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CRÍTICA | EL CARTERO DE LAS NOCHES BLANCAS

Redescubriendo las esencias

La nueva película de Konchalovsky tiene tantos momentos notables como irrelevantes

Fotograma de 'El cartero de las noches blancas'.
Fotograma de 'El cartero de las noches blancas'.

Andrei Konchalovsky llevaba cuatro años sin dirigir tras el estreno de la aparatosa El Cascanueces 3D (2010), película infantil que parecía más concebida para inducir tremendas pesadillas que balsámicos sueños.

EL CARTERO DE LAS NOCHES BLANCAS

Dirección: Andrei Konchalovsky.

Intérpretes: Aleksey Tryapitsyn, Irina Ermolova, Timur Bondarenko, Viktor Kolabkov, Viktor Berezin, Nikolai Kapustin, Yuriy Panfilov, Sergey Yurev.

Género: Drama.

Rusia, 2014.

Duración: 90 minutos.

En su nuevo trabajo, El cartero de las noches blancas, no solo hay un radical cambio de tercio, sino también algo parecido a un acto de contrición: “Durante todo este tiempo he vivido en la incertidumbre de saber si realmente había comprendido la esencia del cine”, escribe el cineasta en sus notas sobre la película.

Las estrategias del neorrealismo han sido la respuesta a sus desvelos: usar a los habitantes de un aislado pueblo del norte de Rusia para que se encarnen a sí mismos en un retrato de la supervivencia cotidiana, a la sombra del sueño (erosionado) de la carrera espacial soviética. Es una película con tantos momentos notables como irrelevantes y el gesto de Konchalovsky se delata forzado.

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