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CRÍTICA | REINA Y PATRIA

El tiempo del ejército

Un fotograma de 'Reina y patria'. Ampliar foto
Un fotograma de 'Reina y patria'.

En Vida y muerte del coronel Blimp, obra maestra de Michael Powell y Emeric Pressburger del año 1943, el coronel protagonista, sorprendentemente, se llama Clive Candy. De hecho, nadie en la historia se apellida Blimp, lo que siempre choca cuando se ve por vez primera la película. Semejante genialidad a la hora de titular aludía en realidad a un término calificativo de la época con el que se definía a militares anclados en métodos del pasado y grandes defensores de las colonias; peyorativa categoría militar, casi un insulto, a la que también parece estar dedicada Reina y patria, última película del octogenario John Boorman, aunque ésta esté ambientada una década después del final de Blimp, y otorgue menos cariño hacia sus criaturas que el impuesto por los arqueros Powell y Pressburger, que sencillamente presentaban unos nostálgicos antihéroes incapaces de sentirse partícipes del tiempo que les había tocado vivir. Boorman, en cambio, y a pesar de que ambos relatos acaben coincidiendo también en ser aparentes películas de guerra que en realidad esconden una oda a la amistad y al amor perdido, los destroza.

REINA Y PATRIA

Dirección: John Boorman.

Intérpretes: Callum Turner, Caleb Landry Jones, David Thewlis, Richard E. Grant, Vanessa Kirby.

Género: melodrama. R U, 2014.

Duración: 114 minutos

Continuación de Esperanza y gloria, exitosa producción autobiográfica de Boorman de 1987, finalista en los Oscar de aquel año, bonita pero con un agudo proceso de envejecimiento en sus formas, Reina y Patria presenta a aquel niño protagonista como un joven en edad militar. Y ahí, en sus años de reclutamiento, a esos Blimps que en tiempos de amenaza nuclear siguen anquilosados en risibles códigos de conducta, capaces de castigar a alguien por su "mutismo insolente", o de aplicar un consejo de guerra a los ladrones de un reloj. El tiempo, como absurda metáfora. Una película más académica que clásica, de sólido empaque narrativo, de viejo zorro que sabe contar un relato, pero de una pulcritud un tanto acartonada. El tiempo, de nuevo.

"Nuestro país está jodido con vosotros", clama la vieja generación. "Su país, señor, no el nuestro", escupe la nueva. Y así, hasta conformar un melodrama romántico en tiempos de Guerra Fría, y caliente, pues Corea estaba por ahí, con el que se demuestra que, a pesar de todo, en el Reino Unido hay cosas que tardan en cambiar: en su desarrollo los protagonistas celebran la llegada al trono de la reina Isabel. Pues eso, el tiempo.

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