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CRÍTICA | SÓLO QUÍMICA

Piscina sin agua

Al director no le importa ser cursi ni grueso, porque está convencido de que eso es lo que demanda su potencial público

Un fotograma de 'Sólo química'. Ampliar foto
Un fotograma de 'Sólo química'.

Cuando hace unos tres meses se estrenó la película hispano-argentina Sexo fácil, películas tristes se demostró lo difícil que resulta aportar algo nuevo hoy en día en el terreno de la comedia romántica. Conscientes de ello, sus responsables acudían en su composición a un interesante juego metalingüístico que le ayudaba a romper con el estereotipo agarrándose a él, y acabar articulando lo de siempre pero de otro modo en materia de tono y personajes.

SÓLO QUÍMICA

Dirección: Alfonso Albacete.

Intérpretes: Ana Fernández, Alejo Sauras, Rodrigo Guirao, José Coronado, María Esteve.

Género: comedia romántica. España, 2015.

Duración: 110 minutos

Viene a la cabeza el recurso de aquélla porque a Sólo química, nueva película de Alfonso Albacete, no le hace falta disimular: se tira en plancha a la piscina, desgraciadamente sin agua, con el valor de a quien no le importa ser cursi ni grueso, porque está convencido de que eso, precisamente eso, es lo que demanda su potencial público. Con Mentiras y gordas (2009), el anterior trabajo de Albacete, codirigido con David Menkes, la apuesta fue redonda. Pero Mentiras y gordas era sensacional comparada con Sólo química.

La película, a la que se le podría poner un falso celofán de credibilidad diciendo que es una reflexión sobre la naturaleza del amor, contiene bailes de musical y hasta una persecución a lo Matrix (¡por una librería!... y en la que su protagonista hojea un libro de Lucía Etxevarria), durante la cual rezas desde la butaca para que sea un sueño o un guiño autoparódico. No hay miedo. Ni siquiera a mezclar el boxeo como vitamina para las dificultades sociales con un piso de estudiantes pijos; las estrellas de la televisión argentinas con el musical petardo, y hasta una trama con un cáncer de mama. En barrena. De modo que lo mejor quizá sea una canción del grupo murciano Second, Nueva sensación, que se pega como el chicle que debería ser la película y que nunca es. Porque sólo es china en el zapato.

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