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Los celtas invaden el Museo Británico

Una exposición con 250 objetos explora 2.500 años de arte de pueblos europeos diversos que acabó convergiendo en la idea de una identidad común

Detalle del Caldero de Gundestrup, recipiente ritual hallado en Himmerland, Dinamarca en 1891.
Detalle del Caldero de Gundestrup, recipiente ritual hallado en Himmerland, Dinamarca en 1891.

Desde el escudo de un guerrero de la Edad de Hierro hasta camisetas que relatan batallas futbolísticas de nuestro tiempo, el heterogéneo despliegue que estrena el Museo Británico esta semana en Celtas: Arte e Identidad(hasta el 31 de enero) pretende recrear nada menos que 2.500 años de arte e identidad celta, una etiqueta de difícil encuadre y sujeta a la controversia. “¿Quiénes son los celtas?”, es la premisa de una exposición en su sede londinense que pone el acento en cómo el acervo de pueblos procedentes de tiempos, culturas y geografías diversas ha sido reinventado a lo largo de los siglos hasta converger en la idea de una identidad común.

Un precioso ejemplar datado en el siglo XV del clarsch —el arpa que se toca en tierras irlandesas y escocesas desde hace un milenio— se exhibe a la entrada de la muestra junto a un tejido de 1896 en el que brilla el rojo de la antigua divinidad de dragón o la distintiva cruz anillada y esculpida en piedra. Emblemas todos ellos de las modernas naciones celtas, aunque los ejecutores de las piezas que se suceden a lo largo de la exposición pertenecieron a comunidades sin el nexo de una etnia o una lengua común, y nunca se llamaron a sí mismas celtas. A través del tiempo, no conformaron un único pueblo.

Del Celtic de Glasgow al cómic

Los elementos distintitivos del arte celta, que acompaña a una idea identitaria alimentada a partir el siglo XVII y exaltada en la era victoriana, tienen una amplia influencia en la cultura popular, en la música, en las artes decorativas o el mundo del deporte, ilustrado en la muestra con la camiseta emblemática del Celtic de Glasgow, el equipo de fútbol escocés que reivindica las raíces de la inmigración irlandesa. Los ecos globales de su épica y sus leyendas son recogidos incluso por un cómic de manga coreano, expuesto para sorpresa del público más asiduo a la regia institución del British Museum…

 

Diferentes significados

Aunando las expresiones artísticas de un periodo tan dilatado, que además extiende sus dimensiones geográficas desde la costa atlántica hasta el Mar Negro, el museo propone un recorrido histórico por los diferentes significados que ha acuñado el propio término “celta”. Partiendo de la designación keltoi, que en la antigua Grecia se destinaba en grueso a los bárbaros del norte ajenos a la civilización mediterránea, y desembocando hace sólo tres siglos en la concepción romántica de una cultura e identidad celta que en estas islas se identifica hoy con el desmarque distintivo principalmente de galeses, escoceses e irlandeses.

La enorme estatua en arenisca de un guerrero con dos milenios y medio de historia, hallada en el sudoeste de Alemania, es una de las piezas estelares de entre dos centenares y medio de objetos expuestos, que incluyen tesoros rescatados de las profundidades del Támesis, como un casco con cuernos de la Edad de Hierro, piezas de bronce con decoraciones circulares o una exquisita colección de tiras en oro y forma de espiral. Estas últimas filigranas decorativas, desenterradas en Escocia y en Francia, atestiguan la destreza a la hora de encarar los metales de una artesanía que floreció entre los pobladores de aldeas y colinas al norte y oeste de los Alpes, no en torno a ciudades.

El Museo Británico ha sumado a sus propios fondos los préstamos de una decena de instituciones europeas, algunos especialmente valiosos como la magnífica caldera ritual de Gundestrup forjada en plata (siglo I A.C.) y con escenas grabadas de héroes y dioses. Localizada en una turbera de Dinamarca, ilustra las influencias absorbidas de otros territorios lejanos, también la de invasores como los romanos que, si bien dejaron su huella, al tiempo fomentaron la reafirmación de una expresión artística propia. Las conexiones entre comunidades dispersas acabaron convergiendo en una familia compartida de estilos artísticos, en esos diseños definidos por una abstracción alejada de los cánones naturalistas, el simbolismo y el gusto por la geometría.

 

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