Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Venecia descubre al otro Pollock

Una gran retrospectiva muestra el talento de Charles, el hermano de Jackson Pollock

'Autorretrato de Charles Pollock', realizado en los años treinta.
'Autorretrato de Charles Pollock', realizado en los años treinta.

En 1929 Jackson Pollock era un joven rebelde, inquieto, infeliz; atravesaba una racha de desánimo e inseguridades creativas. Confesó en una carta sus penas a su hermano mayor, Charles: “La escuela me parece aburrida. Me inscribí en un curso de dibujo, y aunque el docente me incentiva, pienso que mis dibujos dan asco, son fríos, sin vida, ritmo o libertad (…)”. Para entonces, Charles tenía 27 y Jackson, 17. En otra misiva, Charles escribió: “Me hace feliz saber que te interesas en el arte. ¿Se trata de un interés general o de verdad piensas seriamente en la idea de convertirte en pintor?”.

Charles, artista talentoso, brillante, culto y sensible, apoyó a su hermano Jackson, cuya fama finalmente le oscurecería. Por primera vez, Charles ha dejado de ser el hermano fantasma en la retrospectiva más completa sobre su obra jamás realizada, en el museo Peggy Guggenheim de Venecia, comisariada por su director Philip Rylands. La muestra, abierta hasta el 14 de septiembre, reúne más de 100 obras, entre dibujos, retratos familiares y documentos inéditos llenos de vida, que narran el talento indiscutible de Charles, las peripecias económicas de la familia y el amor fraternal, a pesar de la fama de Jackson.

La familia Pollock —madre, padre y cinco hijos— vivió algunas décadas en Los Ángeles. El progenitor, LeRoy Pollock, se ganaba la vida como campesino, obrero o lavaplatos. La madre, Stella, era costurera, una mujer creativa y lectora voraz. Pese a las dificultades económicas, Stella y LeRoy inculcaron a los muchachos la pasión por el arte.

Tras la muerte fatal de Jackson el 11 de agosto 1956 —conducía bajo los efectos del acohol—, Charles, un marxista convencido, pasó el resto de su vida reflexionado sobre los factores que permitieron a Jackson entrar en la historia del arte, y que a él le excluyeron. Murió en París, en 1988, consciente de que no supo vender su arte.