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Cultura para la convivencia

La incapacidad de gestión de Bildu ha puesto en crisis la celebración de la Capital Europea de la Cultura en 2016

Elorza (PSE) y Juan Karlos Izagirre (Bildu), tras la designación de San Sebastián en 2011. Ampliar foto
Elorza (PSE) y Juan Karlos Izagirre (Bildu), tras la designación de San Sebastián en 2011.

Bildu ha cometido en sus cuatro años de gobierno notables errores en la gestión del proyecto Cultura para la Convivencia que mereció del Jurado internacional la concesión a San Sebastián de la Capitalidad Europea de la Cultura para el año 2016. Su incapacidad de gestión, ombliguismo y sectarismo han puesto en crisis la celebración del evento heredado.

Recuperar la ilusión perdida y las complicidades exigen recordar cuál era el sentido del proyecto.

Cuando nació en 2008 queríamos combatir una imagen de San Sebastián asociada a la violencia y el terror y poner en valor nuestra intensa vida cultural, la misma que sobrevivía en extraña coexistencia con el terrorismo. Queríamos implicar a la ciudadanía en un reto colectivo, un objetivo ambicioso con el que reforzar la exigencia del final del terrorismo y levantar olas de una nueva energía ciudadana para construir la paz.

Con esa intención propuse a la ciudad ganar un título acorde con su tradición y potencialidades culturales para aprender, a lo largo de la preparación y desarrollo del proyecto, a construir la convivencia en una sociedad herida por la pérdida de valores democráticos. Además, convenía para impulsar un modelo de creatividad cultural y redefinir el papel de los festivales internacionales donostiarras, superando la autocomplacencia. Era imprescindible que el relato y la épica de nuestro proyecto interesara y fuera de utilidad a otras ciudades con problemas de convivencia y cohesión social. De modo que aquel sueño de ser capital cultural europea buscaría el trabajo en red con ciudades europeas que atravesaran graves problemas de violencia o de tipo económico, social, medioambiental, migración, religioso, cultural o lingüístico. Buscábamos poder reflexionar con ellas sobre el papel de la educación y la cultura y contrastar propuestas de solución a las crisis existentes.

En un proceso de participación ciudadana aprobamos en 2009 el proyecto Cultura para la Convivencia. Defendíamos —y lo seguimos haciendo— que la violencia y el miedo, el sectarismo y el odio, la exclusión y la pobreza, el racismo y la xenofobia se combaten mejor con políticas de interculturalidad e inclusión social.

La candidatura tenía que hablar de la educación en valores, abrir la ciudad y el País Vasco a otras realidades y expresiones culturales, a otros pueblos bañados por el Atlántico de Norte a Sur.

Debería movilizar a la ciudadanía y empoderar a colectivos y organizaciones culturales para abordar la coproducción de actividades y proyectos en música, danza, teatro, literatura, deporte y exposiciones artísticas.

Los programas se vincularon al simbolismo de la mar, isla, faros, olas, arena, ríos y montes a lo largo de un territorio asentado en dos Estados, porque contábamos con la implicación de Bayona y Biarritz. La programación quería romper tabúes y se articulaba con el euskera, castellano y francés en un espacio transfronterizo para configurar la Eurociudad vasca como un modelo para Europa de Territorio plurinacional en convivencia.

San Sebastián tenía que ser, desde 2013, el centro de grandes foros ciudadanos y de expertos sobre temáticas contemporáneas como las causas de la crisis y el desempleo, el exilio de jóvenes, las nuevas migraciones, el ébola o la yihad. El Museo San Telmo de Ciudadanía acogería, además, la presentación de libros y el estreno de películas. Las actividades en 2016 darían oportunidades a la industria cultural y a proyectos de artistas jóvenes, permitiendo una mayor difusión de las diferentes expresiones de la cultura vasca en el espacio europeo. Bildu fue incapaz de liderar el proceso, de comunicar la razón de ser de la celebración y de buscar patrocinios. Por eso la ciudadanía le ha castigado. Pero con el cambio sustancial del escenario político en Gipuzkoa aún se puede soñar con hacer realidad aquellas intenciones y recuperar la energía ciudadana decisiva para construir la convivencia en libertad.

Odón Elorza fue alcalde de San Sebastián entre 1991 y 2011 e impulsor del proyecto de capitalidad cultural europea San Sebastián 2016. En la actualidad es diputado socialista por Gipuzkoa en el Congreso de los Diputados.

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