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CRÍTICA | LA CIUDAD OSCURA

Armada, le esperan en el Congreso

La obra de Rojano es un 'thriller' político y una metaficción sobre la creación literaria

Los actores Paco Lahoz, Ana Otero y Mario Tardón en 'La ciudad oscura'.
Los actores Paco Lahoz, Ana Otero y Mario Tardón en 'La ciudad oscura'.

Un thriller político escrito al hilo de las próximas elecciones legislativas, pero también una ficción sobre como se va fraguando la intriga de una obra en la mente de su autor. En La ciudad oscura, investigando la extraña muerte de un jockey, dos inspectores descubren una conspiración para reimplantar en España un régimen autoritario, peripecias ambas interrumpidas a cada rato por el diálogo que sobre el proceso de creación mantienen en paralelo los personajes del Autor y de su hija Dakota. Teatro, pues, dentro del teatro, metaficción a raudales, cuya autoconsciencia Paco Montes, su director, pone de relieve desde la segunda escena, cuando el Autor se dirige al público en vez de a Dakota, a una de cuyas comprometidas preguntas está intentando dar respuesta.

La ciudad oscura

Autor: Antonio Rojano. Intérpretes Pilar Gómez, Mario Tardón, Paco Lahoz… Dirección: Paco Montes. Madrid. Teatro María Guerrero, hasta el 29 de marzo.

Antonio Rojano, el autor de verdad, superpone las dos ficciones, cuyo desarrollo consume un tiempo parejo a pesar de que es mucho más interesante la que protagonizan el inspector Nieto y la inspectora Vega, cuyos intérpretes, Mario Tardón y Ana Otero, se llevan al agua el gato de la función. La Otero, que al principio expresa demasiado al pie de la letra la rigidez y la frialdad de su personaje, va luego modulando con encanto la ola de emociones reprimidas sobre la que surfea. Y Tardón es un Jano muy conseguido, con un perfil amable y otro sorprendentemente revirado. Lástima que el Autor y Dakota interrumpan a menudo la investigación de esta pareja sobrevenida con observaciones, preguntas, reproches y digresiones varias, en un ejercicio brechtiano (y de narcisismo literario: de nuevo el arte invitándonos a entrar en su cocina) sugerente, pero del que tenemos ya cierta sobredosis, aunque Rojano va un paso más allá y hace converger certeramente la personalidad del Autor con la de sus criaturas y la realidad de unas elecciones ante las que los accionistas mayoritarios de las multinacionales temen la victoria de una candidatura pro reparto de la riqueza con la ficción de que las fuerzas oscuras a las que alude el título intenten dar un golpe de mano.

Montes obtiene un resultado óptimo con una producción mínima y con la presencia escénica formidable de Fernando Soto (el Autor) y Paco Lahoz (en el papel de hijo de Alfred Rosenberg, ideólogo nazi), el tintineo de la encantadora Dakota de Irene Ruiz y la versatilidad de Pilar Gómez, comodín del espectáculo.