig Kirchner, Emil Nolde o Lucas Cranach el Joven. Una parte documental con distintos archivos y testimonios contextualiza el montaje. En total, alrededor de medio millar de piezas, con préstamos de 16 instituciones (entre ellas, el Brücke-Museum Berlín, el Pompidou de París y el Picasso de Barcelona), galerías y colecciones particulares.

La temática es “novedosa” y el objetivo es aportar “nuevos matices”, ha dicho este lunes en Málaga el director artístico del MPM y comisario de la muestra, José Lebrero. El relato expositivo recorre 50 años. El punto de partida es 1905, cuando en París empieza a asentarse la idea del artista moderno y se “cocina” el Cubismo, y en la alemana Dresde se constituye el colectivo de artistas expresionistas El Puente (Die Brücke).

El final se ha fijado en 1955, año en que Alemania intenta “volver a engancharse” a las vanguardias de principios de siglo, además de poner en valor lo que el nazismo había denigrado como “arte degenerado”, a través de la exposición internacional documenta 1, en Kassel, actualmente uno de los encuentros de arte contemporáneo de referencia en todo el mundo. En ese encuentro, ese año, la obra de Picasso se expuso por primera vez junto a la de estos artistas germanos.

El pintor malagueño no visitó nunca Alemania. Pero en ese país, su obra se estudió y se coleccionó desde el principio, explica Lebrero. La exposición exhibe tanto el interés como la resistencia que Picasso produjo en los pintores alemanes de su generación. En cuanto al creador malagueño, se sintió atraído por el Renacimiento tardío germano, pero poco más. “A Picasso no le interesan estos artistas. Estaba ocupado en sus asuntos”, añade el comisario de la muestra, que puede visitarse hasta el 21 de febrero de 2016 y cuenta con la colaboración el Instituto Goethe de Madrid.

En el lado contrario, ocurrió algo parecido, pero por desconfianza. “La influencia de Picasso [en estos artistas] fue relativa y se le vio más bien como un enemigo a batir. Lo estudiaron a fondo, pero era una referencia peligrosa por su potencialidad”, añade el director artístico del MPM.

Renacentistas alemanes como Lucas Cranach, el Viejo y el Joven, y Alberto Durero sí interesaron al pintor malagueño en las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado. A esta influencia está dedicada una parte de la muestra, con ejemplos claros como la serie en blanco y negro que Picasso hizo inspirándose en el grabado David y Betsabé de Cranach el Viejo, de 1525.

El recorrido se hace a través de 22 hitos en los que las obras de ambas partes se enfrentan, con temáticas y circunstancias comunes, pese a las diferencias. Porque Picasso hizo un viaje iniciático por Italia en 1917, cuatro años después de que Emil Nolde lo hiciera por el Pacífico, y todos ellos experimentaron con el retrato y se interesaron por el circo y por la naturaleza y los espacios libres, por ejemplo. Lo que late en la exposición, en opinión de su comisario, es la relación “intensa y tensa” de los dos modos de entender la cultura, el francés y el alemán.