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Roban un ‘rembrandt’ a los Philips, fundadores del imperio electrónico

El ladrón quiso vender el retrato del hijo del pintor al conserje de la finca de donde lo tomó

Autorretrato de un joven Rembrandt.
Autorretrato de un joven Rembrandt.

La policía holandesa lo ha desvelado ahora, pero el pasado año un robo de película perpetrado en el domicilio de la familia Philips —fundadora de la multinacional electrónica— se saldó con la pérdida de un cuadro de Rembrandt y de un reloj, valorados ambos en dos millones de euros. El asalto fue planeado con sumo cuidado porque los ladrones no fueron detectados por el sofisticado sistema de alarma instalado en Villa de Laak, en Eindhoven, ciudad natal de los Philips. Tampoco pudo verse a tiempo el agujero abierto en la verja de hierro que protege el recinto. Solo cuando un desconocido de 50 años le ofreció el botín al conserje, pudo ser detenido como sospechoso.

Este sujeto comparecerá la próxima semana ante los jueces. Debe aclarar su participación en el asalto y, tal vez, desvelar el paradero de las piezas sustraídas. Ambas siguen desaparecidas.

"No es que lo hayamos mantenido en secreto. La norma es no decir nada de los robos ocurridos en domicilios particulares", ha asegurado la policía local. "Tenemos gran curiosidad por averiguar algo más de lo ocurrido", ha añadido la fiscalía, que interrogará al detenido, un tipo que acudió el pasado octubre a la villa para mostrar fotos y un DVD con las piezas sustraídas. La policía pudo detenerle entonces. Se le acusa de intento de venta de objetos robados. Es decir, de ejercer de intermediario, "pero no de robar", subraya su abogado.

El reloj es una pieza única, pero quizá podría venderse en el mercado negro de obras de arte. El rembrandt es otra cosa. Los marchantes holandeses lo califican de imposible de colocar porque el gremio en pleno lo rechazaría. "Es una tontería pensar que los ladrones puedan desprenderse del retrato. Obras de esta categoría suelen estar catalogadas y las casas de subastas no se atreverían a ofrecerlas", según sus portavoces.

Villa de Laak es un lugar especial para la familia Philips. Convertida hoy en monumento nacional, ya no viven allí. Se usa para recibir a jefes de Estado, miembros de la realeza y otros huéspedes ilustres. En su día, sin embargo, fue el hogar de Anton Philips, patriarca de la firma, y luego de su hijo Frits. Cuenta con un bello jardín perfectamente cuidado. El inmueble también está impecable tras una reciente restauración. Nadie se explica cómo ha podido perpetrarse un robo de estas características.