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La quietud fascinada de Edward Weston y Tina Modotti

El romance entre el estadounidense y la italiana dejó una potente huella fotográfica sobre la que se detiene una exposición en México

'Canana, hoy y guitarra' (1928), obra de Tina Modotti Ver fotogalería
'Canana, hoy y guitarra' (1928), obra de Tina Modotti

La muestra Fascinación Modotti-Weston da cuenta de una historia que puede ser planteada de muchas maneras: como la historia de un famoso amorío, pero también la de un maestro y su discípula, la de un fotógrafo y su musa, la de unos viajeros o, mejor aún, la de una búsqueda artística compartida.

En otras palabras, como el título apunta, lo que ahí vemos es la historia de una fascinación: la que sentían uno por el otro, la fascinación por un lugar –en este caso, México–, y, para fortuna de todos, la que les despertaba a ambos la fotografía. De lo primero no hay mucho que decir: Edward Weston era, para inicios de los años veinte, un fotógrafo medianamente reconocido, con un estudio propio, desde el cual producía los retratos que le daban para comer (pero que, como corresponde a un fotógrafo fuera de serie, iban mucho más lejos que unos simples retratos por encargo). También era un artista ocupado en encontrar un vocabulario propio, distinto del estilo que dominaba la fotografía de la época. Tina Modotti, diez años más joven, era una actriz de cine mudo que, por azares del destino, se volvió, primero, modelo de Weston, después su alumna, luego su asistente y, finalmente, su amante. Juntos, decidieron abandonar California –y dejar de paso allí a la mujer e hijos de Weston– para probar suerte en México. El affaire terminaría a los cuatro años; Weston volvería a Estados Unidos y Modotti comenzaría su periplo como militante comunista que la llevaría, poco después, a abandonar la fotografía. Weston, en cambio, seguiría produciendo fotos hasta casi el final de su vida.

'Cabeza de una chica italiana' (1921), Edward Weston. ver fotogalería
'Cabeza de una chica italiana' (1921), Edward Weston.

Pero el asunto central en esta historia es lo otro: el audaz planteamiento fotográfico al que llegaron en México, y con el que finalmente lograron apartarse del estilo pictorialista y desarrollar un nuevo lenguaje al que dieron el nombre de fotografía directa. Más que un estilo, una manera de fotografiar que rehuía, en palabras del propio Weston, el "impresionismo anémico que da más importancia a lo que se nota casualmente que a aquello que se sabe positivamente". Esto es: fotografías que ya no intentan parecer pinturas sino que se concentran en retratar las cosas tal como son, "sin subterfugios ni evasivas". Fotografías, pues, que comenzaron finalmente a comportarse como verdaderas fotografías.

Lo que Modotti y Weston buscaban era registrar la quintaesencia de las cosas, en lugar de "un aspecto superficial o pasajero", y para lograrlo se dispusieron a retratar los objetos ordinarios, como un retrete, una cebolla o un caracol. Desaparecieron entonces las escenas de grupo, los paisajes, los retratos, propiamente –aunque no las formas humanas–, y en su lugar llegó una suerte de abstracción que vino de la mano de unas naturalezas muertas (más bien, unas "vidas quietas", como les dicen los anglosajones) vistas tan de cerca que lo que resalta no es tanto el objeto como los valores puramente fotográficos (la amplísima gama tonal, el grano, el foco). La idea era jugar con las formas, detenerlas antes de que se tornaran incomprensibles y volverlas sujetos de la más detallada inspección fotográfica.En esos años, a Weston y a Modotti les pasó un poco lo que a Braque y a Picasso, pues casi costaba trabajo decir quién había tomado cuál foto.

Lo que buscaban era registrar la quintaesencia de las cosas, en lugar de "un aspecto superficial o pasajero"

Lo que puede verse en esta exposición, a pesar de que muy pocas de las impresiones son realmente de época, y que muchas tienen la calidad de un deslucido facsimilar, es cómo fueron llegando juntos a conclusiones novedosas y sin duda rompedoras. Después habrían de separarse y los caminos fotográficos de cada uno también se alejarían. A Modotti la fotografía empezó a servirle para hablar de asuntos que le importaban y, así, sus imágenes fueron adquiriendo un cariz político, de denuncia (como la célebre toma de los obreros marchando). Y en cambio Weston siguió inmerso en una búsqueda que nunca traspasó los límites de la fotografía –y quizá por eso fue un mejor fotógrafo que ella. Como sea, esos años compartidos valen sin duda una gran exposición.

Fascinación Modotti-Weston. Comisariada por Sylvia Navarrete. Museo de Arte Moderno, Ciudad de México. Hasta el 3 de mayo de 2015.

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