El Quijote Kane

La fascinación del genial Orson Welles, que cumpliría hoy 100 años, por el personaje de Cervantes corrió en paralelo a la que sintió por su país

Orson Welles en un fotograma de la película que dirigió y protagonizó, 'Ciudadano Kane'.
Orson Welles en un fotograma de la película que dirigió y protagonizó, 'Ciudadano Kane'.

1. Sevilla, 1932. Son el lugar y fecha de la primera y breve estancia de Welles en nuestro país. Tiene 17 años y huye de Harvard. En la capital andaluza, según él, debuta como torero: un poco drástico, para evitar las aulas. En 1938 graba la locución del documental Tierra de España, de Joris Ivens. Pero a Hemingway no le gusta y la desestima, leyendo él su propio texto. Entre sus imágenes, una edición antigua del Quijote y las esculturas de sus dos protagonistas en el monumento madrileño dedicado a Cervantes. Junto a ellos, un cañón dispara contra las posiciones franquistas.

2. Si aquello fue la felicidad… En 1943 se casa con Rita Hayworth. Hija de un bailarín sevillano, le evoca aquella España juvenil. El éxito de Gilda (1946) los desborda y, tras dirigirla Welles en La dama de Shanghai, el público nunca le perdonará el ultraje de convertir a su ídolo en una mantis religiosa. Tampoco las cosas van bien entre ambos. Rita constata que su marido parece ser el único heterosexual en Occidente sin interés en acostarse con ella. Se divorcian en 1948. Cuando le dice que ha sido la etapa más feliz de su vida, él comenta: “Si aquello fue la felicidad, hay que imaginarse el resto”.

3. El cineasta errante. A finales de los años cuarenta empieza su primer exilio europeo, que le trae a España para rodar Mister Arkadin (1955). De ahí saldrán las pruebas iniciales de su Quijote. Sancho es Akim Tamiroff. En cuanto al caballero andante, tras tantear a Charlton Heston, asigna el papel a Francisco Reiguera. Con ambos empieza a filmar en México para un programa televisivo de Frank Sinatra, inacabado. Lo retoma como película autónoma durante los años sesenta, financiándolo con trabajos alimenticios como la serie Viaje a la tierra de don Quijote, para la televisión italiana. Después de Campanadas a medianoche (1965) se plantea pedir la nacionalidad española y trabajar aquí con una productora estable.

4. Historias inmortales. Nuestro país se convierte en escenario habitual de sus películas. Una historia inmortal (1968) la filma en su casa de Aravaca, en Chinchón y en Pedraza, transformadas en Macao. Parte de Fraude (1973) transcurre en Ibiza. De tanto en tanto, muertos ya los dos protagonistas de su Quijote, monta y remonta las imágenes, doblando él mismo a todos los personajes. Pero no se llama a engaño: aquella España que le cautivó —anclada en el arado romano y las miradas sin malear de la gente en las fotografías de sus compatriotas Eugene Smith o Inge Morath— pertenece ya al pasado. El tiempo, el proyecto y el país se le escurren entre los dedos.

5. Pavesas y cenizas. El 6 de mayo de 1985, en Hollywood, Steven Spielberg le ofrece una fiesta sorpresa. Orson acaba de cumplir 70 años y ese será su último aniversario. Muere medio año después, de un ataque al corazón, solo, mientras trabaja en su máquina de escribir. En ella, en los cajones, en laboratorios dispersos por medio mundo yacen sus proyectos inconclusos. Como El otro lado del viento, inicialmente una historia de toreros y rivalidades masculinas que termina derivando hacia un epitafio del viejo cine. Quizá el suyo propio. Las cenizas de Welles descansan hoy en la finca de Ronda de su amigo el torero Antonio Ordóñez.

Vídeo del canal TCM, con la opinión de 10 fotógrafos sobre el trabajo de Welles.
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