Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
CINE ESPAÑOL: LOS CLÁSICOS

El orgullo y la capacidad creativa

Francisco Regueiro, de 81 años, empezó con ‘El buen amor’, en 1963, y desde entonces ha rodado tan solo diez películas

El director y pintor Francisco Regueiro.
El director y pintor Francisco Regueiro.

Se ha definido a Francisco Regueiro como “el emboscado del cine español”, quizás porque tiene más proyectos inéditos que películas realizadas. De hecho solo ha dirigido diez largometrajes desde que en 1963 hiciera su primera película, El buen amor, que compitió en el Festival de Cannes. Allí entusiasmó a Luis Buñuel, que admiró la manera en que Regueiro reflejaba la miseria moral de aquella España atada y bien atada entre lo religioso y lo castrense. “En Valladolid no había mas que conventos y cuarteles”, dice recordando la ciudad en que nació hace 81 años. Amador, su siguiente película, también fue presentada en Cannes tras haber superado tres prohibiciones íntegras de la censura española, escandalizada por ese asesino en serie que en realidad es una víctima de la represión religiosa y sexual. “Donde colocaras la cámara estaba la huella de Franco”, recuerda el autor. La censura fue implacable y la película quedó solo en un apunte (magnífico, eso sí) de lo que debería haber sido. Luego vinieron otros títulos, algunos memorables: Duerme, duerme, mi amor, Las bodas de Blanca o Carta de amor de un asesino, que el productor Elías Querejeta no estrenó jamás en salas (“Era un impostor”, recuerda Regueiro con cierta amargura, “y se murió sin que pudiera preguntarle por qué no se había estrenado; desde 1972 sólo se ha visto alguna vez en televisión”). Tuvo que esperar a que Franco desapareciera para encontrar la libertad que su obra necesitaba: Padre Nuestro, Diario de invierno, Madregilda… crónicas negras y surreales en las que capitanea un humor corrosivo que él llama “brutalidad descarada”. “Cuando se murió Franco hubo oportunidades y mis películas tuvieron mas éxito… Pero ahora nadie te llama… De todas formas como el exministro del cine, Wert, no me ha matado, es que voy a vivir para siempre…”.

 Regueiro dudaba entre ser pintor, escritor o cineasta mientras dibujaba caricaturas para El Norte de Castilla donde también colaboraba Delibes, y más tarde en La Codorniz, donde conoció a Gila, alguien a quien sigue admirando tanto que acaba de terminar un guion sobre él: “Es extraño que no hayamos hecho una película sobre Gila, sus monólogos sobre la guerra son deslumbrantes. ¿Tu sabes que le fusilaron y sobrevivió? Me fusilaron mal, decía. Es el mayor surrealista extraoficial. Entre los bretones y los buñueles se llevaría la palma… Una gran personalidad del siglo XX y de principios del XXI”.

A la vez trabaja en “una historia de amor entre hermanos con el trasfondo del 23-F, una de esas historias que escribes cuando tienes ya muchos años, cuando la tristeza no te ha matado aún y la melancolía te da un poco de fuerza para seguir. He escrito sobre las diecisiete horas del 23-F pero vistas desde fuera, desde la misantropía de un viejo novelista escritor”.

Y mientras escribe otros dos guiones más, uno de terror y otro sobre La Venus del espejo, de Velázquez, ha seguido pintando: doscientos y pico cuadros en los tres últimos años. “Para la de terror me firmaron un contrato diciendo que yo era el mejor director de Europa, pagaron el adelanto pero luego todo se ha ido difuminando y ya no pregunto más, es la humillación última, soy un castellano lleno de orgullo. De modo que para defenderme de todos ellos y no amargarme del todo tengo la suerte de pintar, he seguido con ello toda mi vida. Puede ser una jubilación agradable el seguir pintando… Pero ahora te piden dinero por exponer. Y yo me niego. Es una humillación más, cuando he vendido muchos cuadros. ¿De qué te ha servido tanto trabajo, tanto libro, tanto tiempo invertido?”.

 

Erótica española

Su piso está lleno de cuadros, ahora son geométricos, inquietantes, bellísimos. Mucho antes eran sobre formas de matar o sobre el erotismo religioso. “La erótica española es muy oscura, muy siniestra, muy dura. La de Francia es súper elegante, tanto que hay quien dice que eso es el amor”. Y de muchos libros, “que te agobian y angustian. Eres lo que los libros han querido que seas. A veces se avergüenzan de ti y oyes pedorretas de los putos libros. Son todo un historial para nuestra generación, los que robabas, los que leías a escondidas de la censura. Ahora lo que me apasiona más es la relectura, Scott Fitzgerald o Juan Benet, que como escritor estaba a la altura. Y ver películas de Howard Hawks, que son un chute de vitalidad. Hatari, Me siento rejuvenecer o Río Bravo, es apasionante, de una belleza imaginativa enorme, con esos diálogos tan simples y profundos a la vez… ¿Cine de ahora? Sí, claro, Haneke, Kieslowski…. Pero coges Los muertos de Hustony te sigues quedando pasmado”.

Y dice como si tal cosa a modo de resumen: “Dentro de las posibilidades que ha habido he hecho lo que me ha dado la gana, y lo digo con un punto de chulería y de satisfacción”.

Ahora Regueiro está embelesado con su nieta de año y medio, “es contagiosa su curiosidad y los descubrimientos que hace cada día, te transmite su emoción, es como una película diaria en programa doble, no sabía que fuera tan impactante esta relación. Resulta que al final, contar historias y querer a una persona son las dos cosas más grandes”.