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Las ventas de música digital superan a la física por primera vez en España

Los ingresos por el 'streaming' aumentan en un 40% respecto al primer semestre de 2014

Un ordenador, una tableta y un móvil, conectados a Spotify.
Un ordenador, una tableta y un móvil, conectados a Spotify.

Para la música, streaming significa esperanza. Y, desde ayer, más aún. Por primera vez en España, como ya ocurrió a escala mundial, en el primer semestre de 2015 las ventas de música digital superaron a las del formato físico —38 millones de euros frente a 32,5— según un informe de Promusicae, la patronal de las discográficas. El cambio se debe sobre todo al streaming, ya que sus ingresos aumentaron en un 40% respecto al mismo periodo de 2014 y suponen más del 80% de las ganancias del mercado digital.

“El cambio de modelo es imparable”, resume Antonio Guisasola, presidente de Promusicae, algo que cuenta con cierta unanimidad en el mundillo. “Era lo que demandaba la gente”, añade Leo Nascimento, director en España de Deezer. De hecho, el streaming (sistema que permite reproducir un archivo online sin necesidad de descargarlo) se queda al borde de ser la principal fuente de ingresos de la industria en España: facturó en los últimos seis meses 30,6 millones, uno menos que CD y vinilos.

Al fin y al cabo, los ingresos del mercado digital y, sobre todo, del streaming subieron en los últimos años a la vez que las entradas por las ventas físicas retrocedían. El sorpasso era cuestión de tiempo. “Mucha gente ha pasado de la piratería al streaming y cada vez el crecimiento es mayor”, dice Miguel Bañón, responsable de comunicación de Spotify para el Sur de Europa. “En algún momento el formato físico se va a quedar como sector de nicho, para cierto tipo de público que quiera poseer el CD”, agrega Guisasola. El formato favorito del streaming también refleja el cambio. La música de hoy se escucha en el móvil, como hace la mayoría de los usuarios de Spotify y el 70% de los de Deezer.

Las dudas del modelo

Hasta aquí consensos y certezas. Porque una mirada más profunda muestra los matices detrás de las sonrisas. Ante todo, músicos como Jay-Z o Radiohead denuncian que el streaming castiga a los creadores con ganancias ínfimas. “Cambia el modelo y, al final, el músico es el pringao”, resumía a este periódico hace unas semanas Santi Balmes, de Love of Lesbian.

Incierta es también la rentabilidad de estos servicios. El líder del mercado, Spotify, —con 60 millones de usuarios, 15 de pago— registró en 2014 alegrías y lágrimas: sus ingresos aumentaron hasta 1.080 millones de euros, pero la empresa tuvo pérdidas netas por 162 millones, según publicó The Guardian. Nascimento no detalla las cuentas de Deezer, aunque relata que su compañía empieza a recuperar la “gran inversión” de los últimos años y que apuesta sobre todo por los usuarios de pago, seis de sus 16 millones de clientes.

Además, el éxito del modelo ha multiplicado el hambre por una tarta cada vez más amplia: de ahí que nacieran Tidal o la reciente Apple Music. La apuesta de Apple por el streaming certifica el ocaso de iTunes y del modelo de descarga directa de canciones, que hace apenas unos años la industria consideró como su salvación y que ahora en España ingresa 6,8 millones de euros: un 3,7 % menos que en 2014.

Más en general, el mercado discográfico español saca un balance positivo del comienzo de 2015: logró ingresos por 70.619.870 euros, con un incremento cercano al 11% respecto a 2014. Se consolida así la lenta recuperación de la industria, que ya repuntó el año pasado, tras una sangría que continuaba desde 2001. Entre ese año y 2014, la venta de música cayó más de un 80%. En realidad, en 2015 la caída continúa para todos los formatos. Excepto uno: el streaming.

El sector musical es quizás el que más refleja un cambio que se reproduce de forma parecida en otros sectores. El streaming de películas en Europa, por ejemplo, multiplicó por 10 sus ingresos entre 2009 y 2013, según el último Informe Anual del Observatorio Audiovisual Europeo

A la caza de un reparto justo para todos

La industria considera el streaming como la fórmula áurea para el futuro. Sin embargo, muchos músicos no lo ven tan claro. Artistas como Taylor Swift, Coldplay o Jack White sostienen que son los únicos que no comen de este pastel. Denuncian ingresos escasos y un porcentaje de lo que les toca cercano al 10%, idéntico al del formato físico. Por eso Jay-Z lanzó, junto con otras estrellas del sector, el servicio de streaming Tidal, que busca premiar más a los artistas y menos a los intermediarios.

Spotify responde que destina “un 70% de los ingresos a las discográficas y luego son ellas las que lo distribuyen a sus artistas”, según el portavoz de la compañía en el Sur de Europa, Miguel Bañón. Y Leo Nascimento, de Deezer, aumenta ese porcentaje hasta el 80%. Básicamente los portales consideran la pelea un asunto interno entre discográficas y creadores. Y Nascimento subraya también las ventajas del streaming en términos de big data: “Un artista obtiene informaciones como qué sencillo le conviene sacar o en qué ciudad se escuchan más sus temas ante una gira”.

“Lo que se paga es lo que está acordado por contrato. Aunque varios músicos están modificando sus acuerdos y ya tienen royalties en torno al 17%. Hay que revisar las cosas, pero en el streaming la ventana de tiempo es mucho más amplia”, responde Antonio Guisasola, de Promusicae. A su modo de ver, el formato físico solía agotar su tirón en unos dos meses, mientras que el streaming dejaría a una misma canción o disco mucho más tiempo para llegar a los oyentes.

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