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Piso de vampiros a compartir

La comedia ‘Lo que hacemos en las sombras’ retrata en un falso documental la hilarante y dura vida de cuatro chupasangres centenarios en el siglo XXI

Lo que hacemos en las Sombras
Taika Waititi, coguionista, codirector y actor, en una imagen de 'Lo que hacemos en las sombras'.

Los vampiros son como nosotros. Sí, de acuerdo, viven cientos de años y beben la sangre de sus víctimas. Pero, por lo demás, padecen nuestros mismos problemas. Comparten piso con compañeros que no friegan sus platos, no saben qué ponerse para salir por la noche ni mucho menos entienden las nuevas tecnologías. Al fin y al cabo hay que comprenderlos: nacieron hace siglos. Para contar su cotidianeidad, un equipo televisivo se introdujo con cámaras en el día a día de Viago, Deacon, Vladislav y Petyr, cuatro amigos que comparten un apartamento en Wellington y la pasión por la sangre ajena. El resultado de tan delirante planteamiento es Lo que hacemos en las sombras, etiquetada por The Guardian como mejor comedia del año y que se estrena hoy en España, un estupendo mockumentary (filme de ficción rodado como si fuera un documental).

“De pequeño, estaba obsesionado con los vampiros, así que fuimos muy respetuosos con su mitología. No intentamos romper ninguna regla, sino llevarlos a la actualidad y tratar con honestidad el folclore y la tradición cinematográfica que los rodean", defendió Jemaine Clement, codirector junto con Taika Waititi, en el estreno. Lejos de la saga Crepúsculo, los cineastas revisaron Nosferatu, se inspiraron en el Drácula de Gary Oldman y en falsos documentales como This is Spinal Tap. Además, sus musas abarcaron desde los programas de History Channel hasta Gran Hermano.

 

Ocho años para el largo

En el fondo, Clement le debía mucho a la televisión: el dúo cómico musical Flight of the Concords, que compone junto con Bret McKenzie, acabó protagonizando una serie de HBO. Tanto él como Waititi, en todo caso, tenían experiencias en teatro, cine y pequeña pantalla, delante de la cámara y también detrás.

Ambos, sin embargo, arrastraban su gran proyecto, ya que la idea se les ocurrió hace 12 años. Convencidos de que era un tesoro, la custodiaron sin apenas comentarla. Llegaron a rodar un corto homónimo pero les costó otros ocho años dar a luz el largo, que se estrenó en Sundance en 2014. Hasta tuvieron que lanzar una campaña de crowdfunding para llevar el filme a Estados Unidos. Desde entonces, casi solo ha habido aplausos. Y risas, muchas risas.

“Escribimos un guion pero no lo entregábamos a los actores. Más bien lo describíamos, pero a menudo no les dábamos frases que decir, básicamente porque no las teníamos”, ha contado Clement. De ahí que buena parte de las secuencias sean fruto de la improvisación y la química entre los actores, amigos también en la vida real. En Lo que hacemos en las sombras hay bromas de lo más disparatadas, desde un paralelismo entre un sándwich y la virginidad, hasta una pelea callejera entre vampiros y hombres lobos. Lo absurdo reina en cada minuto.

 

El límite del humor

La película cuenta incluso con un apenado vampiro nazi, que añora los buenos tiempos del Führer. En tiempos de debates sobre los límites del humor, Clement ha reivindicado el derecho a mofarse de todo: “Los que no quieren que te rías de los nazis son los auténticos nazis. Si no hiciéramos bromas sobre ellos, habrían ganado, y no podemos permitirlo”.

Jemaine Clement le debe mucho a la televisión: el dúo cómico musical Flight of the Concords, que compone junto con Bret McKenzie, acabó protagonizando una serie de HBO

Mucho se rieron los protagonistas también durante el rodaje. Tanto que los directores mantuvieron la cámara encendida todo el tiempo. Por un lado, así no había manera de perderse una ocurrencia tan espontanea como genial. Por otro, claro, se encontraron con 130 horas de metraje. Tras un primer corte que solo incluía gags, y un segundo demasiado centrado en la historia, finalmente lograron condensar ambas almas de la comedia en 83 minutos.

También consiguieron, quizás, ampliar el mapa cinematográfico de su país. Porque últimamente Nueva Zelanda en la gran pantalla solo es sinónimo de Peter Jackson y de El Señor de los Anillos. En realidad, el cineasta colaboró en la producción de Lo que hacemos en las sombras, y los filmes hasta comparten un escenario: la colina donde Frodo se escondía de los Espectros del Anillo en el filme de Jackson. Aunque aquella era una historia fantástica de magos, hobbits y orcos. Esta, en cambio, es de coinquilinos vampiros: es decir, totalmente real.

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